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ABC DOMINGO 9 10 2005 Nacional EL DESAFÍO DEL ESTATUTO CATALÁN 21 puede quedarse fuera de un proceso de reformas tan importante. Si se hace de forma razonable, no descarto que se produzcan novedades y aproximaciones, aunque admito que las diferencias actuales, sobre todo estratégicas, son muy grandes entre PSOE y PP, y eso es lo que más me preocupa de la política española en este momento. ¿Cree que, como dice el PP, se está ante un cambio de régimen? -Eso es alarmismo. Sin dejar de reconocer que hay cosas en el Estatuto que deben de ser corregidas, que yo creo que las hay, y notables, el PP está haciendo un discurso melodramático. El PP está movido por una estrategia general contra el Gobierno y ha encontrado en este proyecto, por así decirlo, la oportunidad de cristalizar su discurso. Pero démosle tiempo al tiempo. Creo que va a haber una fase de oposición dura del PP, pero entraremos en el debate de las enmiendas y no descarto aproximaciones razonables porque es mucho lo que está en juego y es muy importante que el PP participe en este proceso, sin perjuicio de que pueda mantener algunas reservas al final. Vamos a negociar hasta el amanecer, todos, y ellos también. Sería muy importante que Josep Piqué presidente del PP catalán estuviera en la representación catalana. -De todas formas, dice el refrán que dos no pactan si uno no quiere, y aquí tenemos, para empezar un cuatripartito y luego el PP, y... -Más que un cuatripartito, hay un Estatuto que ha venido aprobado por una amplísima mayoría del Parlamento catalán. Nosotros vamos a defender un modelo con tres grandes límites: tiene que ser constitucional, contemplar un modelo de financiación generalizable y dar como resultado un Estado funcional, con instrumentos y recursos que le permitan ejercer la defensa del interés general y de la igualdad de todos los españoles. Respondiendo a esos tres principios vamos a presentar un conjunto de enmiendas y a intentar pactarlas, con los que han presentado el Estatuto, sí, pero en ese diálogo no estará marginado el PP, que tiene el mismo derecho que nosotros a enmendar. Negociaremos y buscaremos el acuerdo con todos. Y digo más: este Estatuto acabará con un gran acuerdo. Si puede ser de todos, mejor; si no es con todos, nos gustaría que las discrepancias fueran puntuales. No creo que al No me gusta nación de naciones España es una nación y un Estado configurada como tal a lo largo de siglos El Estatut bordea en muchos casos la Constitución, pero tiene vocación de insertarse en ella PP le interese quedarse completamente al margen de un Estatuto constitucional aprobado por las Cortes. Hay que desdramatizar y darle una oportunidad al juego democrático y al pacto que viene. ¿Cómo es posible que el partido del que es primer secretario un ministro del Gobierno respalde un Estatuto que ese Gobierno quiere enmendar a fondo? ¿No hay cierta esquizofrenia en esta situación? -El PSC, que encabeza el ministro de Industria, ha visto rechazadas casi cincuenta enmiendas y eso ya es una buena base para justificar las discrepancias del PSOE. El Parlamento catalán elabora su propuesta con libertad abso- luta, y en ese derecho se ha inscrito el PSC, pero el PSC siempre ha reconocido el mismo derecho al PSOE y a las Cortes para jugar el segundo tiempo del partido. Y el único resultado posible es el pacto, porque lo contrario es el fracaso para todos. El PSOE va a ser un partido serio y firme, y al tiempo me remito. Somos un partido vertebrador del país. Nosotros hemos hecho el Estado de las Autonomías. Creemos en el autogobierno, pero creemos en España. Aceptamos que hay una nación catalana, pero no hay por eso menos nación española. Esto va a inspirar nuestra actitud. ¿Asume entonces la idea de España como nación de naciones -No me gusta, porque no es exactamente eso. España es una nación y es un Estado que se ha configurado a lo largo de los siglos como tal, pero históricamente la vertebración de su idea nacional ha sido particularmente compleja porque su realidad interior es muy plural y diversa. España es así. A veces hacemos demasiados dramas con los nacionalismos y con los separatismos. El gran reto es construir España con ellos e integrarlos. El Estatuto catalán plantea la oportunidad de estabilizar el modelo de integración de Cataluña en la España plural por varias generaciones. Y conviene precisar que a esto no llegamos porque alguien se haya vuelto loco: llegamos en gran parte porque en la década de los noventa, y sobre todo en la última etapa de Aznar, se genera en Cataluña un agravio autonómico y económico. Es verdad que el Estatuto llega con una plataforma extrema, pero también es inteligente pensar que esto es lo que viene de allí; y allí tienen que admitir que, con la misma legitimidad con que ellos han hecho sus reivindicaciones, los que velamos por el interés general de España hagamos las nuestras. Entre todos encontraremos un equilibrio y un acuerdo. -Pero existe un amplio temor a que este proceso de reforma ponga en peligro la unidad de España... -Hay una sensibilidad exacerbada en gran parte porque nuestro sistema político tiene la peculiaridad de que los partidos nacionalistas son bisagras de la gobernabilidad de España y esto no admite correcciones legales hechas entre dos partidos contra otros. No es bueno, ni siquiera viable. Cambiar la Ley Electoral significaría poner patas arriba nuestro consenso y a eso no hay que llegar, como no hay que poner patas arriba el modelo autonómico con este Estatuto. Nuestro modelo autonómico se está copiando en muchos países. Claro que tiene desajustes, y vamos a intentar que funcione mejor, pero no se va a romper nada. El mundo de ETA ha diseñado un escenario de final de la violencia Jáuregui rechaza que puedan establecerse conexiones entre la reforma del Estatuto de Cataluña y la problemática vasca Por el contrario, sostiene que el proceso de fin de la violencia, si lo hay y si cuaja, va a ser más largo y no va a haber convergencia cronológica con el Estatuto catalán -Se ha dicho mucho que algo se mueve en el País Vasco. ¿Qué se mueve? -Hay una conjunción de circunstancias desde el verano de 2004. La primera y más importante es que hemos derrotado a ETA desde el Estado. Paralelamente se producen el 11- S y, fundamentalmente, el 11- M. Y, en tercer lugar, es muy importante el abandono de la violencia por el IRA. ETA siempre se ha mirado en el IRA, que es el espejo en el que han reflejado su trayectoria, y se han quedado solos. No hay ya ningún otro movimiento terrorista de liberación nacional prácticamente en ningún lugar del mundo. Además, Zapatero ganó las elecciones y retiró las tropas de Irak. A partir de todo eso, probablemente ese mundo dice ahora o nunca Cabe pensar, por lo que sabemos y por lo que percibimos, que ese mundo probablemente ha diseñado un escenario de final de la violencia. Eso es lo que se mueve. Naturalmente, sus pretensiones no son las nuestras, pero estamos probablemente en una fase de esta naturaleza, que no es explícita, sino tácita, que vivirá momentos contradictorios y que, como ha dicho el presidente del Gobierno, será larga, dura y difícil. ¿Ha llegado el momento de negociar con ETA? -No, tajantemente no. El abandono de la violencia, de forma inequívoca e irreversible, es condición sine qua non para cualquier diálogo. Mientras eso no ocurra, el Gobierno mantendrá una estrategia que es de respeto absoluto a la marcada por el anterior, incluida la ilegalización de Batasuna. ¿No sería precisa una mayor unidad política? -Sin duda. Zapatero no ha hecho nada que permita una censura por parte del PP, que debería tener una actitud más leal. Aunque no haga el mismo diagnóstico, el Pacto Antiterrorista dice que el partido de la oposición no puede discrepar públicamente.