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72 VIERNES 7 10 2005 ABC FIRMAS EN ABC Unamuno, la lengua incluye contenidos que- -insisto- -sustraen la supra- cultura española y forman conciencias potencialmente secesionistas. Y me temo que la conciencia cultural catalana no es, en cuanto a fines políticos se refiere, objetivamente diferente de la vasca. Hoy podría afirmarse sin ambages que la CE 1978 no ha servido para asentar una estructura territorial sólida, dotada de cohesión solidaria. Desde un cierto pesimismo me atrevo a vaticinar que el modelo de gestión de la educación regional podría ser la primera causa inexorable de la balcanización de España. Con creciente frecuencia surgen propuestas amenazadoras orientadas a reforzar aún más el poder de las regiones como paso previo a la propuesta de secesión y a vaciar al Estado de su función de control, tutela, armonización y cohesión de las regiones. La Constitución de 1978, siguiendo los pasos imprudentes de la Constitución de 1931, instauró a la vez un sistema político democrático y un modelo de intensa descentralización sin tener garantizada la lealtad constitucional de todos los actores. La repentina carrera de algunos partidos nacionalistas por ampliar más aún las competencias de las circunscripciones territoriales sin asegurar previamente la intangibilidad de la forma de estado y la cohesión territorial no augura tiempos fáciles. En una democracia centralizada- -el centralismo francés sí es democracia- -la Administración central habría sido capaz- -categóricamente- -de preservar, sin delegar en gestores secesionistas, la cultura, la lengua, la enseñanza o los medios audivisuales de alcance regional. Con la gestión por la Administración del Estado de esas competencias de clara dimensión política se habrían asentado las bases para la aparición de nuevas generaciones liberales, abiertas al plurilingüismo y comprometidas a la vez con la supracultura- -lengua española, cultura suprarregional- No es conceptualmente imposible devolver algunas competencias extraviadas a gestores nacionales desde un planteamiento radicalmente novedoso: el Estado democrático tutela y mima, como propias que son, las lenguas y culturas regionales. Esto no es incompatible con la preservación de la delegación en regiones históricas que, como Navarra, acrediten una impoluta lealtad al Estado y una gestión honesta del bilingüismo. Desde el realismo, probablemente ya no es posible ni la reversión competencial ni una ferviente re- españolización de las regiones históricas. Vienen, pues, tiempos interesantes y retos complejos. Pero no todos los estados multiculturales se han balcanizado. Miremos a Suiza: no pocos se temían la fragmentación del estado cuando se produjo la rebelión militar de los siete cantones católicos frente a la Dieta de Berna. Tras la capitulación de los cantones rebeldes la Dieta- -el gobierno central- -transformó- -desde una generosidad radical- -la vieja liga de estados en un estado federal de fuerte contextura bajo principios de solidaridad interregional. La debilidad económica de ciertas regiones de España añade riesgos y reflexiones adicionales y requiere- -sin demasiados eufemismos- -una aportación generosa- -pero no necesariamente incondicional- -de la ciudadanía española. NÉSTOR URIBARRI ¿INQUIETANTE CANTONALIZACIÓN? La cultura y la enseñanza son materias esencialmente políticas... O es exagerado afirmar que el título VIII de nuestra Constitución De la Organización Territorial del Estado implica el mayor riesgo de desmembración territorial desde la Constitución de Cádiz. Ninguna de las diez últimas constituciones, con excepción tal vez de la republicana (9 XII 1931) entregó a las regiones competencias de tal calibre. El Parlamento Español al apostar- -desde la soberanía constituyente- -por el traspaso a las regiones de amplias competencias en materia de lengua, cultura y comunicación, entendió que el nacionalismo se vería satisfecho con la recuperación de su identidad cultural. Se equivocó. La cultura y las lenguas regionales han servido sobre todo para movilizar eficazmente la ideología nacionalista blandida por partidos interesados sobre todo en forjar las bases o presupuestos de futuros estados escindidos del Estado Español Sin embargo, la Constitución española configura- -no con ortodoxo tecnicismo- -un estado unitario. Es decir, el Estado Español es un estado unitario fuertemente- -exageradamente tal vez- -descentralizado. Es cierto que las peculiaridades de nuestra organización territorial han alimentado algunas especulaciones de nuevo cuño en torno al modelo de Estado. Algunos incluso han creído ver en el ingente volumen de competencias traspasadas a las nuevas regiones formas federales o incluso fragmentos de Estado. Pero no nos engañemos: como bien explica el profesor Gallego Anabitarte ni el volumen de competencias ni la forma de asignarlas sustituyen el criterio decisivo. En el Estado Unitario sólo el Estado Central tiene el poder originario. El riesgo se agrava si observamos el talante de los partidos nacionalistas de hoy, que son casi los mismos que desde el romanticismo- -en algunos casos xenófobo y excluyente- -enunciaron hace un sipopular española debieron ocuparse no sólo de la conservación de las peculiaridades regionales sino, además, de preservar el acervo cultural español. Y no lo han hecho. En las Comunidades Autónomas históricas se ha manipulado la educación de una manera tan sofisticadamente extrema que ni alumnos ni profesores se sienten hoy partícipes del proyecto lingüístico y cultural del Estado. Los modelos lingüísticos no han sido herramientas de comunicación; han sido sobre todo estrategias de contenido que por acción o por elaborada omisión han fabricado innumerables mentes adolescentes extrañas u hostiles a España y fácilmente manipulables frente al proyecto sociocultural del estado. Pierre Vilar en su historia de España subraya la paradoja que existe entre la precocidad de la unidad política española (S. XV) y la patología de federalismo institucional que renace periódicamente. La eclosión de los nacionalismos en la década de los sesenta probablemente demandaba una postura menos condescendiente en materia de competencias de carácter político (Título VIII de la Constitución Española) En los albores del siglo XXI, no se trata- -como en la dictadura- -de superar las culturas y lenguas autóctonas por obsoletas o inútiles. Se trata desde una concepción dinámica de la cultura de preservar los progresos- -titánicos- -en materia de homogeneización cultural en la España contemporánea y- -al tiempo, desde un juego de honesta yuxtaposición- -aceptar, fomentar, gozar de la pluralidad cultural del Estado español. Wilhem Von Homboldt anunciaba hace dos siglos que con toda seguridad se hundiría la lengua vasca. Afortunadamente Humboldt se equivocó: el número de escolares en el modelo de inmersión total supera con creces el de alumnos que cursan sus estudios en castellano. Esto no sería preocupante si la lengua jugara un papel neutro- -es decir- -si la lengua se presentara como parte del repertorio multicultural español. Pero ya no es así. Con esa astucia propia de los baserritarras (campesinos) que tanto divertían a N glo sus tesis secesionistas. Hoy estos partidos nacionalistas no sólo mantienen su talante centrífugo original; disponen además de hercúleos recursos tecnológicos, financieros y mediáticos. ¿Por qué disponen las regiones españolas de tan extenso poder? Tradicionalmente se ha entendido que son susceptibles de delegación a favor de la región o de las entidades locales aquellas materias típicamente radicadas en la territorialidad regional como la agricultura, la pesca, la caza o la riqueza forestal y que no lo son materias que tienen por sí una dimensión o escala estatal como la defensa, la justicia, la seguridad social, la moneda, el crédito o las instituciones financieras. ¿Y qué decir de las materias culturales educativas y mediáticas? Muchos autores son reticentes a conceder a la administración regional o local la gestión (y menos desde luego, la facultad de sobre- legislar) en materias esencialmente políticas. Una de ellas, la primera- -por encima incluso de la policía autónoma- -es la cultura, incluyendo en ella la enseñanza y la gestión de los medios audiovisuales de titularidad pública como la radio o la televisión. La cultura y la enseñanza son materias esencialmente políticas porque conforman la mentalidad política de los que en democracia designan con su voto a los gestores del poder político. El debate sobre quién es titular de la gestión de la educación ya no es en España un debate técnico que gravitaría sobre cuestiones como proximidad de centros o gestión de culturas autóctonas. Hoy el debate es esencial- -y me temo que vísceralmente- -político. Algunas comunidades- -la vasca y la catalana por ejemplo- -no se han limitado a preservar la lengua o los acervos culturales o autóctonos. Sucede que se han abstenido de fomentar y liderar el proyecto lingüístico y cultural suprarregional. Como apoderados que son del Estado y de la soberanía SANTIAGO TENA ESCRITOR EL PRECIO DE LA PAZ T ENGO un amigo que dice que yo siempre estoy inspirado. Y creo que tiene cierta razón. Siempre es mucho decir, pero es verdad que no me cuesta mucho ponerme a escribir y que salga algo digno prácticamente siempre. Lo de siempre inspirado me trae a la memoria eso de que cuando os lleven delante de los magistrados no penséis ni preparéis lo que habéis de decir, porque yo os daré palabras a las que nadie podrá responder. Y es ver- dad que leyendo esas palabras me propongo casi siempre no ya no preparar lo que he de decir ni lo que he de escribir nunca, sino incluso lo que he de hacer, no preparar nada nunca, no ordenar nada nunca, esperar siempre a que en el momento preciso de hacer las cosas se me inspire cómo he de hacerlas. Pero también la inspiración de ahora vale para el futuro, porque en Dios no existe el tiempo, y nada hay de malo en escribir ahora con la inspiración de ahora el discurso que leeremos dentro de una semana. En esto de hablar en público tengo un poco la desconfianza de Moisés, y suelo necesitar un papel en el que al menos apoyarme, pero confío en superar mi desconfianza con el tiempo, y en encontrarme en todo momento y en toda situación con la paz y la tranquilidad justas, con el miedo a nada, con el saberme dueño del mundo y encanto del mundo, porque es verdad que tengo mucho de lo que estar orgulloso. Mis sentimientos me superan hoy. Esto de estar cuerdo es incomodísimo: escribe uno mucho más intenso cuando enloquece, y vive uno mucho más intenso, pero el precio de la paz es la mansedumbre.