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68 Sociedad DOMINGO 9 10 2005 ABC Secuestrados o vendidos por sus propias familias como esclavos, abandonados a su suerte en la calle, afectados por el sida, acusados de ser brujos y asesinados... ser niño en Benin es toda una odisea. Mensajeros de la Paz lucha por que cientos de menores no pierdan lo único que tienen: su infancia Los pequeños esclavos de Benin TEXTO Y FOTOS: JESÚS BASTANTE LIÉBANA ENVIADO ESPECIAL COTONOU (BENIN) Yansín tiene nueve años y durante más de dos trabajó contra su voluntad en una empresa textil de Nigeria. Sus padres no podían pagar su alimentación y, un buen día, decidieron venderla a cambio de 10.000 francos. Cuando terminó su labor, Yansín recibió una bicicleta... pero no a sus padres. Hoy, vive en una de las residencias que la ONG española Mensajeros de la Paz sostiene en Cotonou, la capital administrativa de Benin. Desde hace semanas ya no tiene pesadillas, pero resulta imposible arrancarle una sonrisa, únicamente una mirada profunda y triste de sus inmensos ojos negros. Cuesta escribir esta frase, pero al menos Yansín no fue violada por sus captores. Como Yansín, miles de niños benineses son enviados a países vecinos, a Nigeria, Níger, Burkina Fasso... para trabajar como esclavos en fábricas o plantaciones. Muchas veces son vendidos por sus padres; en otras ocasiones, simplemente se les recoge de la calle, se les mete en un camión o en un barco y se les envía a trabajar, al estilo de los esclavos que eran deportados a Europa o América, curiosamente también desde Benin explica Jesús Sánchez Trocóniz, de la Sociedad de Misiones Africanas, quien trabaja en este país desde 1969. En Ouidah, al sur del país, un monumento denominado La Puerta de No Retorno rememora el pasado esclavista de Benin, anteriormente conocido como Dahomey. Pero nadie dice nada de los niños esclavos de hoy Buscarse la vida En 2001, Benin se hizo tristemente famoso en todo el mundo tras la captura del buque Etireno que transportaba a cientos de adolescentes hacia Gabón para trabajar como esclavos picando piedra en las canteras. Cuatro años después, la situación, si bien más solapada, continúa por similares derroteros. En Cotonou sigue habiendo niños en el mercado- -señala Trocóniz- que no van a la escuela, que sobreviven en la calle por picardía, que no tienen familia y se tienen que buscar la vida El tráfico de niños es una constante en los países del oeste africano, que en el caso de Benin se agrava al ser un país receptor de inmigrantes. A pocos kilómetros de Cotonou, más de 5.000 personas viven en un campo de refugiados, procedentes de Burkina Fasso, Togo o Níger. Muchos de ellos son niños, que no permanecen allí durante mucho tiempo asegura Fernando Azofra, misionero pamplonés. Los padres desaparecen, y los pequeños se tienen que buscar la vida en la calle, siendo presa fácil de los vendedores de esclavos y eso con suerte porque otros Algunos niños son rescatados del tráfico de esclavos e inician una nueva vida en los Centros de la Alegría de Mensajeros acaban en manos de los traficantes de órganos, otro negocio conocido, y consentido, en este rincón del mundo. Desde hace años, Naciones Unidas y la Brigada de Protección de Menores trabajan para rescatar a esos niños, al tiempo que recogen de la calle a otros muchos que han sido abandonados por su familia. Los niños de las calles de Cotonou tienen una mirada extremadamente dura, la de quien ya ha vivido demasiado y no se fía ni de su sombra. Duermen en coches, en bancos o junto a los colectores de basura. En el Centro de la Alegría que Mensajeros gestiona en Cotonou, cerca de un centenar de menores gozan de un hogar donde alimentarse y recibir educación y compañía. Es muy duro decirlo, pero probablemente si no estuviéramos aquí, hoy estos niños estarían muertos o soportando durísimas condiciones de trabajo. Algunos, incluso, habrían sido asesinados para sacarles los órganos denuncia el padre Ángel García, presidente de Mensajeros de la Paz. La dureza en los ojos de los niños sólo se transforma en sonrisa cuando ven venir al padre jambo (blanco en yoruba) y a los cooperantes de esta ONG, todos benineses. Muchos de estos niños fueron abandonados por sus padres con la esperanza de que tuvieran un mañana mejor, pero fueron secuestrados y enviados a trabajar a otros países apunta el padre Ángel. Florent Koudoro es el encargado de proyectos de Mensajeros de la Paz en Benin, y recalca que trabajamos con niños de todos los países de la zona, porque el verdadero problema de esta