Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
32 Internacional DOMINGO 9 10 2005 ABC Un dirigente islamista que empezó su carrera pidiendo la vuelta de la Sharía ha puesto a Turquía en las puertas de Europa. Familiar, amante del fútbol, Erdogán se define como una versión musulmana de la democracia cristiana Erdogán ¿el nuevo Ataturk? TEXTO: ENRIQUE SERBETO CORRESPONSAL BRUSELAS. Es muy posible que, de haber coincidido en el tiempo, Mustafá Kemal Ataturk habría fusilado a un político como Recep Tayip Erdogán. Es más, Ataturk, el fundador de la Turquía moderna, no habría creído jamás que el encargado de cumplir sus sueños de anclar al país en Europa habría sido un dirigente islamista, el representante de todo lo que él quiso extirpar de los restos del viejo Imperio Otomano con los que edificó la República laica que sobrevive 67 años después de su muerte. Es muy difícil que en Turquía haya una figura histórica que llegue a ensombrecer a Kemal Ataturk que literalmente significa (y así fue aprobado por ley) el padre de los turcos pero si en todos estos años ha habido alguien que se puede aproximar a ello, este es Tayip Erdogan, un líder político de 51 años que ha sabido crecer en un terreno en el que en Turquía no estaba autorizado hacerlo, el de la religión. Igual podía haber sido un imam de mezquita, porque estudió en una de las escuelas donde se forman los predicadores autorizados, un vendedor de sésamo en las calles de Estambul, o un jugador de fútbol profesional, un deporte que le apasiona y en el que empezaba a despuntar. Pero en la Universidad se encontró por primera vez con los aires de la militancia islamista y se enganchó a la acción política como un auténtico profesional, hasta llegar a conseguir dar pasos que se recordarán como hitos en la historia de su país. Nada le hacía parecerse a Ataturk. Mustafá Kemal nació en Salónica, hoy Grecia pero entonces parte del Imperio Otomano, mientras que Erdogán vino al mundo en la ciudad de Rice, perdida en el Mar Negro. El uno era rubio y de aspecto mundano, estudió en un liceo liberal antes de hacerse militar, mientras que el otro es un turco de la calle, hijo de un humilde guardia costero que dejó su trabajo para trasladarse a Estambul en busca de mejores hori- zontes y que a falta de recursos acabó estudiando en una escuela islámica. Ataturk fue esencialmente un dictador que acabó de arrasar las cenizas del Sultanato y que impuso por la fuerza una República laica tutelada por los militares y Erdogán es un fenómeno que ha sobrevivido a todos los mecanismos que protegían esos principios y que al final se ha alzado con la corona de haber sido el dirigente turco que cumplió los mejores sueños de Ataturk y que ha puesto a Turquía en la puerta grande de Europa. Firmes convicciones Erdogán es un político de convicciones firmes y ha estado siempre un centímetro más allá de lo prudente, lo que en la Turquía de los militares podía ser extremadamente peligroso. Cuando se produjo el golpe de estado militar de 1980, Erdogán era un anónimo funcionario de la compañía de transportes públicos de Estambul, bajo las ordenes de un coronel retirado. A la vista de la situación, éste le pidió que se afeitase el bigote, como señal de respeto a las normas republicanas del laicismo y la imitación de Occidente. Si Erdogán hubiese hecho caso a esta advertencia, probablemente hoy sería un alto funcionario del ayuntamiento de Estambul, pero en lugar de ello prefirió negarse a cumplir la petición, con lo que fue inmediatamente despedido. Catorce años después, en 1994, Erdogan- -siempre con bigote- -era el alcalde de Estambul, elegido democráticamente, y se había convertido en el líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) Para entonces ya había estallado la guerra con los independentistas kurdos y la represión militar en el sureste de Anatolia había llenado los extrarradios de la ciudad de millones de campesinos desplazados, conservadores y religiosos, que se convirtieron en su principal fuerza de cho- que en su asalto al poder de la República en Ankara, la ciudad que fundara Kemal Ataturk precisamente para establecer una nueva capital lejos de los influjos tradicionales del viejo Sultanato. Se define políticamente a sí mismo como militante de la versión musulmana de la democracia cristiana, aunque no hace tanto que fue juzgado por haber recitado en un mitin los amenazantes versos de una canción religiosa en la que se dice que las mezquitas son nuestros cuarteles, sus cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestras bayonetas y los creyentes nuestros soldados Es entonces lo que se podría entender como un demo- musulmán o más bien se trata de un militante islamista que sigue creyendo en los mismos principios que defendía en la Universidad de Mármara cuando pedía la reinstauración de la Sharia en el país. La agenda secreta Entre Oriente y Occidente Si hay un periodo político que ha marcado la trayectoria de Erdogán, éste ha sido el de los cuatro años que pasó como alcalde de Estambul, entre 1994 y 1998. Al frente de la mayor ciudad del país, logró un espectacular índice de popularidad que le permitió encaramarse a la élite de la clase política turca, hasta entonces reservada a la aristocracia kemalista, refugiada en las instituciones de Ankara. Él fue quien empezó a hacer crecer la marea de votos hacia las formaciones islamistas que se iban sucediendo con nombres distintos para eludir la prohibición de los militares. A un Erbakán que en 1995 ganó las primeras elecciones para un partido islamista, los militares podían contenerlo. Pero al alcalde de Estambul ya nadie lo pudo parar en su camino hacia el poder. Si hay que fijarse en su comportamiento personal, Erdogán no se puede considerar como alguien que haya perdido el apego a la religión islámica. Tampoco su mujer, quien a todos los actos oficiales asiste con velo. Sus hijas, que están en edad universitaria, han sido enviadas a Estados Unidos para que no tengan que cumplir la ley turca que impide entrar en los recintos académicos con la cabeza cubierta por el pañuelo ritual. De modo que, a los que se preguntan si lo que está haciendo es fingir un sometimiento a las reglas que le pide la Unión Europea, precisamente para liberar al país de la tutela militar y dejar que fluya naturalmente el sustrato religioso hasta ahora reprimido, Erdogán responde siempre lo mismo: soy musulmán, turco, demócrata y jefe de un Gobierno laico. Cualquier otra cosa que haya escuchado son especulaciones sin sentido