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ABC VIERNES 7 10 2005 Opinión 7 Cierto es que la RFA y España son países diferentes con Constituciones diferentes, pero las lecciones alemanas se deben conocer y aprender aquí. Nuestros políticos y, sobre todo, nuestros federalistas deberían leer con detenimiento y reflexión el reciente libro de Thomas Darnstädt, La trampa del consenso (ed. Trotta) El consenso al que Darnstädt se refiere no es ese inteligente y magnánimo juego de cesiones y concesiones que se necesita, por ejemplo, para aprobar y ejecutar un plan de tránsito de un régimen político a otro distinto, con paz y progreso simultáneos. El consenso que empapa la languideciente vida de la RFA es el chalaneo sistemático de los más diversos entes (federales y regionales) y grupos de intereses privados, chalaneo sustitutivo del funcionamiento de mecanismos de decisión eficaz y de efectiva responsabilidad, provistos de clara legitimidad democrática. Ese consenso bloquea toda verdadera reforma e impide la solución de los problemas diarios, que no paran de agravarse. Por eso Darnstädt lo define como una forma carísima de organizar la irresponsabilidad Algunas frases, que Darnstädt reproduce, dan buena idea del embrollo federalista alemán: Lo que efectivamente se llega a hacer, no lo ha deseado nadie. De lo que ocurre, no se quiere responsabilizar nadie (Fritz los partidos están obsesos de poder y olvidados del poder (Richard von Weizsäcker) el Municipio no se hace responsable del mal estado de las carreteras (cartel del Ayuntamiento de Stechlin, Brandenburgo) Dos sistemas de decisión diferentes se entrelazan y bloquean mutuamente LA ESPUMA DE LOS DÍAS FRONTERAS Y OTRAS COALICIONES ON el cuchillo de la mantequilla no basta para cortar el gran rosbif de la Unión Europea. Mejor, el escalpelo. A pesar de todo, algunos debates europeos ganan en vigor y diafanidad. En la Alemania que alza la alfombra para despejar la gran coalición algunos dicen que proclamar a los turcos como europeos potenciales deun díaparaotro tienetanto sentidohistórico como etiquetar cigarrillos como si fuesen caramelos contra la tos. Austria quiso bloquear el acceso turco a los paraísos comunitarios. La incógnita se resolvió en Luxemburgo. Condoleezza Rice había descolgado el teléfono. Respecto a Turquía, las opiniones públicas nacionales prosiguen divididas. No hace falta encuesVALENTÍ tar en Ceuta o Melilla. PUIG El escritor holandés Leon de Winter habla de una Europa profundamente dividida en términos de lenguaje, cultura, historia y mitología, siendo la economía la única relación realmente practicable. Se vio al fracasar el Tratado Constitucional sin necesidad de invocar la amenaza otomana ante la frontera austriaca. Turquía reapareció en el instante más inoportuno. La Unión Europea acabará por tener frontera con Irán, Irak y Siria. Viena consigue que la luz verde a Turquía dé también paso a Croacia, su protegida. Ulrich Beck y Anthony Giddens, gurús de la sociología recreativa, favorecen una Unión Europea como proyecto cosmopolita. La fórmula es tan elevada como vana: unir y no uniformar, crecer económicamente, ser socialmente más justos y ceder el paso a las señoras. Inequívocamente, su modelo es el nórdico. Además, hablar hoy de cosmopolitismo es reivindicar el tapizado del viejo Orient Express cuando andamos por la segunda generación de trenes de altavelocidad. Elcosmopolitismoañade etiquetas al baúl del viajero ilustrado pero el verbo que rige es globalizar, otro orden de velocidades. Alexandre Adler, en Le Figaro perfila una paradoja: la gran coalición alemana es la recuperación después de la crisis porque un gobierno de los dos grandes partidos alemanes sería el momento constitutivo de una declaración de guerra a todas las fuerzas de desagregación de izquierda y derecha que están en situación de bloquear Europa Es tesis de ilusión, y a la vez de escasa confianza en alternativas de poder. Todo el espectro central del hemiciclo entrega las facultades de oposición a los extremos. Los lideratos personales se debilitan al pie del programa consensuado. Grandescoaliciones, modelos cosmopolitas, secesionismos, fronteras asaltadas por la masa migratoria: Europa seguramente no corresponderá a ningún molde conocido. Racionalidades y estados de ánimo son la materia prima e indisociable de la vitalidad del demos Es incierto que ese demos tenga algún día una dimensión verdaderamente europea. Entre el imperio austrohúngaro y el imperio otomano queda mucha historia fosilizada y sobrevive alguna especie turbulenta. C Por otra parte, un nuevo Estado federal, se busque conforme a un programa o se improvise sobre la marcha, no debería construirse en España sin íntima relación con el futuro de la Unión Europea. Y el mapa de Zapatero se acaba en los Pirineos. Ni el mapa ni el libro del presidente del Gobierno nos dicen nada sobre nuestro futuro en la futura Europa. Es posible que Zapatero tenga alguna idea al respecto, pero, desde luego, no ha trascendido. Así las cosas, no es de extrañar la extendida sensación de que la España federal de Zapatero no tiene asignada ninguna concreta proyección europea ni mundial, como si a nuestro país no pudiera corresponderle otra cosa que estar a las resultas lo mismo que un acreedor menor y común en el reflotamiento de una empresa en crisis. Esta postura, aparte de no entusiasmar ni ilusionar a nadie, no es conforme a nuestra realidad colectiva- -ni en lo económico ni en lo social somos como un acreedor pequeño y común- -y hace peligrar, de aquí a poco tiempo, lo más elemental del bienestar de todos y cada uno (millonarios a salvo, claro) torales, me atrevo a este cálculo a ojo de buen cubero) sino que choca con muchas realidades inmodificables y, por tanto, resulta muy difícil de lograr. Por otra parte, no le veo ventajas para el común de los ciudadanos, sino todo lo contrario. Una España federal sin reforma clara y directa de la Constitución es un imposible jurídico y algo políticamente posible sólo a base de retorcer el Derecho y abandonar el Estado de Derecho, con inmediata defunción del Tribunal Constitucional, de la seguridad jurídica y, en fin, de la más elemental eficiencia económica y social. Pero, además, un plan de reconversión de España al federalismo es al menos tan difícil y costoso como les está resultando a las mejores cabezas de la República Federal de Alemania idear y realizar una superación de su colapso. PALABRAS CRUZADAS ¿Es eficaz la competencia fiscal entre autonomías? NO, ES HUIDA AL PASADO A historia fiscal española es tan imperfecta como su historia democrática. No fue fácil construir el estado fiscal. A principios del XIX emergió una nación de ciudadanos con soberanía de los individuos, la nación española como reunión de todos los españoles We the people La Constitución de 1812 decía: También está obligado todo español, sin distinción alguna, a contribuir en proporción a sus haberes para los gastos del Estado (artículo 8) Mi vecino tendrá alguna objeción de concepto, pero para entonces la proclama era avanzada y liberal. No fue posible: foralistas y egoístas impidieron un sistema fiscal adecuado. Hasta la democracia de la Constitución de 1978 no dispusimos de un sistema fisFERNANDO G. cal moderno y de eficacia casi general, ya URBANEJA que no hubo forma de dar carpetazo a lo foral. Transferencias de soberanía fiscal como pretende el proyecto de Estatuto suponen ir hacia atrás en equidad y eficacia. Más que blindar competencias autonómicas convendría reforzar la unidad de mercado, la dimensión óptima, marcos más amplios, por ejemplo, con los vecinos portugueses, franceses, marroquíes... Más que fragmentar los impuestos, vamos a clarificar, reducir, simplificar. Una larga pasada por el centralismo me parece lo más barato y eficiente. EFICAZ, DENTRO DE UN ORDEN L E N teoría, la competencia fiscal entre autonomías daría el mismo resultado que la competencia en cualquier otro ámbito: fomentar la laboriosidad y la iniciativa para mejorar los bienes y servicios. Unas administraciones que compitieran fiscalmente controlarían los gastos, porque si no lo hicieran deberían subir los impuestos sobre sus cercanos votantes. Sé que en la práctica la descentralización administrativa de España ha supuesto despilfarro e intervencionismo. Pero no es correcto deducir de allí que lo mejor será siempre una Hacienda centralizada: esa práctica no refuta la teoría, puesto que nuestro modelo no se ha basado en la corresponsabiliCARLOS R. dad fiscal. No parece que vaya a basarBRAUN se en ella de momento, precisamente porque los políticos, a los que tanto les gusta que la gente compita, no quieren competir ellos en bajar impuestos sino en subir gastos, y por eso las palabras de moda siempre son armonización, cohesión, solidaridad, igualdad de derechos, y otras que siempre comportan más presión fiscal. Si la descentralización no es eficaz, la centralización con esos mismos criterios tampoco lo es. Y, por cierto, a más a más, no parece que la falta de competencia fiscal sea la mejor receta para fortalecer la unidad de España. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate vpuig abc. es