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4 Opinión MIÉRCOLES 12 10 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil MÁS PAPISTA... R ZAPATERO Y EL NACIONALISMO AUSENTE A celebración del 12 de Octubre va a ser nuevamente la ocasión preferida de los nacionalismos para expresar su rechazo a toda manifestación del sentimiento nacional español. Nacionalistas vascos, catalanes, gallegos y aragoneses han decidido no asistir hoy al desfile de las Fuerzas Armadas, ni a los demás actos oficiales de la jornada. Incluso el dirigente de Esquerra Republicana Joan Puigcercós se ha permitido la ofensa gratuita de pedir a Maragall que aproveche su asistencia al desfile para aplacar a la bestia categoría en la que se deben de integrar todas las instituciones, partidos, entidades y, por supuesto, millones de ciudadanos que no quieren que se apruebe el proyecto de Estatuto catalán. La reacción nacionalista no es, por desgracia, novedosa, porque expresa la profunda frustración de una ideología que se justifica en la provocación de un conflicto permanente de identidades y divisiones entre territorios y ciudadanos. La política de concesiones a los nacionalismos empezó con el reconocimiento de su superioridad patriótica en comunidades como el País Vasco y Cataluña, y siguió con la aceptación de toda su simbología partidista como señas de identidad colectiva. Poco ha servido este flujo unívoco de concesiones para enterrar definitivamente la obsesiva tensión territorial, porque el resultado ha sido la instauración de una situación de hecho y de derecho indiscutible, en la que los nacionalistas exigen y obtienen respeto para sus efemérides y símbolos- -sin discusión posible sobre su veracidad histórica, aunque sean acreedores de ofrendas florales y reconocimientos oficiales- -pero se esmeran en despreciar puntualmente todo cuanto implique la existencia de España como nación, a secas, sin adjetivos ni posesivos. Además, cualquier intento de reconducción del problema se enfrenta al hecho de que a los nacionalismos les ha sido rentable su deslealtad histórica y la falta de reciprocidad en el respeto institucional. Incluso han conseguido que una parte de la izquierda española asuma sus idearios con más entusiasmo, a veces, que los propios nacionalistas. En este sentido, el proyecto de Estatuto para Ca- L taluña es un manual de máximos nacionalistas y, sin embargo, viene avalado por el presidente de la Generalitat, con el apoyo decisivo del presidente del Gobierno de la Nación. Por eso, los nacionalistas no sienten ninguna motivación especial para abandonar su aversión a cuanto implique el reconocimiento de España, menos aún si, en la actualidad, son los socios preferentes del PSOE y están decidiendo el contenido y los ritmos de la política nacional sin coste alguno para su ortodoxia soberanista. Evidentemente, esta política de alianzas está produciendo unos resultados desestabilizadores y sin visos de rectificación. Rodríguez Zapatero ha elegido libremente a sus aliados y éstos le han dado la espalda cada vez que se han planteado cuestiones de interés nacional, como el Plan Ibarretxe o el referéndum por la Constitución Europea. Y con estos socios pretende el Gobierno socialista hacer un proceso de reformas institucionales que haría que España, al final de esta legislatura, esté más cohesionada según palabras de Rodríguez Zapatero. Pero, sencillamente, no es posible hacer una política de interés nacional con quienes no creen en España, ni en su Constitución, ni en su proyecto común para todos los españoles. Y lo están demostrando con los proyectos de reformas que han enviado al Congreso de los Diputados. La ausencia de los nacionalistas hoy en Madrid es un desaire más en la nómina del victimismo irreductible de unos partidos que, a pesar de haber gobernado o seguir haciéndolo con todos los medios políticos y financieros que nunca antes habían tenido, y en un régimen de autogobierno que es materialmente federal, no han sido capaces de articular políticas de estabilidad y convivencia pacíficas, sin tensiones ni agravios, en sus propias comunidades y en las relaciones con el resto de España. Pero, en esta ocasión, la sonora ausencia nacionalista señala al presidente del Gobierno y a su decisión de ponerse en manos de unos aliados para los que la idea de España es insoportable. Zapatero tiene otra oportunidad de calibrar hoy sobre el terreno dónde están unos y otros en esta hora de incertidumbres. ODRÍGUEZ Ibarra salió ayer de La Moncloa convencido de que Zapatero no va a permitir que el Estatuto incluya un término (nación) que desvirtúe el articulado de la Constitución Menos convencidos que el presidente extremeño deben de estar en el propio palacio de la Moncloa, pues durante toda la jornada de ayer no quisieron entrar a valorar lo dicho por el barón socialista. Ibarra cree a Zapatero y arremete contra Pasqual Maragall, lo que para muchos no deja de ser un exceso de confianza o un acto de fe en el presidente del Gobierno. Curiosa manera la de salvar al jefe la de un Rodríguez Ibarra que es capaz de hacer juegos malabares para separar el pack de dos que forman el presidente del Gobierno- -un patriota- -y el de la Generalitat de Cataluña, -un desleal Juan Carlos Rodríguez Ibarra JAIME GARCIA GUERRA DE NERVIOS ACE unas semanas era que no; el viernes, que sí, y ahora ni que sí ni que no. ¿Vendrá Fidel Castro a España? A tenor de lo dicho por la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, el dictador cubano estará en Salamanca en carne mortal, pero los últimos rumores desmienten a la número dos del Gobierno y apuntan la posibilidad de que Castro no venga por si las moscas, no sea que algún juez tire por la calle de en medio. El presidente cubano mantiene en vilo al Ejecutivo de Zapatero, que no sabe a estas alturas si desplegar o no la alfombrilla roja. El régimen cubano apura hasta el límite para desesperación de la comitiva encargada de recibirle. Guerra de nervios en vísperas de una cumbre iberoamericana que Cuba se toma con calma caribeña. H MENOS FOROS Y MÁS PARLAMENTO S E complica día tras día la cuestión de la inmigración ilegal. Diversos organismos nacionales e internacionales expresaron ayer sus dudas sobre determinadas actuaciones- -tanto fácticas como jurídicas- -del Gobierno socialista. Parece, sin embargo, que el Ejecutivo prefiere planear futuras estrategias en foros de opinión y comisiones mixtas, a la vez que elude la comparecencia de Rodríguez Zapatero en el Congreso delos Diputados para dar cuenta de un asunto que preocupa extraordinariamente a la opinión pública. Ayer se acordó en Rabat proponer la celebración en Marruecos de una conferencia ministerial euro- africana con participación de todos los países concernidos por la inmigración irregular, es decir, los países de origen, tránsito y destino. Hubo buenas palabras, de nuevo, en la entrevista del ministro Moratinos con su colega marroquí: en el comunicado oficial se habla de vínculos entre migraciones y desarrollo respeto de derechos individuales y colectivos etcétera, pero tampoco se produjeron en esta ocasión resultados concretos. En efecto, nada se ha determinado sobre las fechas, el orden del día, la financiación y otros asuntos cruciales para que la confe- rencia (o la propia comisión mixta entre España y Marruecos) ofrezca soluciones eficaces. Seguimos, por tanto, en el ámbito poco comprometido de las buenas intenciones, sin que el Gobierno encuentre la vía adecuada para encauzar un problema que ha escapado de su control. En cambio, ayer determinó la Junta de Portavoces del Congreso que el presidente del Gobierno no va a comparecer la próxima semana ante el pleno para informar sobre las avalanchas en Ceuta y Melilla, según habían solicitado el PP e IU. Zapatero no tendrá, pues, que explicarse acerca de los excesos manifiestos cometidos por el amigo del sur, tanto en la actuación de sus Fuerzas de Seguridad como en el trato contrario a la dignidad humana que reciben cientos de personas indefensas. El argumento de que ya dio explicaciones al respecto el ministro del Interior no resulta convincente, puesto que refleja una concepción del problema en términos estrictos de orden público. No debe ocultarse el presidente bajo el manto de las políticas sectoriales (seguridad, cooperación, etcétera) dado que la entidad del problema exige compromisos al más alto nivel político. BOMBAS Y URNAS A cuatro días del referéndum constitucional, el terrorismo tira de manual y despliega su macabra estrategia en Irak. Decenas de muertos en un doble atentado terrorista sembraron ayer el pánico entre la población de Bagdad y de Tal Afar, objetivos de esta particular resistencia que recurre al coche bomba accionado por control remoto. Bombas contra cualquier intento de avanzar en el difícil camino hacia la democracia. A medida que se acerca la hora de la cita con las urnas, el terrorismo intensifica sus acciones criminales para cumplir con la siniestra hoja de ruta que ha marcado a sangre y fuego sobre una nación hecha jirones.