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ABC VIERNES 7 10 2005 Nacional LA MARCHA NEGRA SITUACIÓN EN LA FRONTERA DE MELILLA 17 espectacular del entorno de dos mil hombres con los que se toparon los inmigrantes en su intento de llegar a la valla. En la que, ya del lado español, la presencia de miembros de la Guardia Civil y de los Grupos Rurales de Seguridad, también de la Benemérita, era similar. Distintas fuentes aseguraron a ABC haber visto del orden de 12 a 16 vehículos, más refuerzos de la Policía Nacional en el tramo de Barrio Chino durante el asalto. A lo largo de los sucesos hubo mucha violencia según las mismas fuentes. De acuerdo con los mismos testimonios, los efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad españolas se ocuparon de devolver de forma automática a Marruecos a decenas de inmigrantes que, a pesar del rechazo policial, conseguían unos tras otros traspasar la primera de las dos alambradas del doble perímetro. Una actitud que, horas más tarde, María Teresa Fernández de la Vega reconocería argumentando que la devolución en la frontera no es la primera vez que se produce, se ha producido en otras ocasiones y que- -añadió- -supone además tenerlo acordado con la disposición de países vecinos La vicepresidenta recordó además que en los enfrentamientos dos guardias civiles y un soldado habían resultado heridos. Con estas seis nuevas víctimas, son ya 14 los subsaharianos que han resultado muertos desde el 28 de septiembre pasado en los asaltos masivos al vallado fronterizo de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Parecía Jesucristo, no paraba de temblar MELILLA. Se llama Maca, viene de Mali, y no sólo fue el único asaltante que consiguió la noche del jueves atravesar la alambrada de los cientos que llegaron a ella, sino también el primero en desplomarse sobre el colchón de concertina, -esa espiral de cuchillas que hace daño sólo con mirarla- que el Ejército empezó a instalar el miércoles por la tarde en el suelo. Justo allí donde no tienen más remedio que caer los inmigrantes cuando saltan a la desesperada la primera valla. Parecía Jesucristo, con heridas y sangre por todas partes. No paraba de temblar. Le vendé los dedos con unos trapos y por el camino paramos un coche para pedir agua. Sólo llevaba la de echar al radiador, pero se la dimos a beber porque se moría de sed... Quien habla es Alberti Murciano, un fotógrafo free lance con domicilio en Melilla que pasaba la noche de guardia, en busca de una imagen que vender, en las inmediaciones del llamado Barrio Chino y asistió en directo a la violencia feroz de aquella avalancha repelida, minutos antes de encontrar a Maca roto de aguijonazos y llevarlo en su propio vehículo a que lo curaran en el Hospital Comarcal. Atrás quedaba una batalla campal, donde las Fuerzas de Seguridad españolas- -ratifica el testigo- -devolvieron a Marruecos a decenas de subsaharianos desde la misma frontera. Abriendo la puerta de la alambrada y echándoles al otro lado de la misma valla que habían atravesado con desesperación. Eran eso de las seis de la madrugada cuando llegó con Maca hasta los médicos. Cuatro horas después, la Delegación del Gobierno decía no saber nada de este hombre rasgado por las dentelladas de los pinchos y pasado el mediodía, casi a la una, la vicepresidenta no tenía más salida que confirmar que en el balance del último asalto se decía que Maca, el último subsahariano que cruzó la valla nada más ha entrado una persona Maca, como tantos otros, y si alguna vez los tuvo, perdió los zapatos al saltar. Sus pies, metidos ALBERTI en calcetines viejos desgarrados, estaban destrozados cuenta el fotógrafo. De los golpes en su cuerpo, mejor no hablar: Ha sido una masacre. Eso es todo