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60 VIERNES 7 10 2005 ABC Cultura y espectáculos Alberto Méndez alcanza a título póstumo la gloria literaria con el Nacional de Narrativa Su obra, Los girasoles ciegos cautivó al editor Jorge Herralde y va a alcanzar ya siete ediciones b Fallecido en 2004, se instaló clandestinamente en Barcelona en 1967, fue traductor y creó editoriales que apoyaban la causa de los perdedores en la Guerra Civil TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Hay vidas- -ésta que se narra a continuación es la de un escritor- -que no llegan a palpar el reconocimiento merecido. Éste es el caso de Alberto Méndez, cuyo aliento se mantuvo- -aunque ya estaba muy enfermo- -hasta recibir el premio Setenil. Fallecido en Madrid el día 30 de diciembre de 2004, no pudo disfrutar del premio de la Crítica. El caso es que este importante galardón, al que ahora se añade el Nacional de Narrativa, no es, con ser mucho, todo. Porque Méndez- -hombre comprometido, nacido en 1941, fecha que tanto tiene que ver en su trayectoria- -ha contado con un favor que es también un gran premio para un creador: la entrega de los lectores. Publicada en Anagrama, la obra cautivó al editor Jorge Herralde- -el libro salió a la calle por vez primera en enero del año 2004- De entonces acá, seis ediciones y... las que seguirán. La séptima ya está en marcha. Su forma de ser- peligrosamente alegre -le granjeó muchos afectos, que él correspondía rrillero que lo impulsaba. Méndez fue, también, traductor, oficio que le gustaba, pero además tenía que completar el salario de la librería Les Punxes. Su forma de ser le granjeó muchos afectos, que él correspondía. Formó parte del grupo de Manuel Sacristán, a quien veneraba, y que pertenecía al ala más radical del PSUC. Rememora Herralde que, con el apasionamiento que ponía en todo, le dijo en una ocasión: Me hubiera dejado cortar las manos por Sacristán De su carácter, ha dicho su hermano Juan Antonio que era peligrosamente alegre pero cuánto sabía de la amargura, esa cruz del ser humano. El tiempo no se muere de tristeza Andando el tiempo, Méndez llegó a ser alto ejecutivo de la importante editorial infantil y juvenil Montena De repente, ya empezada la sesentena, su vida cambió. El motivo, un manuscrito, Los girasoles ciegos que Alberto dejó en Anagrama. El editor comprendió, tras leerlo, que tenía en las manos una joya inesperada No sólo por su calidad, sino también porque nadie sabía que Alberto Méndez, que había vivido en la clandestinidad, la empleara también a la hora de escribir. Sus personajes saben del valor y del miedo. Por supuesto, todos, de la muerte. Como Alberto Méndez, que, lo que son las cosas, tendría ahora que poner en su boca la frase de uno de ellos: Este tiempo ya no es mío Habría que responderle, sin hipocresía, que sí, que el tiempo es y será suyo, mientras tenga lectores y existan sus libros. El tiempo no se ha muerto de tristeza. Hoy es un día de gloria para Alberto Méndez. Lucha contra el franquismo Curiosamente, el escritor dedica Los girasoles ciegos a Lucas Portilla in memoriam y a Chema y Juan Portilla, que conocen de la ausencia Estremecen estas palabras, porque aflige que quien las escribió ya no esté entre nosotros y sea imposible llamarle para que nos cuente sus emociones. Serían las de un hombre, empeñado en la lucha contra el franquismo, que se afilió al Partido Comunista, batallando contra el peligro que eso suponía y creando o colaborando en editoriales que apoyaban la causa de los perdedores de la Guerra Civil. Como buen conocedor de la posguerra, decidió entrar en desafío, a pesar del viento de la intimidación y la marea de la inseguridad. Herralde recuerda que conoció al escritor en el verano de 1969, cuando pasó por Anagrama- entonces un dúplex diminuto en compañía de Federico Pagés. Llevaban la idea de vender libros de varias editoriales en Hispanoamérica. El viaje no fue un éxito, pero Méndez descubrió a Pagés los placeres de la comida, del vino y del baño de espuma. Alberto acabó instalándose clandestinamente en Barcelona, en 1967, para fortalecer la distribución de Ciencia Nueva- -editorial antifranquista- -y crear una editorial en catalán, Ciència Nova. Herralde habla del espíritu gue- Alberto Méndez ABC Un poeta sin versos Los que aún no hayan leído la obra premiada encontrarán cuatro relatos- -uno de ellos, premiado con el Max Aub en 2002- y no deja de ser digno de admiración que un género que en España no goza, en general, de aceptación la haya tenido tan grande. Sus palabras nos acercan a un capitán del Ejército de Franco que el día de la Victoria se pasa a los perdedores. Otro trata de un topo que se esconde en el armario de su casa, una situación que le lleva a asomarse al balcón o a esconderse cada vez más en el armario. El final es estremecedor. No lo es menos la historia de un hombre que escribe en lo más alto de las montañas de Asturias acerca de su existencia de animal perseguido, con la única compañía de su hijo recién nacido. Soy un poeta sin versos dice el personaje de sí. En otro relato, un soldado encarcelado y enjuiciado se pregunta a sí mismo cómo se mata a un muerto o el miedo explica casi todo Los títulos tienen un común denominador, que les precede: Primera derrota: 1939, o Si el corazón pensara, dejaría de latir Segunda derrota: 1940, o Manuscrito encontrado en el olvido Tercera derrota: 1941, o El idioma de los muertos y, Cuarta derrota: 1942, o Los girasoles ciegos Dio voz a quienes no la tenían sostiene su hermano MADRID. Juan Antonio Méndez, hermano del escritor Alberto Méndez, declaró a Europa Press, que su hermano tenía una preocupación constante por dar voz a quienes no la tenían y por narrar acontecimientos que nunca se habían contado. Así, para el premiado, cuya actividad profesional ha estado ligada durante décadas a la industria editorial, la política y la literatura eran una constante en su vida. Pertenecemos a un viejo clan comunista y las conversaciones sobre literatura y política ocupaban gran parte de nuestras conversaciones indicó. Juan Antonio Méndez aclaró que la novela premiada no es una obra política y explicó que su hermano había escrito estos cuentos en diferentes épocas de su vida hasta que decidió publicarlas en Anagrama. Antes de su muerte, el galardonado había empezado a escribir su segunda novela basada en la historia de un importante comisario perteneciente a la policía política durante la dictadura franquista.