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ABC MIÉRCOLES 12 10 2005 Opinión 7 lescentes a la elaboración de los grandes textos legislativos. Pero el Estatuto de Autonomía no es un compendio de tesis doctorales juveniles, sino una norma jurídica de alto rango que representa un importante papel en nuestro ordenamiento como imprescindible complemento de la Constitución para el debido funcionamiento del sistema de distribución de competencias entre el Estado y las Comunidades Autónomas. Ocurre que el Estatuto proyectado se rebela contra su misión institucionalde colaborar con la Constitución, y se dedica a establecer, con el aludido lujo ornamental, largas y detalladas listas de competencias de la Generalidad que equivalen a intrincadas redes de fortificaciones para impedir o dificultar el ejercicio de competencias estatales en Cataluña. Por otro lado, el desarrollo de ese enjambre de normas sobre competencias aumentaría de forma notable la complejidad del derecho autonómico catalán, y no sólo la de sus normas sustantivas, sino también la de sus procedimientos de aplicación. Piénsese, por ejemplo, en el nuevo procedimiento de tutela de derechos estatutarios, especie de recurso de amparo autonómico que difícilmente podría evitar convertirse en causa de interferencias y perturbacionesde los procesos ordinarios. Finalmente, los impulsos barrocos del proyecto de Estatuto se manifiestan también en la generosa creación de órganos, que parece ser el resultado de largas miradas narcisistas en el espejo del Estado. Así, la sala de garantías estatutarias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que se inspira parcialmente en el Tribunal Constitucional; o el Consejo de Justicia de Cataluña, cuyo modelo es el Consejo General del Poder Judicial. LA ESPUMA DE LOS DÍAS ESTATUT SIN SOSIEGO E la ardua polifonía desencadenada por la llegada del nuevo Estatut catalán a Madrid puede decirse que sus fracciones más estridentes eran tan previsibles como inevitables. Entramos en un prolongado período de confrontación, en ocasiones más abundante en mensajes negativos que en valoraciones aspirantes a la ecuanimidad. No es nada nuevo: eso nutre los instintos atávicos que dan contorno expresivo al centro emisor del Estatut como la capacidad reactiva que connota a sectores del núcleo receptor. De poco sirve aventurar que tales choques retóricos pudieran apaciguarse y encarnarse en formas más racionales de VALENTÍ argumentación política PUIG sin renuncia a convicción alguna: la verdad es que, en ese trayecto tan breve entre Barcelona y Madrid, un Estatut surgido de una suma de veleidades políticas y aprobado con cesiones inexplicables está generando en el conjunto de España la misma unanimidad en contra que los mayores cotas de audiencia televisiva en las noches del reality show Hace falta poco más para constatar que lo que aparentemente quiso expeditarse en el Parlamento autonómico catalán como un consenso casi universal sea en realidad un elemento rupturista. Dick Morris, el mejor estratega de Hill Clinton, en su libro El nuevo príncipe recalca que hoy en día un político no tan sólo necesita apoyo público para ganar las elecciones: también lo necesita para gobernar. Es por eso que, en el mejor de los casos, el liderato es una tensión dinámica entre la meta a la que un político cree que su país debe aspirar y la meta a la que sus electores desean llegar Para Zapatero, esa tensión dinámica ha alcanzado un punto de extrema intensidad: instante a instante, es muy difícil saber quién le sigue y quién le está perdiendo de vista. Como acción moral, como contribución al bien común, gobernar significa tener a buen recaudo los viejos demonios de la Historia. Zapatero dijo un buen día que iba a unir a España mejor de lo que estaba unida, más allá del consenso de 1978. Eso es más fácil de decir que de hacer ante quienes, más allá de las estrategias propias de partido, recelan de cambios significativos en el marco constitucional o de experimentos estatutarios que rebasan el logro autonomista y se trasladan al desencaje soberanista. Maragall tiene el incierto mérito de haber alumbrado un Estatut que al mismo tiempo es nacionalista y es de izquierdas. Lo más patente es que no contenta a la izquierda ni, como pronto se verá al derretirse el maquillaje de unidad de los partidos que lo votaron en Cataluña, a los nacionalistas. En estas circunstancias, apelar al sosiego de la moderación es casi como lavarse los pies con los calcetines puestos. D A todo lo anterior- -claroscuro histórico, infracción del sistema constitucional de competencias, complejidad perturbadoradel derecho catalán- -se viene a unir el ya indicado efecto de fragmentación del ordenamiento jurídico español, cuestión que merecería al menos otro artículo, pero que básicamente consiste en dos acciones complementarias: crear las condiciones para que el poder judicial en Cataluña vaya adquiriendo gradualmente un color local que lo acabe distinguiendo de su tronco de origen; y reducir las vías de acceso desde Cataluña al Tribunal Supremo hasta dejarlas en un hilo casi irrelevante. ¿Cómo saldremos de esta coyuntura? De momento, sólo me atrevo a una predicción: es tantísimo lo que hay que corregir en el proyecto de Estatuto, que en los próximos meses tendremos ocasión de acordarnos de lo que Kissinger decía al negociador de Vietnam del Norte, Le Duc Tho: admiro la capacidad que usted tiene de pasar de lo imposible a lo simplemente inaceptabley luego decir que ese paso constituye un gran progreso. muchos años de la sed constitucional de los nacionalistas refiriéndose a los entonces nuevos Estados de África y de Asia. Lafrase resulta aplicable al presentecaso, en el que la sed parece haber sido ciertamente abrasadora. Todos los anhelos, todos los quehaceres de una sociedad desfilan innumerables por el proyecto de Estatuto, expresados muchas veces con conceptos de moda en las ciencias sociales contemporáneas: las diversas modalidades de familia, la responsabilidad social de la empresa, el desarrollo sostenible, la cultura de la paz, la sociedad de la información, los corredores biológicos, las políticas de género, la policía integral... Esta lista de regalos deriva sin duda de un aplicado proceso de shopping around, de compras en las mejores tiendas de cada disciplina, proceso que, por lo demás, es también característico de las aproximaciones ado- PALABRAS CRUZADAS ¿Es responsable el Gobierno de la suerte de los africanos abandonados por Rabat? NO MÁS QUE EL RESTO DEL PLANETA L Gobierno no es más responsable que el resto del planeta, comenzando por las autoridades de los países de origen de estos subsaharianos que no firman los convenios de repatriación y acabando por la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles que apoyamos las expulsiones inmediatas. El Gobierno se ha limitado a aplicar la ley, a proteger la frontera y a aplicar el convenio firmado con Marruecos en su día. No hay soluciones intermedias en el problema de los asaltos de inmigrantes a nuestras fronteras. O se abren las fronteras o se cierran a cal y canto. O se abre la valla y absorbemos esta inmigración ilegal y toda la que vendrá después o asumimos las conEDURNE secuencias del cierre. Es decir, que todas URIARTE estas personas sigan malviviendo en Marruecos o vuelvan a la pobreza de sus países de origen. Las restricciones a la inmigración casan mal con la solidaridad, pero si las hemos decidido, dejémonos de hipocresías o de búsqueda de culpables artificiales. El Gobierno debe pedir un trato digno para todos los subsaharianos a Marruecos y colaboración en la repatriación a los países de origen de todos estos desesperados. Pero sabemos cuáles serán los resultados, tan escasos como hasta ahora. La política internacional y la sacrosanta soberanía estatal dan para lo que dan. COMO MÍNIMO, CORRESPONSABLE A responsabilidad inmediata y directa de la caravana de la vergüenza corresponde al régimen de Marruecos. Pero el Gobierno español es corresponsable, al menos de manera indirecta. En primer lugar, por su equivocada política de inmigración, que, con el apoyo de la inacción de Marruecos, favoreció la llegada masiva de inmigrantes y agravó el problema heredado. Estaba cantado. Las críticas no procedieron sólo de la oposición, sino también de la Unión Europea. En segundo lugar, por su torpe y meliflua política hacia Rabat. En lugar de exigir que pusiera coto a la llegada masiva, exhibió I. SÁNCHEZ una actitud condescendiente de amiCÁMARA guetes. Es verdad que a Marruecos no se le puede censurar a la vez la complicidad con el fenómeno y la represión brutal, pero sí una cosa después de la otra. Cuando la situación era ya insostenible y se sucedían las avalanchas, el único recurso fue el envío del Ejército casi inerme y la subida de la altura de las vallas. Y mientras se consuma el éxodo inhumano, el Gobierno sigue alabando a Rabat. Ni una sola palabra crítica ha salido de la boca de Moratinos. En suma, es, como mínimo, corresponsable. E L ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate vpuig abc. es