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6 Opinión VIERNES 7 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ANDRÉS DE LA OLIVA SANTOS CATEDRÁTICO DE DERECHO PROCESAL. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE. DE LA VEGA, RELEVO DE ORWELL UIZÁS no sea casual que la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, viniera al mundo el mismo día que George Orwell presentó en sociedad la más popular de sus novelas, Nineteen Eighty Four (1984) Ella es, en presente, la plasmación del Estado, intervencionista y controlador, previsto por su correligionario. Lo es, naturalmente, vestida por modistos de postín y suavizadas las formas para no desentonar demasiado con el talante de su jefe; pero en los hechos- -no en los dichos- -acredita la paralización intelectual y moral que produce la izquierda, tal y como la definió el propio Orwell en su Homenaje M. MARTÍN a Cataluña cuando la FERRAND Guerra Civil española. De la Vega, la vicepresidenta- bombero, tiene como principal misión la de apagar los fuegos que, con alta productividad, provocan y generan el presidente y sus ministros y ministras. Sólo eso ya justifica el doble del sueldo que percibe y afianza los galones de su bocamanga. Cuando llegue la crisis, que llegará sin tardar mucho, y José Luis Rodríguez Zapatero proceda al relevo de su renqueante Gabinete- -en ello le va su permanencia- ella será la única que tiene garantizada la continuidad, entre otras cosas para que sea posible la del propio Zapatero. Ayer, en Ceuta, tras haber visitado Melilla, le chafó un gesto a Mariano Rajoy. El líder del PP, más largo en las ideas que en los dichos y muchísimo más en estos últimos que en los hechos, había anunciado su visita a las dos ciudades autonómicas; pero De la Vega le ganó por la mano y, tras reunirse en Madrid con los presidentes de las dos plazas, marchó al escenario de los conflictos que tanto soliviantan a los españoles de África como a los de Europa. Ahí es donde dijo que el Gobierno garantiza la seguridad de las dos ciudades. ¿No hubiera sido mejor, más elegante y adecuado, que como válida representante del Gobierno le hubiera atribuido la seguridad que garantiza, y todos deseamos, al mismísimo Estado? Es muy socialista, y ya estaba- -puestos a Orwell- -en Rebelión en la granja la traslación confusa e interesada de ideas tan claras como Estado y Gobierno. Más lo tiene que estar aquí, aunque la vicepresidenta no tenga carné, cuando la idea de Patria ha sido proscrita y la de Nación anda en veremos, en razón- ¡gran paradoja! -de la defensa de los intereses pequeñitos de un equipo socialista en contra de los históricos principios del PSOE. Es de celebrar, en cualquier caso, el tan apresurado como tardío viaje de la vicepresidenta. En Ceuta y en Melilla las visitas oficiales son, por su escasez, algo que contrasta con la abundancia de las sonoras ausencias. Es algo que tiene mucho que ver con el histórico temor a ofender al vecino, como si cada cual en su casa no pudiera ser dueño de sus actos. Q ANTE EL FEDERALISMO DE ZAPATERO Partiendo de la idea de que Zapatero es un federalista y un socialista radical el autor demanda que el presidente explique su federalismo y admita que sus ideas se analicen y debatan E S un tópico consolidado que aquí, en España, se están reestrenando el posfranquismo inmediato, la Transición y el proceso constituyente, como si estuviésemos de nuevo a finales de 1975. Eso sucede, sin duda, porque a algunos, con poder, no les gusta el resultado de ese trozo de historia española. Y es probable que, además, deseen, incluso inconscientemente, tener un protagonismo histórico distinto de hacer avanzar día a día un país ya constituido. Este fenómeno de remake desconcierta y desagrada a bastantes, que no le ven sentido ni lo consideran positivo. Así las cosas, surge otro tópico: el presidente del Gobierno no sabe adónde va. Pienso que, al contrario, lo que hace y lo que se propone Zapatero es algo de libro Ocurre, eso sí, que ese libro que estaba descatalogado, no se reeditó antes de las últimas elecciones generales. Pero el señor Zapatero en absoluto carece de sustrato intelectual (en concreto, ideológico) y, por supuesto, dispone de un libro y hasta de un mapa si bien a escala 1 5.000.000 y no actualizado. Talantes y posibilismo aparte, Zapatero es un federalista y un socialista radical de libro incardinado políticamente (a sabiendas o no, da igual) en un determinado sector de los protagonistas de la II República. Por eso tanteó en serio una reforma directa de la Constitución española de 1978. Por eso, más que por ser rehén de Esquerra Republicana para conservar el poder, sintoniza con Esquerra Republicana, lo mismo que con el PNV. Por eso entiende a ETA como un problema sustancial y primordialmente político. Algunos episodios menores, en vez de casualidades debidas a errores de cartelería o de un florista israelí, quizá sean más bien indicios de todo esto. La Marcha Real, himno oficial de España, ha sido olvidada en actos de los que era responsable el Gobierno de Zapatero. Y la bandera constitucional de España, roja y gualda, ha estado ausente en actos semejantes. La pasada Conferencia de Presidentes de comunidades autónomas, también inicialmente sin esa bandera, parecía destinada a escenificar la España federal, mucho más que a resolver el problema de la sanidad. Y la prueba del nueve es el nou Estatut de Cataluña, con diversos complementos, como el de los Consejos autonómicos del Poder Judicial y los Jueces de proximidad Si Zapatero prometió antes de las elecciones que el Estatut se aprobaría en Madrid tal como viniese de Cataluña, no fue por atolondramiento, sino por convicción. Lo que llevo escrito es una descripción, opinable, desde luego, pero una descripción, no una diatriba. Bastantes claman, muy escandalizados, ante hechos y dichos de Zapatero. No veo ninguna razón para malgastar energías en escandaleras. Lo que se necesita y cabe exigir es que Zapatero explique su federalismo y admita que sus ideas y las de otros se analicen y se debatan a fondo. El asunto es de tal naturaleza e importancia que no se debe despachar sin ese debate, con golpes de mano a base de decisiones concretas, aunque estén provistas de legalidad formal. La situación política va a obligar Zapatero a explicarse, a falta de un voluntario ejercicio suyo de claridad expositiva. Dejaré ahora a un lado las clamorosas contradicciones entre lo que dice el Estatut (por cierto, un texto de muy baja calidad literaria y técnico- jurídica) y lo que dispone la Constitución española de 1978. Ante el federalismo de Zapatero y parte de su Gobierno, mi sentimiento es de extrema curiosidad, de enorme asombro. Porque lo que viene pretendiendo el actual presidente del Gobierno de España no sólo no les gusta a más de la mitad de los españoles (por encima de proclividades elec-