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22 Nacional MARTES 11 10 2005 ABC JORGE TRIAS SAGNIER GIL ROBLES l pasado día 13 de septiembre hizo 25 años del fallecimiento de uno de los políticos más grandes que ha dado la derecha española, José María Gil Robles y Quiñones, el líder católico que fue capaz de llevar a su partido, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) al poder en el año 1933, en plena República. Gil Robles, junto a Cánovas y Maura en la Restauración, son, sin duda, los grandes referentes políticos conservadores, cuya ideología sintetizaría y unificaría Fraga a finales del siglo pasado, llevándola brillantemente a la práctica Aznar en esos ocho años de gobierno que cambiaron la piel de España. Pero la derecha es olvidadiza. Mientras los socialistas colocan legítimamente sus ídolos en los lugares más visibles, como a Indalecio Prieto o al Lenín español Largo Caballero en pleno Paseo de la Castellana frente a los Nuevos Ministerios, los conservadores, con el Ayuntamiento de la Capital y la Comunidad Autónoma en su poder, no son capaces de rendirle, en efeméride tan señalada, el homenaje que se merece uno de sus grandes. Sinceramente, que los desmemoriados socialistas quiten la estatua ecuestre de Franco me parece mal, por lo que supone de pérdida de recuerdo histórico, pero me deja bastante frío. Pero que este salmantino no tenga la estatua que le corresponde en Madrid, la capital de España, en homenaje a su limpia memoria, me parece inaceptable. Gil Robles era hijo de Enrique Gil Robles, un importante miembro de la Comunión Tradicionalista que participó activamente en la política de la Restauración al servicio del Rey carlista Carlos VII. Terminó el bachillerato a los quince años y se doctoró en derecho en Madrid con 22, incorporándose a la cátedra de derecho Administrativo de Gascón y Marín obteniendo poco después la cátedra de derecho político de la universidad de La E Laguna, aunque pidió la excedencia para dedicar todo su esfuerzo al diario El Debate que había fundado el gran periodista santanderino que fue don Ángel Herrera Oria, hoy en proceso de beatificación, un ejemplo para quienes pretenden crear opinión en los medios de comunicación. Según Cristina Barreiro, profesora de Historia Contemporánea de la Universidad San Pablo- CEU de Madrid, Herrera fue quien consciente de sus cualidades, vio en Gil Robles a la persona idónea para organizar la derecha española Herrera, que después llegaría a Cardenal, y el jesuita Ángel José María Gil Robles y Quiñones apoyó la sublevación militar de 1936 contra el golpe de Estado que ya había dado el Frente Popular y que culminó con el vil asesinato de Calvo Sotelo Un monumento ciudadano a su figura nos ayudaría a perpetuar su memoria Su recuerdo, al menos, parece obligado ahora que conmemoramos el XXV aniversario de su fallecimiento Ayala, fueron quizás las personas que más influyeron en Gil Robles para dar el salto a la acción política. Gil Robles apoyó la sublevación militar de 1936 contra el golpe de Estado que ya había dado el Frente Popular y que culminó con el vil asesinato de Calvo Sotelo. Como relata el notario Ignacio de Prada, probablemente el último amigo vivo de Gil Robles, en el boletín de la Asociación Católica de Propagandistas, a José María no lo asesinaron porque cuando los guardias de asalto fueron a buscarle a su casa no se encontraba en Madrid De todas formas, al líder derechista no le gustó el sesgo que tomaron los acontecimientos durante la guerra civil y se exilió en Portugal trabajando, desde entonces, por la causa de Don Juan. En 1953 participó en el denominado contubernio de Munich lo que le supuso un nuevo exilio en Ginebra de otros dos años y con la democracia participó en la reorganización de la democracia cristiana. Le conocí al final de su vida, me lo presento el padre de Juan Alberto Belloch, hoy alcalde de Zaragoza y ex Ministro de Justicia, que era el responsable de los propagandistas en Barcelona. Me impresionó su figura y la claridad de sus ideas aunque su partido fracasó estrepitosamente en las primeras elecciones democráticas de 1977. Fue, también, un brillantísimo abogado y asumió la defensa de causas sonadas durante el final del franquismo como la de Vila Reyes y el caso MATESA. Su hijo José María Gil- Robles y Gil- Delgado fue presidente del Parlamento Europeo y Álvaro es el actual comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa. El ejemplo de Gil Robles será siempre una guía política a seguir para muchos católicos que hoy militan en el Partido Popular que preside Mariano Rajoy y que ven, entre el estupor y la indignación, como se deshace frívolamente la España que construyeron trabajosamente grandes hombres como el dirigente de la CEDA. Un monumento ciudadano a su figura nos ayudaría a perpetuar su memoria. Su recuerdo, al menos, me parece obligado ahora que conmemoramos el XXV aniversario de su fallecimiento. Marín elude tomar medidas por el acoso a Trillo en el Congreso b El presidente de la Cámara tampoco intervendrá en el caso de los incidentes entre Rubalcaba y Hernando tras discutir por el incendio de Guadalajara ABC MADRID. El presidente del Congreso, Manuel Marín, acordó ayer no sancionar el incidente en el que se vió implicado el Grupo Socialista al facilitar la entrada al Congreso a familiares de militares muertos en el accidente del Yakolez que luego imprecaron y acosaron a Federico Trillo en los pasillos de la Cámara. También decidió pasar por alto la discusión entre el portavoz socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el diputado del PP Rafael Hernando, que casi llegaron a las manos este verano en una discusión sobre el caso de los incendios de Guadalajara. Marín comunicó su decisión de lavarse las manos a los miembros de la Mesa del Congreso en una reunión extraordinaria en la que dijo que el futuro Reglamento de la Cámara debería detallar mejor cómo actuar en este tipo de casos para garantizar el orden en la Cámara. El incidente de Trillo ocurrió el pasado 29 de junio a la salida de la Comisión la Comisión de Defensa y el de Hernando y Rubalcaba tuvo lugar tuvo lugar el 21 de julio al término de una reunión de la Diputación Permanente en la que se discutió acerca del incendio de Guadalajara. En ese debate, se produjo otro incidente, protagonizado por el portavoz del PP, Eduardo Zaplana, y el diputado del mismo grupo José Ignacio Echániz, que Marín también ha archivado sin imponer ningunasanción. El motivo de aquella discusión fue que los dos diputados del PP desoyeron la orden del presidente del Congreso de cesar en el uso de la palabra, lo que obligó al presidente a suspender la sesión.