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ABC DOMINGO 9 10 2005 Nacional 15 Análisis ESTATUTO DE CATALUÑA La otra constitución El proyecto de nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña que ha de sustituir al vigente de 1979 ya está en el Congreso. Su trabada gestación, con la incertidumbre de CiU hasta el final, ha permitido que vea la luz un texto concebido más como una constitución autonómica sustituta de la Carta Magna de 1978 para Cataluña que como un Estatuto. Es la otra constitución TEXTO: MANUEL MARÍN, YOLANDA GÓMEZ, PALOMA CERVILLA ILUSTRACIÓN: MIKEL CASAL MADRID. El año 2005 se abrió con la sorpresa del repentino envío al Congreso de un proyecto de reforma de un Estatuto de autonomía que encerraba en sí mismo, y sin disimulo, un golpe inmisericorde a la Constitución; y se va a cerrar con la polémica llegada a las Cortes de otra reforma estatutaria salvada literalmente en el último segundo, pero que circula con luces de emergencia por avería. El primero, impulsado por el lendakari, Juan José Ibarretxe, albergaba un imposible proyecto de transformación del País Vasco en un estado libre asociado a España. Sin más. Ni siquiera superó el primer filtro y murió, víctima de sí mismo, sin haber podido gozar de una sola bocanada de aire. En su propio título llevaba inscrito el epitafio. El segundo proyecto, amartillado sin descanso durante casi dos años en las fontanerías del Parlamento catalán mientras sus tuberías sufrían fugas permanentes, acaba de entrar en el Congreso para triunfo parcial de una Cámara autonómica ahogada en su propio descrédito; para consuelo de un tripartito tan nacionalista como republicano; para que la cabizbaja CiU recupere el punto de protagonismo que imploraba; y para inquietud de un Gobierno cuyo responsable, José Luis Rodríguez Zapatero, es quien a fin de cuentas asumió como una obligación redefinir el modelo de Estado y quien, en última instancia, ha evitado el golpe de gracia del texto catalán para promover su reencauzamiento en Madrid. Entre medias de ambos, sin ser ni de lejos el dislate jurídico- legislativo planteado desde el País Vasco ni el sibilino engranaje pseudo- constitucional gestado en Cataluña, emergió la reforma estatutaria de la Comunidad Valenciana co- mo modelo y línea roja que marque los límites. Límites que el Estatuto catalán, concebido como una constitución paralela a la vigente pero exclusiva para Cataluña, parece rebasar en muchos aspectos. Esta es la base de este texto. Nación El preámbulo y el artículo 1 definen a Cataluña como nación Cataluña está en un proceso de construcción nacional Todo el proyecto gira en torno a la consideración de que Cataluña es una nación. Sin esta base, el resto del Estatu- to no tendría sentido ha admitido Carod. Por ello, no resulta extraño que las primeras palabras del preámbulo- -carente de eficacia jurídica, pero con una enorme carga simbólica- -no sean otras que: La nación catalana ha venido construyéndose en el curso del tiempo con las aportaciones de energías de muchas generaciones, de muchas tradiciones y culturas, que han encontrado en ella una tierra de acogida Incluso, alude a España en tono de sumisión con expresiones como: Cataluña considera que España es un Estado plurinacional hoy Cataluña, en su proceso de construcción nacional o el presente Estatuto define las instituciones de la nación catalana y sus relacio- nes con los pueblos de España en un marco de libre solidaridad (sic) con las nacionalidades y regiones que la conforman Y es que Cataluña deja de ser nacionalidad para definirse como nación y, por tanto, se atribuye un estatus diferenciado del resto de Comunidades. Pero más allá del preámbulo, esta consideración queda regulada formalmente en el artículo 1- Cataluña es una nación algo incompatible con el artículo 2 de la Carta Magna, que concede al concepto nación una musculatura jurídico- constitucional asociada a la idea de soberanía y, por tanto, a la idea de España. El artículo 1 del Estatuto no podrá ser aprobado en su actual redacción sin una reforma previa de la Constitución. Lengua Se instaura el derecho de conocer el castellano y el deber del catalán Se establecerán las medidas necesarias para cumplir este deber El conocimiento de la lengua catalana ya no será un mérito añadido para los residentes en Cataluña a la hora de acceder, por ejemplo, a un empleo público. Será una obligación, un deber impuesto por ley. El catalán es la lengua oficial de Cataluña. También lo es el castellano, que es la lengua oficial del Estado español reza el texto, que añade que todas las personas en Cataluña tienen el derecho de utilizar las dos lenguas oficiales, pero además tienen el derecho y el deber de conocerlas. Para asegurarse, los poderes públicos de Cataluña deben establecer las medidas necesarias para facilitar esos derechos y el cumplimiento de este de-