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ABC JUEVES 13 10 2005 Opinión 7 Cajas. Porque hemos de reconocer que efectivamente algo de ello hay. Y para muestra, el botón de la última reforma operada en esta materia por el gobierno del Partido Popular, limitando al 50 por ciento la representación política en los órganos de gobierno de las Cajas de Ahorros. Se reguló con medias tintas y, como no podía ser de otra forma, el tiempo ha demostrado que las medias tintas en materia legislativa no son buenas. Y de aquellos lodos, estos polvos. Y si no, atiendan a la proyectada reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, que reserva a la Generalitat de Cataluña la competencia en materia de Cajas de Ahorros con domicilio social en Cataluña, con carácter exclusivo en materias tales como determinación y representación de intereses sociales en sus órganos de gobierno o sobre emisión de cuotas participativas en tanto que instrumento de privatización de la entidad y compartido en cuanto a disciplina, inspección y sanción de las Cajas. Circunstancias todas ellas que pocos, por no decir ninguno, parecían haber advertido hasta que don Mariano Rajoy tuvo a bien prevenir a don Ricardo Fornesa, en casa del último, de las graves consecuencias que podrían derivarse para la entidad que preside. LA ESPUMA DE LOS DÍAS EL CHIVO EXPIATORIO AY una fecha clave en el calendario político reciente que deberían recordar quienes, en estas horas posteriores al gran desaguisado, comienzan a preparar la máquina de echar balones fuera, más conocida por el nombre familiar de la culpa de todo la tiene el PP Cuando aún no se han disipado los ecos de la visible consternación que el pretencioso texto alumbrado por el Parlamento catalán ha suscitado en cualificados representantes de la izquierda política, en medios empresariales y sindicatos, así con en mayorías cualificadas de ciudadanos encuestados, hay sedicentes analistas que, desde la esfera mediática catalana, señalan ya al PP como responsable últiEDUARDO mo de lo que el trámite SAN MARTÍN parlamentario en el Congreso pueda deparar a la criatura. Pudiendo haber elegido entre la serenidad y la crispación, los populares se han decidido por esto último sentencian. Pero, si reprochan al PP la crispación, ¿a quién atribuyen la serenidad? ¿Constituye un ejercicio de serenidad política alumbrar un documento clarísimamente inconstitucional, a sabiendas de que lo es, para pasarle a los diputados de la carrera de san Jerónimo, a los españoles la patata caliente de enderezar lo que ellos no han sido capaces de negociar adecuadamente? Tampoco parece una manifestación de esa tan reclamada serenidad colocar a las Cortes ante un dilema envenenado: darle al Estatut la vuelta como un calcetín, frente al voto del 90 por ciento del Parlament, provocando así un conflicto de legitimidades completamente innecesario; o, por evitarlo, transigir con lo fundamental de un proyecto cuya aprobación marcaría el comienzo de una almoneda autonómica que haría inviable el propio Estado. El 14 de enero, después de una reunión en Moncloa del presidente del Gobierno con el jefe de la oposición, tanto Mariano Rajoy como la vicepresidenta Fernández de la Vega anunciaron la constitución de una comisión de los dos grandes partidos nacionales para tratar conjunta y lealmente los asuntos territoriales. Eran los malos tiempos de la aprobación en Vitoria del plan Ibarretxe, y Zapatero necesitaba aire. Pero el acuerdo, recibido con alivio por el moderantismo español, ese que según los expertos decide las elecciones, duró lo que ERC tardó en recordar al PSOE los términos de sus acuerdos en Cataluña: al PP, ni agua. Y entre pactar asuntos de estado de esa naturaleza con la otra mitad de España o con quienes se niegan a pronunciar siquiera su nombre en público, Zapatero optó por lo segundo. ¿Tiene la culpa el PP de esa pésima elección? No importa. Los oráculos del pensamiento dominante ya han dictado sentencia: un partido que representa apenas el 8 por ciento del Parlament, que ejerce de minoría apestada en el Congreso y que ha sido sistemáticamente proscrito habrá sido el culpable de que, llegado el caso, ninguna de las dos cámaras haya sido capaz de aprobar un estatuto presentable. Ejemplar. H CARLOS KILLIAN incluso sus inversiones empresariales, mientras que los bancos hace tiempo que empezaron a soltar este lastre industrial. Probablemente la situación cambie con los nuevos criterios de contabilidad. En todo caso, a diferencia de otros modelos bancarios como el americano, el modelo español así lo permite, reservando al Banco de España la supervisión y control de las consecuencias y riesgos de dicha participación industrial. En fin, intuyo que nada de lo anterior sería causa de un cisma si no fuera por dicho riesgo de politización de las Y todo sin olvidar el efecto expansivo, con evidente riesgo de fragmentación del sistema, que la aprobación de una normativa como la señalada tendría en otras Comunidades cuyos estatutos de autonomía incorporen normas como la ya famosa cláusula Camps por virtud de la cual la Comunidad Valenciana acrecienta su régimen competencial mediante la incorporación de aquellas competencias reconocidas a terceras Comunidades Autónomas y que no estuvieran reconocidas a la valenciana. Por ello, parece que deba ser la propia clase política, en un acto conjunto de humildad y reflexión, de forma serena, pausada y actuando sobre todo en interés del mercado y de la preservación de la propia finalidad para la que fueron concebidas las Cajas de Ahorros, la que debiera abordar de futuro la reducción de la representación de intereses políticos en los órganos de gobierno de estas entidades. Porque, si me permiten concluir con estas palabras, las Cajas de Ahorros están tan politizadas como nuestra clase política ha querido que estén. Por ello, en realidad no haría falta privatizar, bastaría con despolitizar. PALABRAS CRUZADAS ¿Sirven para algo las cumbres iberoamericanas? ME GUSTARÍA QUE SIRVIERAN ONFIESO mi escepticismo ante foros y conferencias internacionales de cualquier tipo. Son pocas las excepciones que confirman la regla de que poco caso se hace a las decisiones que se toman con grandes alharacas en ese tipo de reuniones, y por tanto mi entusiasmo por las cumbres iberoamericanas es perfectamente descriptible, aunque sigo con interés la de Salamanca por si hubiera un antes y un después del encuentro castellano. Nunca es malo cambiar impresiones y compartir inquietudes, sobre todo cuando hay lazos comunes, pero los países iberoamericanos, más España y Portugal, son demasiado distintos como para que las decisiones puedan ser asumidas por todos con el mismo afán. Nunca Fidel CasPILAR tro- -si viene- -aceptará las reglas de la CERNUDA democracia, nunca Chávez- -si viene- -aceptará dejar atrás la demagogia y el populismo; países cuyo principal problema es superar la miseria y desolación difícilmente trabajarán con ahínco en la defensa del medio ambiente, el control de la emigración o defensa de la lengua, y aquéllos que tratan de encontrar soluciones para su deuda externa difícilmente asumirán los criterios de los que piensan en las inversiones. Hace quince años que se celebran cumbres iberoamericanas y, seamos sinceros, de ninguna de ellas se puede decir que hayan salido resoluciones vitales para una Iberoamérica mejor. QUE SÍ, PILAR, QUE SÍ C A PENAS me cabe en la cabeza que mi querida vecina aquí al lado pueda discrepar de mí en esto: ¿cómo no va a ser útil una reunión en la que se encuentran los jefes de Estado y o Gobierno de una veintena de países? ¿Es que verse, almorzar juntos, planificar conjuntamente son hechos anodinos, prescindibles? No, querida Pilar: aunque ayer fuese tu santo, no te puedo dar la razón. Hoy tampoco. España es un referente- -tú, tan viajada, lo sabes bien- -en Iberoamérica, el primer inversor mundial en naciones que hablan nuestro idioma y se ríen con nuestros chistes. Mirarse las caras una vez al año no puede hacer daño. Ya sé que todo es mejorable, que poFERNANDO dían fabricarse más acuerdos, papeles JÁUREGUI que valgan de algo, menos blabla y más resultados tangibles que ayuden a las poblaciones latinoamericanas más deprimidas. Pero que estos encuentros se hayan repetido doce años seguidos, con las ausencias que usted quiera, es ya un éxito. Ver, entre otros, a Uribe con Chávez, con Lagos, con Kirchner y, cómo no, con Castro, y a todos ellos con nuestro Rey y el presidente del Gobierno de España, departiendo sobre cómo arreglar problemas comunes, a mí me justifica los gastos de la cumbre en Salamanca, centro del mundo desde hoy. ¿Y usted qué opina? 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