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ABC VIERNES 7 10 2005 Sociedad 59 Ciencia AARON CIECHANOVER Premio Nobel de Química 2004 Hace falta un poco de paciencia; la solución para el cáncer está al caer Codescubridor de uno de los más importantes ciclos celulares- -el de la degradación proteínica- este científico israelí se ha consagrado como una de las mentes más lúcidas de la Bioquímica mundial. TEXTO: ÉRIKA MONTAÑÉS FOTO: MIGUEL MUÑIZ Primer esqueleto completo V. DEAK dando también a cambiar la visión académica que se tenía del hombre de Nenadertal. Nuevos datos, publicados el mes pasado por la revista Nature sugieren que, a pesar de que no hay duda de que los neandertales estaban mejor adaptados físicamente al frío que Homo sapiens, en términos puramente culturales era nuestra especie, y no ellos, la que resultaba mejor adaptada. El trabajo del profesor Paul Mellars y Brad Gravina, de la Universidad de Cambridge, y de Christopher Bornk Ramsey, de Oxford, también sugiere que, cuando el frío azotó Europa en la última glaciación, Homo sapiens derrotó a los neandertales en la competencia por los recursos. Otras investigaciones sugieren que los neandertales tenían una forma de comunicarse oralmente muy diferente al sistema de Homo Sapiens. Un trabajo del catedrático Steve Mithen, de la Universidad de Reading, publicado este verano en el libro Los neandertales cantores alumbra la posibilidad de que se comunicaran con una especie de música cuyo ritmo y armonía podría haber servido para dar un sentido diferente a frases aparentemente similares. Este lenguaje neandertal podría haber sido muy importante en la comunicación de emociones y sentimientos y, por el contrario, poco significativo o rico en cuanto a gramática. Eran capaces de abrir su boca muchísimo más de lo que puede Homo sapiens y, por lo tanto, mucho más capaces de gritar muy alto. Equipos de investigadores de Gran Bretaña, Francia, España, Japón, Rusia, Israel, Estados Unidos y Siria estudian actualmente restos de neandertal y los lugares que éste ocupó, arrojando más y más luz sobre ese otro hombre SANTIAGO. Abandona la corbata y el traje para impartir una lección magistral en el Aula Magna de la Facultad de Química de la Universidad de Santiago de Compostela. Es una de sus tácticas para meterse al público más joven en el bolsillo. Y lo consigue. Salpica su conferencia de bromas- -el sistema proteínico de los chipirones o los pulpos son ocurrencias a prueba de risas- -aliñadas con la sabiduría de un hombre que domina siete idiomas y habla perfectamente el lenguaje celular. No en vano, sus trabajos sobre el ciclo de degradación de las proteínas asistida por ubiquitinas le valió, junto a sus colegas Avram Hershko (Hungría, 1937) e Irwin Rose (EE. UU. 1926) el Nobel de Química del año pasado. Hoy, Ciechanover (Israel, 1947) compagina su labor como director del prestigioso Instituto para la Investigación Médica en Technion (Haifa) con la de profesor de Bioquímica, porque- -asegura- -quizás a él le quede poco tiempo para hurgar pero en los jóvenes alumnos recae el auténtico peso de la ciencia. -Resúmanos el membrete de su conferencia: ¿Por qué nuestras proteínas tienen que morir para que nosotros vivamos? -En suma, se trata de percibir el funcionamiento de la célula como una estación de chequeo, donde se producen las proteínas y también se destruyen a un ritmo frenético. El sistema de degradación proteica se basa en que la célula marca con una etiqueta molecular- -que hemos llamado el beso de la muerte o ubiquitina- -a las proteínas inútiles, se coloca encima de ellas y las acompaña hasta su destrucción. Esas proteínas sirven de alimento a las células y las ubiquitinas se desconectan para su reutilización en el proceso. -Así, mientras la Bioquímica se afanaba en explicar cómo se producen las proteínas, usted llegó, se colocó en el polo opuesto y demostró que también se destruyen. ¿Incita a sus estudiantes a romper esquemas para que avance la ciencia? -En efecto, a veces es muy importante distanciarse de las grandes verdades que se creen establecidas y de lo que está estandarizado, pero no existe una fórmula exacta para enseñar esto a los nuevos científicos. Es algo que se debe aprender por uno mismo, estudiando, trabajando, escuchando a los otros Ciechanover impartió una conferencia en la Universidad compostelana científicos y desarrollándolo mediante una intuición que te permita saber si estás en el camino adecuado o no. -Del funcionamiento correcto de ese proceso dependen muchas enfermedades. ¿Qué vías terapéuticas se han inaugurado a raíz de sus investigaciones? -El cáncer cervical y la fibrosis quística son ejemplos de dolencias motivadas por una mala regulación de ese proceso celular. En realidad, las enfermedades de tipo neurodegenerativo e inflamatorio. Los avances más importantes se han producido en el cáncer linfático, donde se ha desarrollado unfármaco- -el Bortezomib- -para paliar esos defectos. Aún queda mucho por hacer, estamos en el primer capítulo de las ubiquitinas y la regulación celular, y es aquí donde volcaremos toda nuestra dedicación y esfuerzo, porque el campo es inmenso. -En su conferencia hemos apreciado un tremendo optimismo acerca de la tecnología aplicada a la medicina, incluso para el cáncer... -Desde que leí los primeros libros de Biología, Química... la idea que me atrajo siempre de la medicina fue el convencimiento de que las enfermedades se pueden curar, también el cáncer. Pero hace falta un poco de paciencia, no hay duda de que la solución se avecina, en la próxima década tal vez, aunque no quiero ser un profeta en esto. Siguen muriendo pacientes cada día, pero los instrumentos empiezan a ser asequibles y la solución aparecerá. La biotecnología va a suponer una revolución en el futuro. ¿Cree que ése es el mayor reto de la ciencia para este siglo? -Ése y que estamos en un momento filosófico muy interesante, crucial, en el que hay que cuestionarse si queremos vivir más tiempo y cómo queremos vivirlo, y si eso será bueno para la sociedad. La evolución de la ciencia debería ir acompañada de un proceso de reflexión sobre cuestiones trascendentales como plantearse si habrá suficientes empleos para todos, de manera que se pueda desempeñar ciertas tareas incluso con más de cien años, o si por el contrario deberemos reducir la jornada laboral de cinco días a uno. -Para ese avance, ¿encarna la política una traba inquebrantable? -Siempre. Los políticos trabajan en un espacio temporal muy pequeño y no les interesan los científicos porque sus resultados llegan demasiado tarde (el de las ubiquitinas se demoró 30 años) para utilizarlos en las siguientes elecciones como propaganda a su favor.