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60 Cultura SÁBADO 8 10 2005 ABC LUIS MATEO DÍEZ Novelista y académico El problema gravísimo de España es que tenemos muy malos políticos MADRID. -El primer relato de su libro glosa la pobreza como pasión interior. ¿Existe? -Esta historia, como en las fábulas del sentimiento, es extraordinariamente contradictoria con determinados valores y usos de la sociedad del bienestar en que vivimos. En El fulgor de la pobreza alguien que es rico, un industrial, una persona instalada, de pronto cobija en su interior una semilla que le va creciendo, que le inquieta, que le va desnortando y que parece que va alimentando apasionadamente la conciencia de que él no es ése que se mira en el espejo. Sería un poco como aquel Gregorio Samsa que se vio hecho una cucaracha. -Pero, ¿él cómo lo siente? -El tipo percibe tal vez el resplandor de un destino personal que estaría más cerca de la plenitud y ése sería un destino de despojamiento absoluto y de aceptación de esa especie de pasión interior que le haría ser un pobre. No un pobre de espíritu, ni de solemnidad, ni un pobre por degradación, sino un pobre que encontraría ese camino orientalista o ese camino también cristiano que nos hizo ver que la pobreza podría ser un valor en el equilibrio interior de lo que somos. Sería el contraste de alguien que parece que lo tiene todo, que está lleno de ocupaciones y de preocupaciones relacionadas con la materia de las cosas, con el dinero, con el éxito y con el poder frente a la acumulación de una profunda satisfacción interior. -Cada vez sus fábulas pertenecen más al género del misterio. ¿Es usted un escritor misterioso? -Son misteriosas y tienen tramas misteriosas, en algunos casos hay suspense y nunca sabes a ciencia cierta lo que está sucediendo. Inquietan porque son historias inquietantes, tal vez perturban porque son historias conturbadoras y nada complacientes, pero abren una mirada o una posibilidad de que tú te contemples en un espejo que te hable de cosas hondas de tí y que reconozcas secretos que puedes compartir. No son reflexiones puras y duras de pensamiento; estas fábulas tienen mucho que ver con el destino emotivo de los seres que padecen estas crisis o miradas en el abismo. La mano del amigo segundo relato, glosa los límites de la amistad. ¿Cuáles son? -La amistad es el bien más generoso. Es la exaltación de los afectos en la entrega a los demás. Presento una fábula un poco de límites, como el corto camino que hay del límite de la amistad a la enemistad o al aborrecimiento; cómo algo tan noble, maravilloso y hermoso se contamina con la envidia y de pron- Hoy presenta en Madrid El fulgor de la pobreza su última obra. El escritor analiza aquí ficción y realidad y cómo se resquebraja España: tipos en crisis, el lado oscuro de la vida... TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTO: SIGEFREDO Luis Mateo Díez Hay un proceso de abandono de los editores a los lectores y una búsqueda denodada de la cuenta de resultados Hoy día vivimos la llegada del III Mundo que salta las vallas. Y mientras, nos preocupa el Estatut. Es terrible to cómo dos amigos que se quieren se matan. La fábula está contada por las voces de muchos amigos que fueron testigos de una terrible historia que le sucedió a dos de ellos cuando eran adolescentes, que quedaron y se mataron. Es decir, cómo un sentimiento tan noble puede ser destructivo. El amor destruye y la amistad a veces se contamina. Hay un camino de centímetro y medio entre la amistad más noble y más cultivada y la enemistad. Es ese camino del afecto al odio fuera de lo amoroso. Es una fábula que cuenta los bienes de la amistad, pero a la contra. Glosa la contradicción de esos bienes y esa capacidad destructiva. Los sentimientos nobles a veces se contaminan de cosas menores que ensucian la vida porque somos extremadamente complejos. -Mientras las vallas se desbordan aquí nos preocupa más el Estatut. -En una sociedad tan complacida y tan turbia como la nuestra, donde todo se malvende, los valores del dinero y el éxito nos llevan a esta lejanía absoluta de la contradicción extrema de un mundo que está llamando a la puerta: sí, el fulgor de la pobreza puede conmocionar. Hoy vivimos por cuestión de límites la llegada del Tercer Mundo que salta las vallas. Y mientras pasa esto nos preocupa más el Estatut. Eso es terrible, pero ése es el problema de verdad importante que tenemos. No hay prioridad, algo muy grave nos está pasando para que en España nos miremos el ombligo. ¿A qué se debe? -Eso deriva irremediablemente hacia un gravísimo problema y es que tenemos muy malos políticos, muy malos. No se salva nadie. Yo me siento incapaz de dar razones a mis contemporáneos para explicar este mundo. Puedo explicar mi indignación y mostrar mi cabreo generalizado, pero de lo único que soy capaz es de escribir fábulas. Sí que creo que corren tiempos para que el escritor deba asumir algunos compromisos morales. Los políticos son otra historia. No está el arte hoy para bagatelas o vacuos entretenimientos, ni para Códigos Da Vinci. El arte está para indagaciones apasionantes. ¿Han abandonado los editores a los lectores? -Creo que sí. Hay un proceso de abandono de los editores a los lectores. La búsqueda denodada de la cuenta de resultados, de cómo el comercio ha entrado en el mundo editorial y de los libros- -que es por otro lado razonable ya que es un mundo industrial- -nos está llevando, como en tantas otras cosas, a una gran contradicción: la búsqueda del lector que no existe, que es quien lee un libro, pero no se engancha para el siguiente, la denodada búsqueda de ese lector que no existe porque ése es el lector más multitudinario, el que no lee. Eso conlleva el olvido hacia el lector que lee, que tiene un reto: que exige. Y decide lo que quiere. Yo creo que hay una navegación contradictoria en el mundo editorial y se está perdiendo el norte. Menos mal que algunas editoriales pequeñas están sosteniendo la vela atendiendo al lector que lee e intentando ganar lectores para la lectura. Y los lectores que ganas no son aquéllos que ganas para entretenerles un rato, sino que los ganas para la pasión. Y no te abandonan.