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62 Cultura SÁBADO 8 10 2005 ABC CLÁSICA Ciclo de la Comunidad de Madrid R. Schumann: Escenas de Fausto Int. I. Monar, Th. Mohr, A. Armentia, P. Lika, A. Jun, A. Moreno- Lasalle, S. Chaves, M. Rodríguez Cusí, A. Prunell. Coro de Rtve. Esc. del Valle de los Caídos. Orq. y Coro de la Comunidad de Madrid. Dir. F. Paul- Decker. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 4- X FLAMENCO Festival de Telek Cante: José Menese, Antonio Pitingo, María Toledo y Alberto Soto. Guitarra: Rafael Riqueni, José María Molero, El Mami y Santi Herrero. Lugar: Auditorio 1 de Mayo Fecha: 5- X. TENTAR AL DIABLO ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE EL SIGUIRIYERO JOSÉ MENESE MANUEL RÍOS RUIZ D ecir que la Orquesta de la Comunidad de Madrid ha comenzado la temporada echando el resto puede resultar una falsedad además de una exageración. Por delante asoman la oreja veintidós conciertos que, como ya ha habido ocasión de escribir, se configuran en un proyecto sumamente ambicioso de contenido y exigente de cara a su interpretación. Algo digno de una afición dispuesta a deleitarse con inusitadas aventuras musicales. Sin embargo, apenas se han sentado en las butacas los aficionados habituales de la agrupación, cuando ya han sonado las poéticas y ambiciosas Escenas de Fausto compuestas por Schumann. Junto a la Orcam estuvieron el Coro de la entidad, el de Radiotelevisión Española, la Escolanía del Valle de los Caídos y un plantel de cantantes que no dejaron de pasearse por el escenario, entrando y saliendo, según cada intervención. Acabó por ser demasiado movimiento, aunque preferible a la internacionalizada moda de salir a trabajar con la garrafilla de agua. Una obra de Klimt en la exposición del Grand Palais AP El Grand Palais de París reúne a los maestros del arte de la Viena de 1900 La magna exposición incluye un centenar de obras de Klimt, Schiele, Moser y Kokoschka gran capital de la cultura europea al comienzo del siglo XX. Allí surgieron el psicoanálisis, la dodecafonía, el positivismo lógico... El arte no fue a la zaga J. P. QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. El Grand Palais presenta una gran exposición titulada Viena, 1900, Klimt, Schiele, Moser y Kokoschka que ilustra de manera deslumbrante la voluptuosa y turbulenta germinación de la modernidad en la antigua capital del difunto Imperio Austro- húngaro. Hay quienes piensan que Viena fue, antes que París, Berlín, Moscú o Nueva York, la cuna profanada de nuestra modernidad. Los biógrafos de Wittgenstein, Mahler, Loos, Popper, Schönberg insistieron todos en afirmar que, en verdad, Viena fue, hacia 1900, el ojo de un ciclón que transformaría, entre otros huracanes, la historia del arte y la cultura de nuestra civilización. Esta magna exposición intenta ilustrar la vertiente artística de tan fabulosa aventura, sirviéndose de más de un centenar de obras maestras de Gustav Klimt (1862- 1918) Egon Schiele (1890- 1918) Koloman Moser (1868- 1918) y Oscar Kokoschka (1886- 1980) Se trata de una suerte de prolongación de la gran exposición París- Viena que presentó el Centro Pompidou a finales del siglo pasado. En esta ocasión, la Viena decadente de algunos de sus más grandes pintores ilustra la vertiginosa b Viena fue la A la Orcam le queda por andar El caso es que al frente de todos ellos ha estado el maestro Franz Paul- Decker a quien la veteranía le demanda tener a su cargo agrupaciones muy hechas en el repertorio. Y, paradójicamente, a la Orcam le queda por andar, lo cual produjo como consecuencia un comienzo errático que aún se convirtió en algunos problemas de continuidad, al margen de ciertos desajustes y poco definida personalidad sonora. Lo sufrieron los cantantes, en primer lugar el coro infantil que, por contra, tan simpático estuvo ejerciendo de Lémures. Luego la unión de los dos grandes coros, ganando poco a poco en entidad y peso. Bien es cierto que con la llegada de la tercera y última parte todo se asentó, de manera que si el protagonista, Thomas Mohr, divagó monótonamente como Fausto hasta marcar el compás con la partitura, luego ofreció un final que, en sintonía con sus otros papeles, le sirvió para aclarar la voz, cantar con mayor soltura y hacerlo con un lirismo de mejor cuño. Se mostró con intencionada expresión Isabel Monar, penetrante y no siempre templada Arantxa Armentia, notable por la gravedad vocal y volumen de Attila Jun, cantó con eficacia Peter Lika y manifestó tendencia a destemplarse el tenor Agustín Prunell. carrera hacia el fin, a paso de carga, desde una óptica intimista, carnal, bellísima, feroz, tierna y desesperada. Klimt, Schiele, Moser y Kokoschka cuentan la cara oculta más íntima y secreta de tal vía crucis de un Imperio difunto: escenas de cama y de sexo contempladas con una sensualidad incandescente, celebraciones de los cuerpos desnudos a la espera de un fin que no tardaría en llegar, anhelos de una voluptuosidad sin fin. En Berlín, en Moscú, en Nueva York, en París, la modernidad precipitó la crisis generalizada de todas las artes, para desembocar muy pronto en Dadá, la muerte del arte, la abstracción. En Viena, por el contrario, la agonía de todas las artes es una suerte de majestuoso canto de cisne, llamado a glorificar las técnicas tradicionales más exquisitas, los escorzos menos convencionales de las viejas sabidurías pictóricas. En el resto de Europa, el horror ante el infierno que no tardaría en llegar, en los campos de batalla de las grandes carnicerías de la Primera Guerra Mundial, causó estragos devastadores. Los artistas se dejaron llevar hacia el abismo del nihilismo sin fin, principio de la abolición de los antiguos cánones renacentistas. En Viena, los pintores y dibujantes jamás abandonaron el lápiz y el pincel: sólo terminaron por utilizarlos para dejar constancia de las tribulaciones más íntimas de la carne, contemplando la agonía y el fin que llegaban, sin remedio. scribió Federico García Lorca glosando el cante por siguiriya de Silverio: Su grito fue terrible. Los viejos dicen que se erizaban los cabellos, y se abría el azogue de los espejos Recordábamos estos versos escuchando el cante por siguiriya de José Menese, con el que remataba su dignísima actuación, en la que ya había interpretado con su maestría indiscutible unas recias bamberas, unos peleados tarantos y una tanda solemne y jondísima de soleares. Y fue en las siguiriyas donde se remontó sobre lo magistral, para darle sitio al arrebato sentido, entrañado, emocionante. Y su quejío siguiriyero, pues quejío terrible y conmovedor, y nunca grito, es su ayeo en lamento, puso colofón de bandera a la velada flamenca, presenciada por un numeroso público que le ovacionó largamente. José Menese mantiene su pabellón artístico desde el ayer al futuro con una cabalidad fuera de serie, fiel a sus principios irrenunciables: la ortodoxia y la jondura. Una actitud que, hoy en día, le distingue y le aureola ante la afición más exigente. E Riqueni, música personalísima También tuvimos la suerte, una vez más, de escuchar la guitarra singularísima de Rafael Riqueni. Interpretó tres piezas propias de concierto, entre ellas la que nos parece una obra magnífica: Las campanas de Santa Ana aires de siguiriyas de una originalidad inusitada, que revelan la capacidad de creación de un maestro de la música andaluza. Después acompañaría con su sonanta el cante de Menese, redondeando así su triunfal presencia en el festival. Completaron el cartel el joven cantaor Alfredo Soto, que dijo a su personal entender alegrías, fandangos y colombiana, con el bello toque de Santi Herrero; Antonio Pitingo, otra nueva promesa cantaora, por soleares, granaína y canciones por bulerías, con la excelente guitarra de El Mami; y María Toledo, junto al maestro tocaor José María Molero, para ofrecer su repertorio: tonás, alegrías, soleares y bulerías. El respetable se mostró sumamente generoso con ellos, aplaudiéndoles con ganas. A ver si se aplican y progresan, porque hace falta savia nueva en el género.