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6 Opinión MIÉRCOLES 12 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA LEOPOLDO CALVO- SOTELO IBÁÑEZ- MARTÍN EX SUBSECRETARIO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR EL ALCALDE DE MÓSTOLES IGUIENDO las enseñanzas de su predecesor en el cargo, Andrés Torrejón, el actual alcalde de Móstoles, Esteban Parro, militante del PP, ha dictado un bando municipal en el que encarece a diputados y senadores que mantengan con determinación y firmeza el principio constitucional en el que se consagra la indisoluble unidad de España No se puede dudar de la buena intención del titular de la vara mostoleña; pero, aunque inquietante, la situación actual no se parece en nada a la del 2 de mayo de 1808 cuando el mensaje de Torrejón- La Patria está en peligro, Madrid parece víctima de la perfidia francesa... -galopó hasta Navalcarnero y M. MARTÍN así, de pueblo en pueblo, FERRAND hasta conseguir que, antes de acabar el mes, España entera estuviera en armas. Parro tiene complejo de antecedente, algo parecido a lo que le ocurre a José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que sucede es que el presidente, lejos de sentirse continuador de Felipe González, se ha saltado unos cuantos eslabones de la cadena socialista y está más o menos, mejor que en la de Maragall Cía. en la Cataluña de Companys. Si hay enemigo que ponga en peligro la Nación, que yo no me atrevería a decir tanto, ese enemigo está dentro y es víctima de su propia inconsistencia y de su ya acreditada irresponsabilidad, dos enfermedades que sólo tienen cura democrática y obligan a los electores, cuando se abran las urnas, a votar en consecuencia. En ese ambiente ha estado tan diáfano como oportuno el gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, al advertirnos, con la solemnidad de quien habla en el Congreso de los Diputados, que la propuesta de Estatuto de Autonomía que lanza Cataluña puede ser demoledora del Estado de bienestar y, tras romper la unidad de mercado, rebajar en mucho el grado de eficiencia de la economía nacional. Dado que, como bien centra la caricatura catalana más frecuente, la pela es la pela el aviso de Caruana puede resultar más eficaz que otros de los muchos sermones en curso. Aunque con retraso, Caruana aprovechó ayer su visita al Congreso para comparecer ante la Comisión de Presupuestos para criticar, en la línea tradicional del BE, la toma de posiciones de las Cajas en el sector industrial. Cuando, en los setenta, los bancos incurrieron en ese pecado estuvieron a punto, por acumulación de riesgos, de saltar por los aires y ahora las Cajas, aprovechando la insólita circunstancia de carecer de propietario, quieren repetir el nefasto fenómeno. En los últimos 25 años, recordó el gobernador, el balance de las Cajas se ha multiplicado por 10 y sus inversiones industriales por 40. Parece esto último algo distinto a lo de más arriba, pero es, incluida la opa de Gas Natural sobre Endesa, la misma película, la del soberanismo en que degeneran los nacionalismos. S EL BARROCO DEL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS El análisis que hace el autor del nuevo Estatuto catalán le lleva a decir que éste adolece de claroscuro histórico, infracción del sistema constitucional de competencias, complejidad perturbadora del derecho catalán, además de fragmentación del ordenamiento jurídico español ARROQUISMO y fragmentación: éstos son los conceptos que, en el mejor de los casos, servirían para describir un Estado de las autonomías que se contagiara de las tendencias en que se inspira el proyecto de Estatuto para Cataluña. Comencemos por las prendas, que ciertamente no nos duelen: se trata de un texto cuidado, bien redactado, con una sistemática correcta y clara. Pero es a la vez un texto que fragmenta el ordenamiento jurídico español y los tribunales llamados a aplicarlo; y que presenta características a veces celebradas en arte y literatura, pero que en política y en Derecho siempre causan grave distorsión: claroscuro, falta de sentido de la mesura, profusión ornamental. Según la definición académica, claroscuro es la conveniente distribución de la luz y de las sombras en un cuadro En el caso del proyecto de Estatuto, las conveniencias de esta distribución son marcadamente nacionalistas. En su preámbulo, la historia de Cataluña se evoca sólo en términos de lucha, rebeldía y marginalidad. Se ignora la decisiva participación de Cataluña en la implantación del Estado moderno en España, a manos de aquel rey a quien, al final de su vida, sus cortesanos castellanos llamaban, con admiración y respeto, el viejo catalán se ignora que la irrupción de España en la escena europea tuvo lugar cuando el ejército castellano se puso al servicio de la política catalana en Italia, sabiamente dirigida por el mismo Rey Católico; se ignora la continua presencia de dirigentes catalanes en las más importantes tareas comunes españolas, como es el caso, limitándose al último siglo y medio, de Prim, B Cambó, Landelino Lavilla, o Miguel Roca; también queda en sombra la Transición, matriz histórica que, por primera vez en la edad contemporánea, todos los españoles comparten, y no hay mención alguna de la Constitución de 1978. Pero 1978 es la única base posible del proyecto de Estatuto, el cual no puede apoyarse en 1714 ni en 1931, años que, sin embargo, son los que brillan en el interesado dualismo de luz y oscuridad del preámbulo. Con ser esto lo más importante, no termina aquí el oficio de tinieblas. Desde el punto de vista jurídico, quizá el eclipse más espectacular sea el de la provincia, que no aparece por ningún lado en el proyecto de Estatuto, una vez más atendiendo a la conveniencia nacionalista. Por decirlo con la terminología acuñada por el más ilustre ensayista catalán del siglo XX, no deja de ser notable que, en un texto de doscientos veintisiete artículos que contiene más de una anécdota, no tenga cabida una categoría constitucionalmente necesaria como es la provincia en su calidad de corporación local. Acabamos de aludir a la gran extensión del texto del proyecto. El vigente Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1979, que inauguró la fase clásica del Estado de las Autonomías, tiene cincuenta y siete artículos, casi cuatro veces menos. Comparando el proyecto con el Estatuto de 1979, y utilizando las palabras de un personaje borgiano, se diría que ese noble y austero texto fundacional ha sido corregido siguiendo un depravado principio de ostentación verbal. Miguel Herrero habló hace -Ahí la tienen: la bandera por la que Pepe Bono puede que un día dé su vida política como siga poniéndome pegas al Estatuto catalán.