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6 Opinión JUEVES 13 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JUAN I. SANZ CABALLERO PROFESOR DE LA FACULTAD DE DERECHO DE ESADE ZAPATERO, EL REDENTOR OSEP Piqué, el ministro de Aznar que convirtió al PP de Cataluña en la última y más insignificante fuerza del Parlament, ha tenido un momento de lucidez y, al despertar de una de sus frecuentes ensoñaciones catalanistas, ha hecho uno de los diagnósticos más certeros de la enfermedad que afecta a José Luis Rodríguez Zapatero. Ha dicho, desde la siempre sabia soledad en que le ha puesto el brote de nacionalismo soberanista que sacude Cataluña, que el Estatut es mucho más que un texto polémico y se trata, básicamente, de una parte del proceso iniciado por el presidente del Gobierno para legitimar el régimen republicano como el auténticamente demoM. MARTÍN crático. Está bien visto y FERRAND conviene tomarlo en consideración para que, aunque el PP no consiga remediarlo, nos coja prevenidos y en forma. Según Piqué, a quien algo tiene que haberle enseñado su largo y enciclopédico recorrido político, tan lleno de escalas, mudanzas y contradicciones, Zapatero, pobrecito, entiende nuestra democracia como de baja calidad y, a partir de ahí, se cree la persona designada por la Historia para superar este periodo y abrir otro que engarce la legitimidad democrática no con el gran pacto constitucional del 78, sino con la auténtica legitimidad que él identifica con los vencidos de la Guerra Civil Es decir, que sobre anacrónico el presidente quiere ser redentor. Es una acusación dura y grave la de Piqué. Valiosa por venir de quien, embutido en el seny, ha evitado mojarse en ninguno de los estanques, muchos, que ha frecuentado en su carrera; pero por ahí va la perturbadora patología que tiene atrapado al sonriente secretario general del PSOE y tanto debilita su sentimiento de España. Desde ese diagnóstico se entienden mejor lo que de otro modo parecerían zigzagueos en su conducta y son, de hecho, una línea recta que trata de olvidar todos los logros de la Transición, entre ellos la renuncia que sus hoy correligionarios, como todas las fuerzas políticas, hicieron de sus dogmas y posturas para convertir en posible lo que entonces, tras un dictador que murió en la cama, parecía una quimera. Tampoco está mal visto señalar, dentro de este arrebato de lucidez que le ha dado al tantas veces ministro, que el espíritu que hoy representa Zapatero le niega al PP la legitimidad para poder representar a los españoles porque se considera que si ellos (los socialistas y adheridos) son los auténticos demócratas, nosotros (los del PP) somos herederos del franquismo ¿Tendrá cura una alucinación tan intensa como parece ésta que señala el presidente del PP en Cataluña? Quitándole a la denuncia la fatiga que pueda contener como consecuencia del desairado papel que los populares tienen que jugar en el Parlament, lo que dice Piqué sólo invita a gritar a viva voz: ¡que vengan los loqueros, es una emergencia nacional! J A VUELTAS CON LAS CAJAS El autor analiza el contexto real en que se mueven las Cajas de Ahorros, sus retos pendientes y los problemas que les acechan, a la vez que defiende su persistencia siempre que vuelvan la vista a sus orígenes y se ponga coto a su politización I GUAL que la economía tiene sus ciclos y que el Guadiana viene y va, la naturaleza de las Cajas de Ahorros constituye uno de los temas recurrentes, a la par que recurridos, del sistema financiero español. Y la opa de Gas Natural sobre Endesa representa la más reciente ocasión, que probablemente no la última, para el debate y la polémica en su derredor, debido particularmente a la involucración en la operación, de forma distinta pero ciertamente parecida, de las dos grandes Cajas de Ahorros españolas. Sus partidarios de siempre han justificado su existencia en la obra benéfico- social que desarrollan, al tiempo que sus detractores reconducían su crítica al solapamiento de funciones con el Estado del bienestar. Lo más probable es que ni a los unos ni a los otros les falte parte de razón. Que las Cajas de Ahorros pueden y deben seguir desarrollando funciones de carácter benéfico- social próximas a las del Estado, pudiendo llegar incluso a solaparse con las desarrolladas por éste, no justifica su desaparición, máxime cuando la actuación pública se muestra a todas luces insuficiente para resolver problemas como el de la desigualdad social. No obstante, mucho me temo que algunas Cajas de Ahorros parecen estar más preocupadas de la visibilidad de su obra social que de su contenido. Quizá debieran volver la vista a sus orígenes y centrar su preocupación en tareas de carácter efectivamente social, como la lucha contra las bolsas de pobreza que aún hoy existen en España. Lo cual, todo sea dicho, no debería suponerles ninguna novedad, pues esas finalidades y no otras son las que precisamente justifican su especificidad como fundaciones privadas de interés social. Además, y para justificar su privatización, también se dice que las Cajas están fuera del mercado, a diferencia de sus hermanos los bancos, lo cual, siendo esencialmente así, merece matizarse, cuando menos, desde un doble punto de vista, a saber: en primer lugar y con relación a la cuota de mercado crediticio que las Cajas mantienen en la actualidad, mucho me temo que en los últimos años son ellas las que más cerca del mercado han demostrado estar, como lo acreditan unas cuotas de penetración y unos niveles de rentabilidad crecientes en el tiempo. Y si ganan más cuota y más dinero es porque sus clientes soberanos se lo consienten. En segundo lugar, aun cuando no sean susceptibles de adquisición por terceros que quieran entrar en el mercado español, lo cual igualmente constituye un hecho sin discusión, no es menos cierto que nada impide a esos mismos terceros su entrada en el mercado bancario español y arañar a las Cajas sobre la arena el dominio que éstas ostentan en la actualidad. Finalmente, se achaca a las Cajas de Ahorros un férreo sometimiento a intereses políticos, lo que les convertiría en instrumentos de acumulación de influencia y poder económico al servicio gubernamental. Además, resulta paradójico que algunas prosigan e incrementen -Señor Zapatero: Premio a su ya clásica llamada felicitando a presidentes que usted se adelantó a darlos jubilosamente por derrotados.