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ABC MIÉRCOLES 12 10 2005 Nacional LA MARCHA NEGRA LOS DRAMÁTICOS TRASLADOS 15 En el desierto, en el bosque de Marruecos, en la patera... El teléfono móvil se ha convertido en herramienta indispensable del inmigrante clandestino Salvados por el móvil TEXTO: L. DE VEGA E. ESPECIAL LUIS DE VEGA DAJLA (SAHARA OCCIDENTAL) Cuando el gambiano Mohamed se rindió a las Fuerzas de Seguridad de Marruecos en el campamento de Beliones, en los alrededores de la valla de Ceuta, en la mañana del pasado 30 de septiembre, junto a medio centenar de camaradas, nunca imaginó cuál iba a ser su destino. Aplaudieron incluso al responsable de la Gendarmería de Tánger que dirigió la operación. Todos se veían ya con los pies en la frontera con Argelia en su desesperado intento por salir de los alrededores de una Ciudad autónoma cuyo boleto de entrada cada vez está más caro. Pero la vida de muchas vueltas y muy rápido. Mohamed seca ahora sus lágrimas en un campamento militar montado a unos cincuenta kilómetros de Guelmin, dos o tres horas al sur de Agadir. Tenemos la sensación de que nos mueven todo el rato para que nadie nos encuentre comenta. Las autoridades, según relata a través de su teléfono móvil, han instalado varias tiendas de campaña y hasta ellas habían llegado ya ayer los pasajeros de seis de los autobuses en los que el Gobierno de Marruecos traslada estos días a los emigrantes. Demandantes de asilo Pero no todos los que pasan horas y horas en estos vehículos llegando a viajar a los largo de más de 2.000 kilómetros, son clandestinos. Olvidándose de la legalidad internacional, Rabat, atropella también en su caza al negro como muchos se refieren a esta gran operación, a muchos demandantes de asilo con documentos de Naciones Unidas. Más de una decena han llegado en los últimos convoyes a la acampada de Guelmin, según SOS Racismo. Mohamed explicó a mediodía de ayer que los marroquíes les están suministrando agua, pero que en las últimas veinticuatro horas sólo había comido dos trozos de pan. Pido a mi familia o a cualquiera que pueda escucharme que busquen una solución a esto porque no podemos más Sentimos miedo porque no sabemos adónde vamos Hasta un antiguo cuartel de la Legión española en Dajla llegó también, tras un duro traslado de decenas de horas, uno de los heridos de bala de la avalancha sobre la valla de Ceuta. Abderramán Fadiga, de Guinea Conakry, estuvo varios días ingresado en un hospital de Tetuán custodiado por tres policías hasta que alguien consideró que ya se había recu- perado lo suficiente y dio con sus huesos en los siniestros autocares del desierto, como relata al otro lado del inalámbrico. Desde que Marruecos decidió castigar a cientos de emigrantes abandonándolos en un pedregal inhóspito cercano a la frontera con Argelia los teléfonos móviles, casi más que el agua y la comida, han sido la herramienta principal de los subsaharianos para intentar seguir vivos. A falta de enchufes y cargadores, unen varias pilas con cinta aislante y conectan un cable en cada extremo de esta especie de batería, de la que se va alimentando el aparato. Este es el método que emplean siempre en los bosques donde viven escondidos y el mismo que muchas veces les ha salvado de morir en el mar cuando tratan de llegar en patera a las costas de España. A mediados del pasado mes de julio zozobró una zodiac en las costas de Sidi Kankuch, cerca de Tánger. En el siniestro murieron seis mujeres y seis niños de corta edad. Entre los restos que dejaron las olas en la playa había una hilera de estas pilas con su correspondiente cable y varias páginas de pequeñas agendas llenas de teléfonos de contacto marroquíes y españoles. De esta forma los inmigrantes suelen estar en contacto con organizaciones de Derechos Humanos, periodistas y sus propios colegas, incluso los que ya han pasado al lado español. Mohamed el gambiano, en perfecto inglés, mantenía ayer su particular cordón umbilical con el mundo. Hasta que aguante la batería o el saldo en dirhams. Un inmigrante habla por un móvil alimentado con pilas a miles de kilómetros escapa a sus competencias. El coordinador de relaciones del Frente Polisario con la Minurso, Mohamed Hadad, dijo a este corresponsal que no nos ha llegado información de que vayan a expulsar a gente por la zona del muro de Tifariti o Bir Lahlú Estas áreas, al otro lado del muro levantado en los años ochenta durante la guerra del Sahara, ya han sido en ocasiones anteriores empleadas por Rabat para mandar fuera de sus dominios- -incluidos los ocupados de la ex LUIS DE VEGA colonia española- -a grupos de inmigrantes que deben ser atendidos por el Polisario y Naciones Unidas. Tememos- -añadió- -que los puedan echar por el sur, por la zona de Bir Ganduz Esta zona del Sahara Occidental tampoco ha escapado al drama de la inmigración clandestina. En 2003, el espacio considerado como tierra de nadie entre Marruecos y Mauritania se convirtió en cementerio improvisado para varios subsaharianos que no fueron atendidos por las autoridades de uno y otro lado.