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56 Los domingos DOMINGO 9 10 2005 ABC ÉXODO DE SUBSAHARIANOS Parias del desierto Los más duros ya piensan en volver a la valla Abandonados en el desierto, sin comida ni agua y viendo morir a los colegas, algunos subsaharianos se resisten a ser repatriados. Talibú no piensa en volver a su país, Mali, porque los motivos que le llevaron a cruzar África son más fuertes que la dura experiencia del pedregal del Sahara. España sigue siendo su objetivo POR LUIS DE VEGA, CORRESPONSAL EN MARRUECOS. FOTOS: AFP Un grupo de subsaharianos deambula por el desierto, cerca de la frontera de Argelia n la tarde del jueves 8 de septiembre, hace ahora un mes, Ibrahim Talibú mezclaba en sus palabras el desasosiego y la esperanza. Desasosiego por las malas experiencias vividas hasta llegar a las puertas de Europa. Y esperanza porque se encontraba en el bosque de Rostrogordo, a poco más de mil metros de la valla que separaba Marruecos de Melilla. Vestido con una gabardina de corte militar, espigado y con una sonrisa en la boca que para nada reflejaba sus circunstancias. Quería hablar con los periodistas, contar su desoladora experiencia. Su vida no se distinguía mucho de la de los compañeros que le rodeaban, pero él fue el primero en romper el hielo ante la presencia de los informadores. Su testimonio sirvió para que otros hicieran cola como si de la consulta de un psiquiatra se tratara. E Como el ganado Hasta ayer, este corresponsal no supo que Talibú, maliense de 21 años, no estaba en el Centro de estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla ni entre los pocos que arriesgan su vida en los bosques que rodean la ciudad autónoma española. El joven se encuentra entre los centenares de castigados por el Gobierno de Marruecos a quedar abandonados en el desierto, sin agua, sin comida y sin ningún tipo de asistencia más que la de algunos vecinos y conductores. Durante toda la semana han sobrevivido con botellas amarradas con cuerdas rellenas de un agua de color amarillento y durmiendo al raso. Se han desplazado en grupos de cuatro o cinco, diez, veinte, cuarenta... a lo largo de una carretera estrecha en la que no podían ser ignorados por los automóviles a los que paraban para pedir de comer y beber. Talibú llevaba ayer seis días caminando por el borde de la carretera cuando encontró a los periodistas españoles que acompañaban a este corresponsal aquella tarde del 8 de septiembre. No hicieron falta presentaciones. Junto a él había más conocidos de los pinares de Rostrogordo. Muchos insisten en que lograron entrar en Melilla y que fueron expulsados por la Guardia Civil y recibidos al otro lado por las autoridades de Rabat. Esas autoridades que, aun ayer, con numerosos periodistas y cámaras sobre el pedregoso terreno, insistía en explicar el buen trato que se les da a los inmigrantes subsaharianos. Evidentemente las palabras de los responsables de Rabat poco o nada tienen que ver con la cruda realidad. Talibú y sus colegas lo saben Si algunos de estos inmigrantes clandestinos no hubieran llevado encima sus teléfonos móviles, el número de muertos se habría multiplicado El cansancio hace mella en este emigrante, que intenta recuperar fuerzas para seguir el camino bien. La mayoría de los que iban carretera arriba huyendo del desierto que colea entre las fronteras del Reino alauí y Argelia desean regresar a sus países de origen porque, literalmente, dicen que no se puede ser ilegal en Marruecos Lo han sufrido en las últimas semanas en sus propias carnes. En la tarde de ayer, como auténtico ganado, según cuentan los testigos, fueron introducidos en autobuses. En los asientos, en los pasillos, unos sobre otros... daba igual. La diplomacia se ha comprometido a llevarlos de vuelta a sus países desde el aeropuerto de Uxda, a unas seis horas por carretera de donde se encontraban a lo largo del sábado. No se les olvide contar que la gente de la zona se ha portado bien con ellos y les ha dado de comer comentaba ante la tremenda escena un miembro de la Gendarmería Real con los ojos ciegos de amor patrio y sin darse cuenta de quién es el verdadero responsable de lo que está ocurriendo. Presiones de Rabat Miembros de la organización SOS Racismo en Marruecos explicaron a ABC que las autoridades de