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26 Internacional SÁBADO 8 10 2005 ABC El ex director de la CIA utiliza sus memorias para criticar a Clinton b Louis Freeh acusa al carismáti- La cuenta atrás del espíagate Karl Rove, el principal consejero de Bush, vuelve de nuevo ante el jurado presidente tendrá que declarar por cuarta vez en el caso de la espía delatada, que puede culminar con la formulación de cargos criminales PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Si hubiera que utilizar una sola palabra para todos los públicos con la que describir el estado de ánimo en la Casa Blanca, ante la recta final de pesquisas sobre el escándalo de la espía delatada, nerviosismo se quedaría corta. La noticia de que Karl Rove, el todopoderoso subjefe de gabinete de la Casa Blanca y gurú electoral del presidente Bush, tendrá que declarar la semana que viene por cuarta vez por su presunto papel en el espíagate Lo que ha sido interpretada como un pésimo augurio para la cúpula del Gobierno de Estados Unidos. Esta vez, y según han reconocido los propios abogados de Rove, la citación para testificar de nuevo ante el jurado de acusación utilizado por el fiscal especial Patrick J. Fitzgerald se produce sin garantías de que el arquitecto político de los republicanos no vaya a ser procesado. De hecho, no faltan analistas legales que interpreten una cuarta comparecencia como presagio de próximas y malas noticias sobre la implicación de altos cargos de la Administración Bush en la identificación de Valerie Plame como agente de la CIA, como parte de una supuesta vendetta política contra su esposo- -el embajador Joseph Wilson- -visible crítico de los argumentos de armas de destrucción masiva utilizados por la Casa Blanca para invadir Irak. De hecho, fuentes cercanas a Karl Rove citadas ayer por el Washington Post han expresado su genuina preocupación de que el fiscal Fitzgerald termine por presentar cargos penales contra el estratega político de mayor relevancia para el Partido Republicano desde los tiempos de Ronald Reagan. Una decisión que se debería materializar en cuestión de pocas semanas, ya que el mandato del gran jurado utilizado para investigar la delictiva filtración terminará el 28 de octubre. El cuarto interrogatorio de Rove, b El gurú político del co ex presidente demócrata de carecer de principios morales y de no haberle ayudado en delicadas investigaciones antiterroristas P. RODRIGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Dentro de esa ingente tradición de ajustes de cuentas camuflados como memorias políticas, el ex director del FBI, Louis Freeh, ha aprovechado su inminente libro sobre sus ocho vertiginosos años al frente de la principal institución policial de Estados Unidos para glosar sus más que problemáticas relaciones con el presidente Clinton, el hombre que le nominó para ese puesto de especial responsabilidad dentro de la burocracia federal. Según Freeh, devoto católico y padre de seis hijos, el desprecio llegó a ser tan recíproco como intenso. Según afirma Freeh en su libro titulado Mi FBI el gran problema durante la Administración Clinton es que los escándalos y los escándalos rumoreados, tanto los incubados como los moribundos, nunca terminaban De acuerdo al diagnóstico del responsable policial, cualquiera que fuera la brújula moral que el presidente estaba consultando, le apuntaba la dirección equivocada En un intento por marcar distancias, Louis Freeh llegó a declinar un pase permanente para entrar en la Casa Blanca, privilegio que le hubiera permitido acceder a la sede del Ejecutivo sin necesidad de ser registrado como visitante. Su insistencia en que todas las reuniones con el presidente fueran de carácter estrictamente oficial habría molestado sobremanera a Clinton. Dentro de la saga de 22 meses de investigaciones, el presidente ya se ha visto forzado a rectificar sobre la marcha. Al principio del escándalo, Bush afirmó que cesaría de inmediato a cualquier subalterno relacionado con la identificación de Valerie Plame. Declaración consistente con su política ejemplarizante en materia de seguridad nacional, pero que tuvo que ser rápidamente matizada al trascender que el caso salpicaba a Karl Rove y Lewis Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Cheney. Entonces, Bush puntualizó que esperaría a condenas formales antes de tomar ninguna decisión. Republicanos investigados La coyuntura gafada del espíagate coincide también con las investigaciones abiertas y procesamientos formulados contra los líderes parlamentarios republicanos en la Cámara de Representantes y el Senado (Tom DeLay y Bill Frist) Lo que se junta con el rosario de corruptelas protagonizado por el prominente lobbista republicano Jack Abramoff y las llamativas dificultades encontradas por el presidente Bush con la nominación de Harriet Miers como magistrado del Supremo. En condiciones normales, Miers como principal asesora legal de la Casa Blanca tendría que coordinar la respuesta legal ante procesamientos de altos cargos por el caso de la espía delatada. Pero la mujer se encuentra ocupada defendiendo su propia y contestada candidatura judicial. Divulgar la identidad de un agente secreto de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, en virtud de la Intelligence Identities Protection Act de 1982, es un grave delito federal que puede castigarse con penas de hasta diez años de cárcel. Pero para conseguir un veredicto de culpabilidad y una condena, el Ministerio Público tiene que demostrar intencionalidad y malicia. En el marco de estas pesquisas, la periodista del New York Times Judith Miller ha cumplido 85 días de cárcel por negarse a testificar. Tras llegar a un acuerdo puntual para declarar, la periodista ha cuestionado esta semana la tremenda ironía de que al final de toda esta odisea ella sea la única persona entre rejas. Karl Rove AP además de sugerir la existencia de nuevos indicios o adicionales testimonios incriminadores, también es interpretado por analistas legales como un grave riesgo legal para el alto cargo de la Casa Blanca. Al multiplicarse el peligro de que se formulen declaraciones contradictorias o inconsistentes que den pie a cargos de perjurio, falso testimonio o incluso obstrucción a la Justicia. Durante los procedimientos secretos de un jurado de acusación, los testigos no reciben la asistencia de sus abogados defensores. Políticamente, el espíagate resulta muy problemático para la Casa Blanca y no solamente por el procesamiento de una figura identificada popularmente como el cerebro del presidente George W. Bush. Un juicio serviría para reabrir todo el debate sobre los argumentos utilizados para el uso de la fuerza en Irak y arrojaría una incómoda luz sobre las duras tácticas utilizadas por esta Casa Blanca contra sus rivales políticos. El trabajo más sucio Con diferencia, la investigación más desagradable de todas las realizadas por el FBI contra la Administración Clinton fue la provocada por el escándalo Lewinsky. Según ha explicado Freeh, aquello fue como una mala película Para extraer una muestra de sangre del presidente y analizar el celebre lamparón de ADN en el vestido azul de la becaria, Clinton tenía prevista una cena en la Casa Blanca y se excusó para ir al cuarto de baño. Pero en lugar de enfrentarse al inodoro, el presidente se metió en una habitación donde le esperaban dos técnicos del FBI. El ex director del FBI también reprocha a Bill Clinton que no se implicara personalmente para lograr que las autoridades de Arabia Saudí permitieran que agentes del FBI interrogasen a sospechosos del atentado contra las torres Khobar, residencia de militares estadounidenses destruida por Al Qaida. Un juicio serviría para reabrir todo el debate sobre los argumentos utilizados para el uso de la fuerza en Irak Bush desmiente las declaraciones sobre la supuesta inspiración divina para invadir Irak DPA WASHINGTON. La Casa Blanca desmintió ayer las supuestas declaraciones del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, según las cuales había recibido órdenes de Dios para llevar a cabo la invasión de Irak. Las polémicas palabras de Bush habrían sido pronunciadas ante una delegación de políticos palestinos en el verano de 2003, cuatro meses después del comienzo del ataque al país árabe, según diversos medios informativos británicos. El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, precisó que Bush nunca hizo semejantes comentarios y que estas afirmaciones son absurdas La fuente principal de las supuestas declaraciones de Bush es el entonces ministro de Relaciones Exteriores palestino, Nabil Shaat, quien las confirmó ante las cámaras de la BBC. El presidente Bush nos comentó a todos: estoy impulsado por una misión de Dios. Dios me dijo George, ve y combate a estos terroristas en Afganistán Y eso es lo que yo hice Acto seguido, según Shaat, Bush habría recibido la orden divina para terminar con el régimen de Sadam Husein en Irak y también la de darles a los palestinos su Estado y lograr la paz en Oriente Medio.