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ABC SÁBADO 8 10 2005 Nacional EL DESAFIO DEL ESTATUTO CATALÁN 13 APOYO DE ZAPATERO Zapatero es autor del Estatuto en la medida en que generó expectativas, admitió que el proyecto podía ser y casi que debía ser ACUERDOS PSOE- PP Si se desfigura el texto y se rompe la columna vertebral del mismo no nos dejarán otra salida que pedir la retirada de la propuesta del Congreso EL FONDO DEL PROYECTO El esquema del Estatuto es el de CiU. Estoy muy satisfecho porque el discurso que se impone es el del nacionalismo que representamos SOLIDARIDAD Cataluña tiene peores servicios que los que reciben la solidaridad y, una vez pagada la solidaridad, bajamos en la clasificación por renta. Eso no se puede permitir ral y democristiano de su coalición a la vista del intervencionismo del texto? ¿Intervencionista en qué? -Economía, deporte, asociaciones, tiempo libre aborto... ¡Hasta 227 artículos! -Niego la mayor. No es intervencionista, es que le deja menos margen al Estado central para entrometerse en competencias que tienen que ser propias de Cataluña y eso nos ha llevado a la precisión. Ha sido un criterio jurídico, no político. Los expertos nos aconsejaron que fuera un texto detallista. ¿Cómo puede aceptar el Congreso un texto que atribuye facultades a la Generalitat hasta para los nombramientos en órganos institucionales que competen a las Cortes como es el caso del Tribunal de Cuentas? -Lo que dice el Estatuto es que el Parlamento catalán promoverá la modificación de leyes orgánicas que serán aprobadas o no por las Cortes y que darán cumplimiento a algunos preceptos del Estatuto. Es como los Presupuestos, que llevan su ley de acompañamiento. ¿Cómo espera que Zapatero convenza a Ibarra, Chaves o Barreda para que acepten su propuesta de sistema de financiación separada? -Pues diciéndoles que a no muy largo plazo ellos tienen que aspirar a tener el mismo sistema de financiación. En algún momento en España todos los territorios tendrán que vivir de su propio esfuerzo económico y fiscal. Esa debía ser una aspiración común en el conjunto de las Autonomías españolas. Afortunadamente la situación es muy distinta a la de hace 25 años. -Pero esa correción de desequilibrios regionales también es fruto del actual sistema de financiación autonómica que ustedes quieren romper. -No se rompe, sigue habiendo una propuesta a favor de los mecanismos de solidaridad. No queremos quedarnos todo. Quien lo presente así miente. Cataluña debe recaudar y gestionar los impuestos, también los estatales, pero aportaría al Estado por servicios y también por la solidaridad. En el medio plazo deberíamos aspirar a que todo el mundo pudiera vivir de su propia base económica y fiscal, y mientras eso no ocurra seguiría habiendo mecanismos de solidaridad de los que más tienen hacia los que menos, pero limi- tados en el tiempo y en la cuantía. Lo que ocurre ahora es que Cataluña tiene peores servicios que los que reciben la solidaridad y que, una vez pagada la solidaridad, bajamos en la clasificación por renta de las Autonomías españolas. Eso no se puede admitir, es insolidario con nosotros. ¿Usted vio a Zapatero dispuesto a aceptar esos principios? -Lo que puedo contar es lo que yo le dije, no lo que me dijo él a mi. Que CiU no votaría que sí al Estatuto si limitaba nuestra capacidad de autogobierno. -Da la impresión de que en la negociación todo el mundo ha ido de farol y al final el más sorprendido es el Gobierno. -No sé cómo han ido los demás, pero yo planteé el reto del nuevo Estatuto el 21 de octubre en 2002, cuando CiU gobernaba en Cataluña y Aznar con mayoría absoluta en España. Tres años después, esto ha salido, y como quería Convergencia y Unión. Era un programa perfectamente previsto que colmaba nuestras aspiraciones. Ha costado acercar a nuestras posiciones de tanta ambición de autogobierno a partidos que no tenían esa tradición, como el PSC, pero lo hemos conseguido. No sé si los demás están ahora cómodos con lo ocurrido, que parece que no, pero a nosotros nos llena de satisfacción. ¿Si el texto se recorta, a su juicio en exceso, pedirán elecciones en Cataluña? -Es evidente que si no se aprueba el texto en las Cortes el fracaso sería colectivo y habría que llamar a la ciudadanía a las urnas. ¿Le ha servido a Maragall el debate del Estatuto para olvidarse de gobernar, de la gestión como jefe de un ejecutivo autonómico? -Es cierto, pero no había una relación causa- efecto. Se podía haber gobernado bien y, al tiempo, promover el Estatuto. El noventa por ciento de los miembros del gobierno de la Generalitat no se ha ocupado de la reforma y, por lo tanto, podían haber dedicado su tiempo a gobernar bien, pero no lo han hecho por las propias disfunciones del tripartito, porque no hay entre ellos cohesión, proyecto común ni valentía en las decisiones. ¿Qué ha sido de la crisis del tres por ciento, en qué ha quedado? -Cuando la creó Maragall se nos acusó de chantaje y respondimos que si no superábamos eso no habría un mínimo de confianza entre nosotros para hacer cosas importantes a favor del país. Demostramos desde la oposición, a pesar de haber ganado las elecciones y pese a acusaciones tan graves como aquéllas, que nuestro sentido de responsabilidad es muy grande: incluso en esas condiciones hemos seguido promoviendo un Estatuto bueno, ambicioso. Encima, nos hemos salido con la nuestra. ¿Qué papel ha tenido Pujol en este proceso? -Voluntariamente ha intervenido muy poco, porque éste es un proyecto de otra generación del nacionalismo catalán. Pero él conocía el proceso, lo ha seguido y se ha sentido confortado por lo que ha salido al servicio de Cataluña. Ha visto que su obra tiene continuidad.