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ABC DOMINGO 9 10 2005 Los domingos 57 dose atrás porque no podía ya con su alma. Si algunos de estos inmigrantes clandestinos no hubieran llevado encima sus teléfonos móviles, el número de muertos se habría multiplicado de una forma difícil de asimilar. Mientras duraron las baterías y hubo cobertura, se dedicaron a dar la voz de alarma, hace una semana. No sabían bien dónde se encontraban, sólo que a muchas horas en autobús o camión al sur de Uxda, en ninguna parte. Silencios oficiales El 8 de septiembre Ibrahim Talibú pensaba entrar a España, pero no estaba dispuesto a hacerlo a cualquier precio. Desde entonces se han sucedido las avalanchas y los muertos. Y las expulsiones, y las devoluciones y las deportaciones. Y también los silencios oficiales. Los silencios cómplices con una tragedia anunciada de la que apenas nadie quería darse por enterado. Ayer, a pesar de todo lo vivido y de los planes para llevarlo en avión hasta Bamako, dijo que su objetivo sigue siendo Melilla, España, Europa. El desierto no ha podido con su firme decisión de dar el salto a una vida mejor. Y Talibú no está solo. Hay muchos más subsaharianos con él y seguirán insistiendo en escapar de África cuantas veces puedan. La desesperación y la angustia de no saber a dónde ir se hacen palpables en sus rostros Rabat han presionado a los vecinos de las pequeñas poblaciones del desierto para que no den cobijo, ni comida ni agua a los subsaharianos. Es la otra cara de la realidad, del trato humanitario oficial. Esta misma fuente añade que algunos todavía tienen fuerzas para escaparse de ese viaje forzoso en autobús porque mantienen la esperanza de dar el salto a Europa. Ayer huían de las pasadas que daba un helicóptero marroquí que peinaba la zona. SOS Racismo insiste además que hay muchos otros en las zonas más remotas del desierto y a los que todavía no se ha tenido acceso. Esa puede ser, según los testimonios recogidos por este corresponsal, la zona en la que se hayan producido muchas de las muertes. Esta ONG sólo ha podido identificar, con nombres y apellidos, a uno de los muertos. Se trata de un joven de Costa de Marfil que era demandante de asilo y residía en el barrio de Ain Nahda de Rabat. Caminó junto a otros dos jóvenes en posesión de ese documento expedido por la ONU y otras personas entre las que se encontraba un niño de quince años y una mujer congolesa que terminó quedán- Algunos hacen fuego para cocinar lo poco que tienen y no morir de hambre