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28 Internacional EL DESAFÍO DE TAIWÁN LUNES 10 10 2005 ABC Un foco de tensión constante en Asia P. M. D. TAIPEI. El Estrecho de Formosa es una de las zonas más inestables de Asia, como demostró la crisis de los misiles de 1996, cuando el régimen comunista lanzó varios proyectiles sobre territorio taiwanés. Apoyado por Estados Unidos, su principal suministrador de armas, el Gobierno de Taipei ha destinado 619 millones de euros a un radar antimisiles y pretende ahora gastarse otros 12.749 millones en la compra de 8 submarinos convencionales, 12 aviones antisubmarinos y 6 baterías de cohetes Patriot. Además, y para contrarrestar la amenaza de los más de 700 misiles que apuntan a la isla desde el continente, Taiwán ha efectuado pruebas con artefactos que alcanzan los 1.000 kilómetros y también está desarrollando otros proyectiles que podrán recorrer 2.000 kilómetros. Según el portavoz de la comisión militar del Parlamento, el presupuesto de Defensa representará el tres por ciento del PIB. Un hombre y su nieto sueltan una paloma frente al Mausoleo de Chiang Kai- shek de Taipei PABLO M. DÍEZ La otra China busca su identidad Taiwán celebra hoy su día nacional inquieta por el resurgir de Pekín b La isla que se escindió de China en 1949 sigue buscando su reconocimiento mundial mientras contempla con preocupación el aumento del peso del continente PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL TAIPEI. Por mucho que le duela al régimen comunista de Pekín, existe otra China aparte de la República Popular. Se trata de Taiwán, la isla que se desgajó del Estado tras el fin de la guerra civil en 1949 y que, desde entonces, ha permanecido separada del gigante asiático. Al ser derrotado por las fuerzas rojas de Mao Tse Tung, aquí se refugió el generalísimo Chiang Kai- Shek, considerado el padre de la patria taiwanesa por instaurar un Estado heredero de la primera República china que fundó el doctor Sun Yat- Sen en 1911. Haciendo frente al Goliath oriental, que reclama desde entonces su soberanía, este pequeño David insular celebra hoy su Día Nacional, ya que el 10 de octubre se conmemora el aniversario de aquel levantamiento contra la dinastía Qing y la proclamación de la primera república democrática de Asia. Disputándose con el régimen comunista el testigo de dicho Estado primigenio, la República de China- -denominación oficial de Taiwán- -cuenta con un Gobierno independiente y elegido en las urnas que, sin embargo, sólo es reconocido por poco más de veinte países de todo el mundo. Por ese motivo, Taipei aspira un año más a lograr su reconocimiento en foros tales como la ONU- -cuyo asiento ocupó hasta el in- greso de la República Popular a principios de los años 70- la Organización Mundial del Trabajo (OMT) o la Organización Mundial de la Salud (OMS) De nuevo, todos estos intentos se ven frenados por la presión ejercida por Pekín, que se ha propuesto reunificar el continente y la isla. Con el imparable ascenso del coloso oriental como gran potencia planetaria, la otra China busca su identidad en medio de la división que separa a sus 23 millones de habitantes. Ideológicamente, la población se divide a partes iguales entre los partidarios del actual Gobierno del Partido Demócrata Progresista- -de marcado talante separatista y apoyado por la Unión Para la Solidaridad de Taiwán- -y los defensores de la coalición que conforman el Koumintang, el Partido Primero del Pueblo y el Nuevo Partido, que ostentan la mayoría en el Parlamento y se muestran a favor del diálogo con Pekín. Ser o no ser soberanos A pesar de sus discrepancias, todos ellos parecen coincidir, al menos en periodos no electorales, en el mantenimiento del statu quo para que en el futuro, cuando la emergente China y el desarrollado Taiwán tengan una situación política y económica similar, se pueda negociar una hipotética reunificación. Así lo reconoció, en una entrevista concedida recientemente a ABC, el primer ministro de isla, Frank Hsieh, cuya postura no se diferenciaba demasiado de la que mantienen sus rivales del Koumintang, los seguidores de Chiang Kai- Shek que ostentaron le hegemonía política hasta las elecciones de 2000 y que abogan por un acercamiento al continente. Sin embargo, uno de los parlamentarios del Koumintang, Chou ShouHsun, desconfió, en declaraciones a ABC, de tales intenciones y aseguró que el propósito del actual presidente, Chen Shui- Bian, consiste en promulgar una nueva Constitución en 2006 y un nuevo nombre para el país en 2008, lo que implicaría de hecho la independencia En este sentido, el diputado de la oposición alertó de que si el partido en el poder gana los comicios de 2008, iremos a la guerra Razones no le faltan para estar preocupado, ya que el régimen comunista de Pekín tiene más de 700 misiles apuntando hacia Taiwán e incluso promulgó en marzo una ley antisecesión que le autoriza a usar la fuerza militar para impedir que la isla declare formalmente su soberanía. Una constante amenaza que no asusta a Chong- Pin Lin, presidente de la Fundación para Estudios Internacionales sobre el Estrecho de Formosa y antiguo viceministro de Defensa. El problema no son las armas, sino la cada vez más mayor influencia de Pekín y la dependencia económica de Taiwán con respecto al continente, que sabe que el tiempo juega a su favor y ya estudia soluciones intermedias como la proclamación de los Estados Unidos de China para solventar la cuestión de la soberanía de la isla desveló este reputado experto. El espejo continental Mientras tanto, y según explicó Jimmy Chiang, uno de los periodistas políticos del diario Taipei Times, la gente se siente frustrada por la falta de reconocimiento internacional, ya que hemos trabajado muy duro para conseguir la democracia y para obtener un alto nivel de desarrollo económico y a veces nuestro pasaporte taiwanés resulta inútil Coincidiendo con él en que el principal obstáculo para la reunificación es la falta de democracia en China la diseñadora informática Hai Wan- Yen también se mostró bastante crítica con los graves problemas que genera dicha falta de reconocimiento. Durante la época de la neumonía asiática, el Gobierno no pudo obtener información de primera mano de la OMS y unas setenta personas, sobre todo médicos y enfermeras, murieron por la epidemia denunció esta joven de treinta años, que visitaba junto a una amiga japonesa el Mausoleo a Chiang Kai- Shek que preside el centro de Taipei. Su opinión no es en absoluto compartida por Xia Song- Hue, un hombre de 81 años que se manifestaba frente a la cercana sede del Koumintang. China y Taiwán deben ser un solo país porque somos hermanos y porque el presidente Chen Shui- Bian sólo quiere llevarse el dinero gritaba mientras ondeaba una bandera rojiazul con el sol blanco, enseña nacional de la isla. Ideológicamente, los 23 millones de taiwaneses se dividen a partes iguales entre partidarios y detractores del separatismo