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62 Toros LUNES 10 10 2005 ABC Julio Benítez y los Lozano ponen fin a su relación ABC MADRID. La familia Lozano y el novillero Julio Benítez El Cordobés han decidido, de mutuo acuerdo, poner fin a su relación de apoderamiento. Julio Benítez tuvo un brillante debut con picadores el pasado año en Pontevedra, pero esta temporada ha transcurrido entre altibajos que, unidos a una lesión ósea, han complicado el despegue de su carrera. FERIA DE OTOÑO Juan José Padilla observa cómo el toro se frena de salida en el capote EFE Victorino Martín: la corrida más deslucida de su historia JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES MADRID. Soy un empedernido admirador de los toros de Victorino Martín. Siempre- -igual que le ha pasado al público- -me he entretenido con la lidia de sus astados: igual daba que fueran nobles, bravos, mansos o alimañas, como decía Paco Ruiz Miguel. Pero, esta vez, han salido sosainas, descafeinados, descastados. Como comentaba un buen aficionado a mis espaldas, parecía que le habían echado agua al vino. Quizá el peligro del futuro estribe en haber convertido la divisa en torifactoría, en lidiar demasiados festejos, aunque tenga el recuerdo de ese victorino indultado en San Sebastián, que siguió los pasos de aquel Baratero que inmortalizó Andrés Vázquez por su bravura o de aquel otro Belador que se ganó su vida en una de aquellas memorables Corridas de la Prensa que organizaba Vicente Zabala. Ganó terreno El Fundi con entusiasmo al veroniquear al primer victorino. Lo mejor, una de las dos medias de remate. Ofreció banderillas a los otros espadas y sobresalió el par del anfitrión. En el centro del ruedo no se terminó de Monumental de las Ventas. Domingo, 9 de octubre de 2005. Última de feria. Lleno. Toros de Victorino Martín, muy deslucidos en conjunto; el 3 fue bien al caballo y la mayoría anduvo entre la gazaponería y la sosería. El Fundi, de canela y oro. Media estocada (algunos pitos) En el cuarto, pinchazo y seis descabellos (silencio) Juan José Padilla, de nazareno y oro. Estocada (división al saludar) En el quinto, estocada (palmas) Luis Miguel Encabo, de grana y oro. Dos pinchazos, media estocada y descabello (silencio) En el sexto, dos pinchazos, media y dos descabellos (palmas) acoplar con la derecha, siempre en unipase y hubo mayor gallardía en la primera tanda de naturales, con los habituales pitos intransigentes. Se peleó en el resto de la faena, aunque, lógicamente, toreando sobre las piernas por la pegajosidad del animal. A pesar de todo, le pintaron bastos. Gazapón y andarín el cuarto. El Fundi se lució al banderillear. Vulgar, mecánico y muy monótono con la muleta y, además, largo. Encima reiterativo con el descabello. Con una larga cambiada de rodillas saludó Padilla al segundo de la tarde. Toreó con electricidad a la verónica. Sólo Juan José se lució en el triple tercio banderillero, en el que El Fundi clavó un par en la tripa de la res. El astado entraba pensando en la muleta y colándose peligrosamente. El de Jerez se mantuvo ahí, salvó con vista las coladas y se mostró valiente. Nada en su haber en el primer tercio del quinto. Pasó incoloro con los palos. Porfió en la faena de muleta y en el principio arrancó dos o tres muletazos de valía. Después estuvo borroso, pero acertado y eficaz con la espada. Buenas y mandonas verónicas de Encabo al tercero. En el quite, lo mejor, la media de cierre. El Fundi destacó en un quite por chicuelinas y, de nuevo, en la media de remate. Luego, el mejor par del triunvirato lo puso José Pedro Prados. Encabo lo hizo por dentro, tras perseguir el toro a un peón. Luis Miguel templó la rápida embestida del victorino y puso raza en la primera ronda diestra. Fueron bajando paulatinamente las restantes y, sobre todo, el breve manejo de la zurda. Como le ha pasado muchas veces, empezó con fuerza y su labor se difuminó a medida que transcurría. Salió alegre el sexto, pero fue cosa de segundos. Enseguida se acalambró, recuperándose en la muleta, aunque en un tono cansino. Encabo insistió sobre las dos manos con voluntad e intentando salvar los escollos de la gazaponería que tenía enfrente. Al final anduvo con galanura delante de la cara del toro, pero el signo de la tarde no podía cambiar.