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4 Opinión VIERNES 7 10 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil ALAMBRADA MORTAL O de menos es que los muertos cayeran del lado de Marruecos- -seis inmigrantes subsaharianos perdieron la vida ayer en la frontera de Melilla, abatidos por los disparos de la Policía marroquí o aplastados en su intento de entrar en España- porque lo fundamental es que el problema de la inmigración ilegal es ya una tragedia que se visualiza cada día en las alambradas de Ceuta o de Melilla, convertidas en expresión última de la impotencia del Estado para hacer frente a la crisis. La solución no consiste en traspasar la responsabilidad de lo ocurrido sobre los hombros del adversario político. El Gobierno está en la obligación de impedir que las avalanchas se hagan crónicas por la falta de respuesta de una ley que no acertó en el diagnóstico de un problema enquistado en su propia raíz. L ZAPATERO, RAJOY Y LA POLÍTICA DE DESARRAIGO NACIONAL ÁS allá del debate sobre competencias o financiación, la política democrática exige tener muy claros los conceptos fundamentales y actuar a tenor de los mismos. El Foro ABC fue el escenario elegido ayer por Mariano Rajoy para exponer ante un auditorio compuesto por una amplia representación de las clases política y económica española una certera y valerosa declaración- -cargada de crítica y oportunidad- -contra la errática política de disgregación nacional que ampara Zapatero. El presidente del PP dibujó un atinado diagnóstico de la situación que atraviesa España tras el desafío lanzado por el Parlamento catalán, y expuso, desde sus más hondas convicciones, la necesidad de preservar el marco constitucional vigente con firmeza y lealtad a los preceptos de la Carta Magna. Desde que afirmara en el Senado que la nación es un concepto discutido y discutible el presidente del Gobierno utiliza una retórica cargada de ambigüedades y contradicciones que sólo beneficia a los enemigos de la España constitucional, como denunció ayer el líder de la oposición. Si, en el ámbito de las relaciones con Marruecos, Zapatero asume con frecuencia los puntos de vista de la otra parte, sus declaraciones públicas sobre la forma de Estado parecen destinadas únicamente a lograr el aplauso de los nacionalistas. A veces, incluso, lo consigue: ya dijo Carod- Rovira que se trata del primer presidente del Gobierno que no es un nacionalista español Ayer volvió a la carga, echando la culpa de la crispación al empeño del PP en no secundar su estrategia de pactos y concesiones. Aficionado a las frases retóricas, Zapatero dice que su patria es la libertad. Sería muy conveniente que extendiera esa pedagogía- -más propia de la ilusión juvenil que de la madurez del hombre de Estado- -a los socios del tripartito catalán, porque todos ellos parecen actuar bajo el impulso de esa generosidad patriótica hacia Cataluña que reclamaba Maragall en la reciente Diada. Es sorprendente que el propio presidente deslegitime a millones de ciudadanos (entre ellos, muchos líderes y votantes del PSOE) que se sitúan claramente contra el nuevo Estatuto. Por lo demás, acusar de españolis- M mo a quienes defienden el modelo constitucional nos retrotrae al peor escenario, puesto que ése era y sigue siendo el insulto más frecuente contra quienes no comulgan con el pensamiento único del nacionalismo. Lejos de ser una anécdota, este planteamiento refleja la visión desnacionalizadora que inspira la acción política del Gobierno. Resulta dramático que, cuando el orden constitucional está en grave riesgo, el jefe del Ejecutivo se dedique a marginar y desacreditar a todos aquéllos que tienen una conciencia nacional española y la oponen a la ofensiva soberanista. Sea cual sea el objetivo que persigue, no sólo está abortando cualquier posible acuerdo con el PP, sino también ampliando la fractura interior de su partido, en el que algunos dirigentes pueden sentirse directamente aludidos. En definitiva, resulta que el político que más apela al diálogo y al talante es el que está dibujando las más profundas divisiones entre los españoles, debilitando los vínculos de unión histórica, cultural, lingüística y territorial de una nación que- -hasta hace poco- -sólo era cuestionada por los separatistas. En estas circunstancias, es imposible hablar de consenso con la oposición, de manera que cualquier modificación que se realice en el Congreso al proyecto de Estatuto catalán deberá satisfacer al tripartito. Resulta por ello poco convincente la apelación de Zapatero a una fórmula transaccional para modificar el artículo primero. En contraste con esta posición coyunturalista, Rajoy se mostró firme y rotundo a la hora de proclamar los principios que inspiran su acción política, entre ellos la indiscutible realidad nacional de España y su condición de nación única que se organiza territorialmente en un estado autonómico. Queda por precisar hasta dónde puede llegar el efecto de esas conversaciones entre el PP y los socialistas españolistas -como los llamaría su propio presidente- -que desveló el líder popular. Lo que sí es seguro es que una inmensa mayoría social, incluyendo un número muy significativo de votantes del PSOE, no se siente representada por esa política del desarraigo respecto de la nación española. María Teresa Fernández de la Vega EFE AGUA DERRAMADA N GRAN COALICIÓN LEMANIA parece ver la luz al final del túnel. Después del atolladero generado por las elecciones de hace unas semanas ha primado el sentido común y, sobre todo, la responsabilidad de Estado. El acuerdo alcanzado entre la CDU y el SPD hace posible la estabilidad institucional en el país más importante de la UE. La noticia no puede ser mejor. Con ella se despeja el horizonte de incertidumbre que pendía sobre Alemania gracias a un acuerdo que fija las coordenadas políticas que definirán la agenda del gobierno para los próximos años. Europa también puede respirar un poco más tranquila. Una Alemania políticamente cohesionada y estable es la mejor garantía para que la debilitada UE pueda resolver los problemas anudados al debate pendiente sobre los Presupuestos y las Perspectivas Financieras. Esta circunstancia, sumada a las propias dificultades domésticas por las que atraviesa el gigante alemán hacía evidente la necesidad de una gran coalición que agrupara a la CDU y al SPD. Cualquier otro encaje hubiera sido demasiado complejo. Ninguna de las coloristas coaliciones alternativas parecía viable. De hecho, la necesidad de afrontar reformas que liberalicen la O es hora de lamentarse por lo que pudo haber sido y no fue, sino de aportar- -con datos- -elementos suficientes para una reflexión sobre el problema de la sequía. El Ebro habría podido trasvasar más de 1.500 hectómetros en el año más seco de la historia. Incluso teniendo en cuenta el caudal ecológico más exigente, los datos de la estación de Tortosa indican que se podría haber realizado el trasvase al arco mediterráneo previsto por el anterior Gobierno y que fue derogado por el Ejecutivo socialista hace 16 meses. Son las cifras las que avalan este análisis, sujeto a la evidencia de que el proyecto no era todavía una realidad, pero sí un instrumento con un potencial de futuro indiscutible para paliar un problema que no se combate derogando leyes, sino ofreciendo alternativas. A economía y devuelvan a la sociedad alemana la energía mostrada décadas atrás era una demanda generalizada a un lado y otro de la frontera partidista exhibida por la CDU y la SPD durante la campaña electoral. Tan sólo faltaba el impulso y, en concreto, la decisión política de abordarlas. Como señalaba días atrás el antiguo canciller Helmuth las diferencias programáticas de fondo entre los dos principales partidos germanos son tan mínimas que la opinión pública alemana no entendería que el encendido debate electoral y los intereses personales impidieran que pudiera fraguarse un acuerdo de gobierno entre ambas formaciones políticas. Al final, el interés general se ha puesto por encima de las diferencias y se ha alcanzado un pacto de legislatura. Probablemente, si no hubieran actuado así la sociedad alemana les hubiera pasado factura de un modo u otro a ambos partidos. Toda una lección que confirma que la clase política, en ocasiones, sabe estar a la altura de las circunstancias. Una lección, por cierto, que en España podía inspirar a quienes no entienden que cuando prima el interés superior del Estado, los intereses particulares deben subordinarse a él. LA GUERRA SIGUE E L mismo día en que Tony Blair hacía pública su sospecha de que Irán puede estar detrás de la insurgencia que desestabiliza la reconstrucción iraquí, George W. Bush alertó del peligro que representan quienes quieren establecer un imperio islámico radical que vaya desde España a Indonesia El presidente norteamericano incluyó a nuestro país en la zona de riesgo de una amenaza que supera el ámbito de Irak y, también, de una batalla que no se detiene. Frente a la condescendiente alianza de civilizaciones extrema vigilancia para evitar que el fenómeno terrorista se extienda por un mundo en el que sigue declarada la guerra.