Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 10 10 2005 61 Toros VALENCIA MINIFERIA DE LA COMUNIDAD Morante o el toreo inexplicable de los genios Plaza de toros de Valencia. Domingo, 9 de octubre de 2005. Tres cuartos de entrada. Toros de distintas ganaderías, bien presentados en general, lidiados por este orden: Luis Algarra, flojo y chocho; El Ventorrillo, sin clase; Núñez del Cuvillo, bueno; Jandilla, manso y rajado; Gavira, inválido; Fuente Ymbro (5 bis) de noble fondo sin humillar; otro de Fuente Ymbro, de corto viaje y temperamento. Morante de la Puebla, de caña y oro. Pinchazo, estocada trasera y atravesada y cuatro descabellos (silencio) En el tercero, estocada trasera y desprendida y cuatro descabellos. Aviso (saludos renegando de la vuelta al ruedo) En el quinto, estocada defectuosa y descabello (saludos) El Juli, de verde botella y oro. Estocada corta y pasada (silencio) En el cuarto, pinchazo y estocada corta (silencio) En el sexto, dos pinchazos y media estocada (silencio) Y en un inmenso repertorio hasta la punta contraria de donde había principiado la alfombra de pases y versos sevillanos, gallistas o trianeros, siguió como un sonámbulo Morante sin saber, ¿o lo sabía? de terrenos y unidades de cálculo. Nada había calculado. Allí, de repente, en lo que se entiende por toreo fundamental, templó los derechazos a la cadera, entre salidas y entradas de la cara del toro que distan un universo de la vulgaridad. Sentimiento y fantasía, como si quisiera realizar de una tacada toda una tauromaquia de salón. Bueno, un 99 por ciento del escalafón no se imagina cosas así ni en el patio de su casa. Por eso Morante es único. Tardó en morir el nuñezdelcuvillo de una estocada defectuosa, sonó un aviso, cayeron tres descabellos, hubo petición y renuncia a la vuelta al ruedo... En otro lugar los ángeles lo elevaron a hombros, en Sevilla tal vez. Casi se acabó entonces la corrida. Un sobrero de Fuente Ymbro no fue el belcebú- -aunque no humillase- -que hizo parecer la pésima cuadrilla de Morante, que esbozó una faena más en la escuela de la normalidad suya, o sea, muy torera, mas con los pies en la tierra, buena, sin desgarros. No lo mató acorde. Una babosa de Algarra apenas le permitió unos lances como aperitivo de la tarde. El Juli careció de suerte. Ni el de El Ventorrillo tuvo clase ni son, ni el grandón de Jandilla, una gallina clueca, ni el último de Ricardo Gallardo, corto de viaje. Algo se arrimó Juli a la hora de partir el tren. Pero el tren ya se había ido entre la mala fortuna, tanto toque exterior y tanto trámite lejano al compromiso. ZABALA DE LA SERNA VALENCIA. Lo soñó o lo soñamos. No puede ser de otra manera. Jamás vi una faena tan genial, tan variada y distinta. Pura inspiración. Pura improvisación. Morante no salió a cuajar el toro, sino a interpretar el toreo como los ángeles quisieran. Como los ángeles quisieran torear es el título de la obra poética de Miguel Flores, el descubridor de Morante, un romántico perdido porque los románticos se pierden a pasos agigantados en el mundo funcionarial de las comisiones. Las sensaciones no se plasman en la escritura con facilidad, ni las atrapa la palabra; la magia no se enmarca en los márgenes de papel de ABC; la faena del orfebre de la Puebla del Río no se encuaderna ni se explica en ningún parámetro de los que usted y yo podamos comprender en nuestros esquemas. Porque lo de Mo- Morante de la Puebla protagonizó pasajes de suma inspiración rante rompe todos los cánones estipulados. Clichés de Rafael El Gallo, como en blanco y negro, matizados por sepias color caña de marisma y mar. El toro de Núñez del Cuvillo se prestó a quites para hacer más realidad un mano a mano de caminos paralelos: Juli se enseñoreó por caleserinas y Morante se precipitó en unos lances de mejor planteamiento que ejecución, sin enganchar la embestida por delante. Dos veces se fue el toro por su cuenta de largo al caballo, y el resto fue por cuenta de Morante de la Puebla. Toda la torería del prólogo, EFE mentón hundido, donosura y majeza, que escribirían los revisteros antiguos, se desbordó en unos naturales a cámara lenta de absoluto abandono, dormida la muleta barriendo la arena, encajados los riñones, la cintura a compás... Tres, cuatro, qué más da. Remató y se llevó a los medios de un tirón suave como la ola entregada a la arena la ensoñación de un molinete zurdo enroscado como una caracola. No podía ser, estas cosas no suceden en el mundo exterior: en ese momento Valencia era el paraíso irreal de lo nunca presenciado. FERIA DEL PILAR Cayetano en estado puro Plaza de toros de la Misericordia. Domingo, 9 de octubre de 2005. Tercera de feria. Lleno. Dos toros de Murube para rejones, buenos, y cuatro novillos de Daniel Ruiz, bien presentados y buenos, destacaron 5 y 6 Pablo Hermoso de Mendoza, rejón contrario (dos orejas) En el cuarto, rejón trasero (oreja) Daniel Cuevas, de cariñena y azabache. Cuatro pinchazos y estocada desprendida (silencio) En el quinto, estocada (oreja) Cayetano, de fucsia y azabache. Estocada trasera (oreja) En el sexto, gran estocada (dos orejas con petición de rabo) Hermoso y Cayetano salieron a hombros. personalidad, con su empaque, con esa figura que llena el espacio escénico del ruedo y que atravesando las barreras llega al corazón del aficionado. Y Cayetano llegó muy hondo en una actuación que ante el excelente quinto de Daniel Ruiz alcanzó momentos inolvidables. ¿Se puede torear mejor? Claro que sí, pero, ¿se puede alimentar tanto la esperanza de un público que antes de entrar a la plaza se vio acosado por manifestantes antitaurinos? Rotundamente, no. Por eso la tarde de Cayetano fue como un soplo de aire fresco sobre una Fiesta adocenada y denostada desde tantos frentes. Su futuro sólo depende de él mismo, de los muchos mimbres que tiene para tejer el cesto de su propia historia. De momento, la inyección de optimismo vale su peso en oro. Como también vale, y mucho, la estupenda tarde de rejoneo que obsequió el navarro Hermoso de Mendoza. Tres orejas que pusieron en valor un festejo para el recuerdo. Hermoso está en otra ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD ZARAGOZA. Puro de pureza, de entrega, de verdad. Puro de mando, de lentitud, de despaciosidad. Puro de belleza, de firmeza, de serenidad. Puro de torero, de torero puro, de esperanza. Puro también hasta en las imprecisiones que dieron mayor dimensión a una tarde especialmente ilusionante. Cayetano impregnó la Misericordia con su Hermoso de Mendoza y Cayetano abrieron la puerta grande dimensión del toreo a caballo. Su capacidad de asombrar a los públicos parece no tener fin y por eso ante dos buenos toros de Murube demostró cuáles son sus poderes: temple a raudales y una afición desmedida. Al final, a hombros por la puerta grande junto a Cayetano. Los dos habían triunfado ya de FABIÁN SIMÓN entrada al llenar hasta la bandera el coso de la Misericordia. El tercer hombre, el novillero aragonés Daniel Cuevas, que sustituía a Julio Benítez, no quiso ser el convidado de piedra y, pese estar un tanto verde, cuajó buenos momentos con el quinto, al que cortó una entusiasta oreja.