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ABC VIERNES 7 10 2005 Opinión 5 MEDITACIOES DE PAR EN PAR OMO acostumbra a hacer, el presidente del Gobierno hizo colocar en la puerta de palacio la bandera autonómica correspondiente para recibir con todos los honores a Pasqual Maragall, que venía a celebrar por todo lo alto la aprobación del proyecto de nuevo Estatuto catalán. La gira prevista por el líder del tripartito incluía visitas guiadas por otras instalaciones palaciegas de la capital, pero alguna no llegó a abrirse el pasado miércoles. En Zarzuela no consideraron oportuna la atípica e interesada recepción solicitada por Maragall, dispuesto a colgarse todas las medallas posibles en tiempo récord y completar una rentable colección de fotos y bendiciones para luego transferirla al álbum del estatuto. Maragall buscaba avales, pero la puerta de la prudencia no se abrió. Con las de La Moncloa- -giratorias- -no hubo problema. MARCO AURELIO C LEER Y PENSAR LA FLEBITIS DE RODRÍGUEZ EN DEFENSA DEL FERVOR DE ADAM ZAGAJEWSKI Barcelona Acantilado, 2005 215 páginas 15 euros Fervor vital Una de las cosas que más se echan de menos es el poco fervor que la gente pone en lo que hace. No me refiero al fervor histérico que desata la brutalidad, sino a esa pasión medida que mueve a la esperanza. El triunfo de la nadería circundante y la permanente apología de la grisura y el mecanicismo hacen que escaseen las decisiones teñidas por la policromía de la identidad. Mimetizarse en los otros, ser y pensar como los demás, habitar dentro de la normalidad asfixiante, son algunos de los patrones cotidianos. No se trata de revivir la tensión de aquel temor y temblor del que hablaba Kieerkegard, pero sí, al menos, de abrirnos sensiblemente al mundo y a quienes nos rodean cotidianamente con algo de aliento poético, de fervor. De todo ello habla esta colección de ensayos del polaco Adam Zagajewski. Escritos bajo el paladeo nietzscheano de esa belleza que está en nosotros mismos, por sus páginas discurre un itinerario biográfico en el que la seriedad sonriente de la iluminación nos muestra una salida irónica al inapetente día a día en el que nos movemos. JOSÉ MARÍA LASSALLE ENECÍA un Régimen, y su creador, un anciano sobre el que los médicos y familiares se encarnizaban terapéuticamente queriendo retrasar lo inevitable, se apagaba después de un severo proceso de patologías entrecruzadas. El Rey Moro ya había olido sangre meses antes. Oyó hablar de flebitis y abrió milimétricamente los ojos. Sólo unas décimas de segundo. Supo que era el momento de aprovechar el vacío y, con el cinismo que caracterizó su ejecutoria vital, diseñó la Marcha Verde. Ya saben el resto: se jamaron el Sahara, entregado por unas timoratas, abatidas y desorientadas autoridades españolas que bastante tenían con organizar su salida de aquel ocaso político y con tratar de que, puertas adentro, nadie organizase marcha alguna hacia ninguna parte. Hoy, pasados treinta años y debidamente fagocitado el territorio sobre el que plantaron la bota, el nuevo sultancito, hereCARLOS dero de alguna de las virtudes del zoHERRERA rro que lo parió, ha vuelto a oler sangre. Si antes fue flebitis, ahora es debilitis. La debilitis de Rodríguez, su desconcierto, su entreguismo preventivo, su supuesta desorientación- -que tal vez amague una maldad a simple vista inverosímil- inspiran ahora una nueva marcha a la que, simplemente, se le ha cambiado el color. De verde a negra. Marruecos, su élite reinante, quiere que España sepa de las inclemencias que le va a proporcionar en el futuro disponer de dos plazas de soberanía en el norte de África. Ante un gobierno resuelto y firme, con claras convicciones de su soberanía y los límites de ésta, un conglomerado de políticos astutos como el marroquí tan sólo podría incomodar puntualmente alguna de sus estructuras; ante un gobierno debilitado por su propia falta de convicciones, por el contrario, puede provocar un magnífico agujero. Al igual que en el 75, una suma de complejos paralizantes impide al Ejecutivo español de hoy sostener posiciones F de fuerza que cualquier gobierno medianamente resuelto adoptaría sin que le temblara el pulso: imaginen a Gran Bretaña si una turbamulta asaltara las débiles fronteras de Gibraltar. Nadie les está pidiendo a las autoridades españolas que disparen con fuego a discreción sobre todo grupo de ciudadanos subsaharianos que trate de violar nuestras fronteras- -eso, como se ha comprobado, ya son ellos capaces de hacerlo- se les está exigiendo que brinden a sus súbditos la tranquilidad de saberse protegidos en su perímetro fronterizo y que mantengan ante un vecino tan sumamente borrascoso como el marroquí una elemental postura de firmeza. El maestro Fernando Ónega señalaba ayer que todas las medidas que Rodríguez y sus muchachos están adoptando no son sino un canto ridículo a la improvisación. Se levanta otra valla, se devuelve al negrito, se manda al Ejército con porras y silbatos, se les viene a la memoria un acuerdo del 92 mediante el cual se le puede endosar de nuevo al paseante... Todo dudosamente efectivo. Mientras huelan la flebitis seguirán sin impedir las concentraciones al otro lado de la valla y, de forma inferida, facilitarán el asalto, o, directamente, les matarán cuando convenga. Nosotros, entretanto, nos debatimos entre las eternas posturas de OSG (Organización Sí Gubernamental, como son la mayoría) y las frases hechas sobre el hambre y la injusticia o sobre lo que leen o no leen los asaltantes. La pobreza de toda África, desgraciadamente, no la va a solucionar España dejando pasar a mil o dos mil inmigrantes ilegales al día. Pero sí puede impedir que se produzcan a diario asaltos a nuestros límites territoriales con consecuencias trágicas por el otro lado. Por eso le instamos a que se trate la flebitis, señor Rodríguez, ahora que está a tiempo. Dígale a esta gente tan variable que o bien azuza a desesperados o bien les balasea, que la lesión de este verano en Lanzarote sólo afecta al baloncesto, no al gobierno de la Nación. www. carlosherrera. com