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6 Opinión DOMINGO 9 10 2005 ABC AD LIBITUM PROVERBIOS MORALES LOS BISBES, EL ESTATUT Y RAJOY NCE obispos, todos los de Cataluña, se han reunido para reflexionar- -con serenidad, no faltaba más- -sobre la propuesta de Estatut, aprobada en el Parlament por gran mayoría, que ya espera turno en el Congreso de los Diputados. La consecuencia de tan notable pleno de la Conferencia Episcopal tarraconense se concreta en un comunicado en el que los obispos, sin querer imponer nada en aquello que es opinable para los cristianos unánime y resueltamente dan su apoyo a todo lo que aporta crecimiento al país, refuerzo a la lengua y a la cultura propias de Cataluña y proyección de futuro a la sociedad catalana No es nada nuevo que alM. MARTÍN gunos bisbes, como MarFERRAND tínez Sistach, Pujol o Vives, ya habían anticipado en sus homilías la sustancia de esta doctrina católiconacionalista; pero ahora sorprende la oficialidad de un sermón que, en defensa del Estatut, se opone frontalmente a lo que es doctrina constante en la radio de la Conferencia Episcopal Española, la que preside Ricardo Blázquez. El apoyo de los obispos catalanes, de uno en uno o en cuadrilla, a los turnantes miembros del Govern no es nada nuevo en una estructura social, cerrada y bloqueada por el idioma, como la que han dispuesto los nacionalistas catalanes. La novedad reside en que ahora los obispos disparan contra el PP y sus cuadros, mucho más cercanos a la doctrina de la Iglesia y defensores de sus intereses y postulados que los integrantes del tripartito catalán. Ya veremos cómo responden los demás porque, en estos momentos y al hilo del Estatut y su peripecia, Mariano Rajoy parece haber comenzado una campaña, incluso con más brío del que le conocemos, para sacar a José Luis Rodríguez Zapatero de la gran competición política nacional. Cuando reaccione, si lo hace, la Conferencia Episcopal Española- -tan desdibujada, tan átona- -habrá que ajustar estas apreciaciones; pero lo que sí parece claro es que Rajoy y su equipo pensante se equivocan al centrar su puntería operativa en la figura de Zapatero. Si su campaña fuera un éxito y el presidente del Gobierno tuviera que adoptar medidas de retirada, como la convocatoria de unas elecciones anticipadas, ¿de dónde iba a sacar el PP un oponente con menos enjundia, talento más corto y resolución más flaca? Las victorias se alcanzan, cuando se puede, por dos caminos principales: los méritos propios, que desgraciadamente no abundan en la calle Génova, o por deméritos ajenos. En estos últimos, visto lo ya visto, no será fácil que aparezca en nuestro horizonte político un personaje más fofo y menos nutrido de ideas sólidas que Zapatero. En consecuencia, el PP debiera mimarlo amorosamente e incluso destacar alguna de sus almas cándidas, tal que Ángel Acebes, para que cada noche, en La Moncloa, arrope a Zapatero en su camita. No vaya a ser que coja frío. ALTERNATIVAS O P EDRO González Cuevas, autor de una excelente biografía intelectual de Ramiro de Maeztu, acaba de publicar una historia de la derecha española recomendable por su claridad. Pero, aunque no pretende ser exhaustiva, la historia de González Cuevas desciende tanto a pormenores que el lector corre el riesgo de olvidar el triple origen de la derecha española: carlismo, canovismo y liberalismo sagastino. La derecha revolucionaria y totalitaria- -representada por el falangismo- -constituye en esta historia un epifenómeno pasajero, aún dentro del régimen franquista, que la desechó en aras de una identidad basada en el tradicionalismo depurado de sus excrecencias dinásticas. Tres orígenes, por tanto, como también eran tres las fuentes que René Rémond asignó a la derecha francesa: legitimismo, bonapartismo y orleanismo. Fuera de la coincidencia en el número de los hontanares, la derecha española y la francesa se parecen muy poco. Por supuesto, si uno pretende hallar un número mayor de relaciones entre ambas, puede rastrear los precedentes hasta la década final del siglo XVIII. El tradicionalismo JON español debe algo al francés (pero no tanto JUARISTI como han querido algunos, y singularmente Javier Herrero en su ensayo sobre los orígenes del pensamientoreaccionario español) Sinceramente, nocreo que losconservadores ni los liberales puedan reclamar como precursor a un Jovellanos que fue, ante todo, un hombre del Antiguo Régimen, aunque de un Antiguo Régimen en crisis terminal. Y, desde luego, todos los liberalismos existentes tienen algo que ver con las revoluciones americana y francesa. Pero todo esto es prehistoria. La derecha española nació con la Restauración. Ni el canovismo fue la simple continuación del moderantismo isabelino, muchos de cuyos efectivos se habían pasado al carlismo, ni el liberalismo de Sagastaderivó directamente delpartido progresista. Es interesante, en tal sentido, la caracterización que Agustín Calvet, Gaziel, hace de la Restauración como un sistema en ruptura con toda la historia anterior (véanse, a este respecto, sus Meditaciones en el desierto, que acaban de ser publicadas en español) Gaziel, un liberal catalán, no nacionalista pero anticastellano, interpreta la Constitución de 1876, obra de Cánovas, como una imitación burda y posibilista, aunque eficaz, de la de la Tercera República francesa, lo que no resulta tan caprichoso como pueda parecer a primera vista. La diferencia histórica fundamental entre la derecha francesa y la española radica en que la primera nunca afrontó abiertamente el riesgo de una revolución comunista (ni siquiera en 1871 y, mucho menos, en 1968) De ahí que los ímprobos esfuerzos de la izquierda por identificarla con el colaboracionismo hayan fracasado. Hubo colaboracionistas de derechas, claro, si bien los casos más representativos (Laval, Doriot, Drieu la Rochelle, Céline) son de antiguos izquierdistas pasados a la extrema derecha fascista o abiertamente pro- nazi. No es difícil encontrar en la resistencia de izquierdas gentes con una trayectoria inversa, comenzando por el propio Mitterrand. La gran figura de la resistencia nacional francesa, De Gaulle, así como bastantes de sus seguidores (Jean Moulin, por ejemplo) encarnaban la tradición de la derecha de origen bonapartista. Pero hubo además legitimistas en las filas republicanas de la Francia Libre, y no sólo en el círculo antinazi del Conde de París. En España, la derecha secundó la rebelión militar contra la II República, y recordarlo es una perogrullada. Pero hacer abstracción de factores como el hundimiento de la legalidad republicana bajo el embate revolucionario de la izquierda o como la persecución religiosa no ayuda a comprender por qué la derecha liberal y conservadora se disolvió en el magma tradicionalista y falangista. A la larga, la identificación del franquismo con la derecha antidemocrática tuvo una consecuencia previsible: una vez desaparecido el régimen, la derecha en su conjunto se identificó con las dos tradiciones negadas por aquél. La extrema derecha totalitaria quedó reducida a una expresión mínima y la tradicionalista desapareció prácticamente, incluso en aquellas regiones donde el carlismo había tenido un amplio arraigo popular. La Constitución de 1978 no exoneró a la derecha española de su pasado franquista ni a la izquierda del suyo, insurreccional y totalitario. Lo que hizo fue tender sobre ambos un velo de olvido y sentar un gran pacto nacional que excluía a las derechas e izquierdas totalitarias y a los secesionismos. No hay vías alternativas por las que no transiten los viejos demonios. PALABRAS CRUZADAS ¿Qué vínculo transatlántico hay que establecer entre EE. UU. y Europa? COOPERAR SIN SERVILISMO ÓMO van a vivir de espaldas uno a otro Europa y Estados Unidos? ¿A quién se le ocurre? Hay estadios previos a la política, NY es una ciudad casi europea, Dublín un barrio de Brooklyn. ¿Cuál es el aliado incuestionable para el 72 por ciento de los franceses? Estados Unidos, evidentemente. América y Europa han de hacer frente a graves problemas. En España algunos políticos han colaborado a restablecer puentes (M. Rajoy, R. Rato, M. A. Cortés... Pero los grandes problemas se desarrollan a través de las décadas: desde hace tres hay un deslizamiento americano hacia el dinero. Llamamos dinero a un producto múltiple y maravilloso, que mide y resuelve muchas piezas de la civilización. Pero hay lapsos históricos en DARÍO que el dinero se convierte en único valor. El VALCÁRCEL único. Entonces la sociedad entra en fase de pudrimiento. Bush, Cheney y Rove representan el dinero como único valor. Perle, Aznar o Kagan sirven a ese programa con un cierto desprecio a Europa. Perle fue expulsado del Pentágono por tráfico de influencias. Aznar, un excelente jefe de gobierno durante el primer mandato, se deslizó hasta estrellarse con la invasión de Irak (Günter Grass, La victoria nos vuelve idiotas Robert Kagan es el inventor de una de las grandes banalidades del siglo XX, Venus y Marte. No es bueno que las ideas grandes- -la relación trasatlántica- -sean defendidas por nombres inviables. EL QUE NOS PERMITA SOBREVIVIR ¿C S ON muy pocos los que discuten la necesidad de mantener el vínculo entre las democracias de ambas riberas del Atlántico. El problema reside en que son muchos en esta orilla los que creen que éste es hoy un vínculo entre entidades tan iguales que desde aquí podemos decir a los de allí lo que pueden y no pueden hacer con su Ejército ante amenazas que son comunes a todos nosotros. Mientras nosotros gastemos en bienestar social y ellos en Fuerzas Armadas, mientras Europa ponga pensionistas en la Costa del Sol y Estados Unidos ponga los muertos casi sin chistar- -aunque algún diario español saque en portada a una manifestante frente a la Casa Blanca retirada a la sillita de la reina -el vínculo transatlánRAMÓN tico seguirá acercando entidades esencialPÉREZ- MAURA mente distintas. Mas la base será siempre la misma: nuestra raíz cultural juedocristiana, que ha desarrollado entre nosotros antes que en otras latitudes la democracia liberal. Un principio que el vínculo transatlántico debiera ser capaz de exportar a otras regiones del globo si nuestra democracia quiere sobrevivir frente al fundamentalismo. De Gaulle logró figurar entre los ganadores de la II Guerra Mundial después de estar Francia con Alemania la mayor parte del conflicto. Chirac querría ser De Gaulle y ha conseguido alejar a Francia del vínculo transatlántico más que Afganistán. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate