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ABC SÁBADO 8 10 2005 Opinión 7 vo odio, muerte y destrucción. Eso sí, trata de aprovechar los conflictos y los problemas irresueltos para enfrentar a las personas de credos y culturas diferentes, para intentar que éstas se vean como enemigos. No se puede permitir que las discrepancias ideológicas que desembocaron en la confrontación entre Estados en tiempos de la guerra fría sean sustituidas por contiendas étnicas, religiosas y culturales. Aquí reside a nuestro entender la importancia de la Resolución 1.624 del Consejo de Seguridad, aprobada el pasado 14 de septiembre por unanimidad, cuyo fin es luchar contra la instigación al terrorismo. Es una resolución novedosa, que nace de la convicción de la necesidad de combatir la radicalización, el reclutamiento y la difusión de ideologías que buscan incitar y legitimar el terrorismo. Para aquéllos que propugnan ideas radicales, el Islam es sólo un disfraz para socavar y desacreditar sus valores tradicionales, tal y como más de una vez han subrayado muchos de los líderes políticos y religiosos del mundo islámico. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LA BRECHA EMOCIONAL LAMAN los oyentes, hablan los tertulianos, comenta la gente que los catalanes menosprecian a los españoles y que quieren separarse. Contestan algunos catalanes que los españoles les rechazan y que tan malo es un nacionalismo como otro, que no es cierta su insolidaridad, que reclaman justicia. Ahí está la brecha. El mal ya está hecho por quien haya removido el fondo de cieno y enturbiado las aguas de la convivencia. La confrontación es entre ideas y grandes nociones, y eso es lo más peligroso porque la gente se deja la vida y la sensatez en su defensa. La raza, la nacionalidad, la religión son las grandes excusas para un odio colectivo que, MANUEL sin embargo, ante el ser ÁNGEL MARTÍN humano individual se atempera y casi disuelve como un azucarillo. En la proximidad, cara a cara, uno a uno, todos somos iguales y conciliables. Camuflados en la masa es obligado enfrentarse a otras masas. Lo pienso cuando escucho que algunos apostillan, como excusa, que no tienen nada contra los denostados catalanes, o contra los españoles o los vascos tomados individualmente, en la distancia corta y en la vida cotidiana: No me gustan como colectivo, pero luego son muy majos cuando se trata a alguno de ellos, o sea, que no hay nada personal Pero se ha ido limitando la movilidad personal, el mestizaje y la comunicación. Han ganado las divisiones administrativas, las grandes palabras, los ideales aldeanos y los estatutos maximalistas. Las instituciones disgregadoras han vencido a las personas, los derechos colectivos a los individuales, y así, ¿cómo es posible que alguien piense que sea viable la solidaridad interpersonal? Cuando el individuo pierde la cara y es sustituido por un concepto abstracto o por un contenido emocional, cualquier tragedia es posible. Es más fácil torturar, matar, humillar o despreciar a una imagen colectiva, que a un ser que llora y ríe, que tiene hijos, que es mortal, como uno mismo. Para odiar a gusto hace falta que Isaac no sea Isaac, sino un judío, y Juan no sea Juan, sino un español, y Albert un catalán. A la inversa, los subsaharianos- -negros- -lo son mientras permanecen en el anonimato, pero traspasadas las vallas de Ceuta y Melilla, maltrechos ante las cámaras de televisión, ya son individuos con rostro propio, heridas propias, sufrimiento propio. Entonces ya no son negros y por tanto es difícil rechazarlos. Ellos lo saben, y por eso se la juegan. Pero ¿cómo los españoles hemos ido hacia atrás y suplantado a las personas por construcciones sociales siempre sospechosas de artificialidad? Sin conocer los resultados de las pretensiones soberanistas de vascos y catalanes, ya podemos lamentar que se ha abierto una brecha de recelo y enemistad que no se cerrará con enmiendas parlamentarias. Alguna responsabilidad tiene la inconsciencia de Rodríguez Zapatero. L lo al descubierto. El hecho es que el desafío de la convivencia se ha visto puesto a prueba con la amenaza del terrorismo. De unos terroristas que se reclaman como musulmanes y, por lo tanto, nuestra atención se ha dirigido hacia el Islam. El Islam es la religión de una gran civilización, parte integrante del patrimonio histórico y cultural mundial. Nuestros países jamás han identificado a los terroristas con esta religión. Tampoco es el Islam político nuestro enemigo. Nuestros enemigos son los terroristas y los que les apoyan y justifican. Este terrorismo no tiene nada que ofrecer al mundo sal- España ha vivido muchos siglos bajo la fuerte influencia de la cultura islámica; Rusia es un estado eurasiático al que el Islam llegó inmediatamente después de su nacimiento. Por todo ello, Rusia y España han de aprovechar su legado histórico y su experiencia actual para contribuir a la búsqueda de soluciones a estos problemas. Los resultados de la Reunión Plenaria de Alto Nivel llevan a una conclusión: la Alianza de Civilizaciones debe permitirnos vertebrar una estrategia común. Hay que pasar del debate académico y cultural a una auténtica colaboración política y a un partenariado entre civilizaciones. Debemos centrarnos en resaltar los valores comunes que compartimos y sobre esa base construir líneas de acción política también comunes. Nuestros países están dispuestos a cooperar estrechamente para alcanzar estos objetivos, están dispuestos a trabajar juntos en aras de este consenso político y estratégico. Nos une el entendimiento de que no es posible combatir eficazmente el terrorismo sin avanzar en soluciones a los conflictos que sirven de pretexto a la violencia terrorista. A la hora de muchas incertidumbres acerca del futuro de las relaciones internacionales, la Alianza de Civilizaciones está llamada a servir de instrumento para intentar sentar las bases de un orden mundial más justo, más democrático y más seguro. PALABRAS CRUZADAS ¿Existe riesgo de división interna en el PSOE? FUERA DE LA IGLESIA... NDAN como almas en pena lamiéndose las heridas y contando sus dudas internas: no les gusta el Estatut, no les ilusiona Zapatero, creen que el presidente no tiene proyecto definido, piensan que apuesta todo a la carta de la tregua de ETA sin garantías de que se produzca esa tregua en la fecha que le conviene; se duelen de que los zapateristas no valoran el trabajo realizado en la Transición, y, además, muchos y destacados socialistas han sido siempre poco amigos de los nacionalistas, y por tanto se sienten incómodos ante un secretario general y presidente de Gobierno que se ha echado en brazos de los nacionalistas y de los que se autodefinen como catalanistas. PILAR No van a dividir el partido, pero tienen CERNUDA el corazón partido, asunto más grave que una escisión. A Felipe González le gustaba hablar de sensibilidades pero hoy las sensibilidades de los socialistas son más profundas, porque algunos de ellos, de importante trayectoria, sienten que se les obliga a apostatar aquello que siempre han defendido. No votarán en contra de lo que negocie Zapatero porque pesa la disciplina y pesa el miedo al vacío. Pero que no le quepa duda a nadie: el PSOE está dividido aunque no haya división de siglas. Fuera de la Iglesia no hay salvación dice el refrán. Eso es lo que salva a Zapatero. DEBATE NO ES FRACTURA A C OMO observador político desde hace ya muchos años, he asistido a desgarradores debates internos en el PSOE. Desde aquel de Suresnes (1974) que consagró a Felipe González como primer secretario tras una escisión. Fue la última, y mira que han pasado cosas desde entonces: el fin del marxismo, la tercera vía líos con UGT hasta la huelga general, crisis en la dirección con Borrell y Almunia, peleas congresuales... Hoy, Felipe y Guerra, por ejemplo, no se hablan, y no estoy seguro de que don Alfonso se cruce la palabra con Chaves. Con Bono, apenas buenos días Con los catalanes hay tormentas cada mes. Zapatero ha pisado muchos callos, peFERNANDO ro el grito de dolor de los afectados, los JÁUREGUI veteranos no se ha escuchado... apenas. De Maragall he oído mucho, pero con sordina. En la federación madrileña han sido vistos puñales por los aires. Y, pese a todo, ahí sigue el partido de Pablo Iglesias, que poco tiene que ver ya con don Pablo, ni con Largo Caballero, ni siquiera con Besteiro. Pero no se ha desgarrado. No creo que el Estatut, que saldrá cambiado de las Cortes (lo pienso no por optimista, sino por realista) sea dinamita suficiente para volar un entramado solidificado por el poder más que por la convicción. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate