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62 Toros EN LA MUERTE DE ÁLVARO DOMECQ Y DÍEZ JUEVES 6 10 2005 ABC El mundo del toro se viste de luto El VII Congreso Mundial de Ganaderos se convierte en un reguero de reconocimientos y homenajes hacia su figura b Ha sido ejemplo imperecedero de amor al toro y al prójimo. Se va alguien irrepetible que deja un hueco imposible de cubrir recuerda la amplia familia Domecq ROSARIO PÉREZ CÁCERES. Ha muerto Don Álvaro La noticia sorprendió en pleno corazón extremeño al centenar de ganaderos que se dieron cita en la finca del Conde de la Corte, con motivo del VII Congreso Mundial de Criadores de Toros de Lidia. Decenas de garrochistas avanzaban a ritmo de procesión por la dehesa Los Bolsicos hasta llegar al corredero donde se celebraría después una de aquellas faenas de acoso y derribo que tantas veces practicó en estos lares Don Álvaro. Antes se destocaron, rezaron un Padrenuestro, y guardaron un sentido minuto de silencio que dio paso a una ovación mayúscula. Presidía la jornada un deslumbrante sol, pero pronto se tornó sombría. Ganaderos, familiares, amigos y aficionados miraban al cielo y daban su último adiós a Don Álvaro, para muchos, el último caballero. Don Álvaro, así, a secas, se alejaba en silencio de su campo bravo, tal vez a lomos de su mítica yegua Espléndida El rostro compungido de su sobrino Juan Pedro Domecq hablaba por sí solo: Ha sido como mi segundo padre, y, aunque esperaba que sucediera, me ha afectado sobremanera. Pero la vida tendrá que continuar Juan Pedro hizo hincapié en las principales aportaciones de su tío a la Fiesta: Ha sido una de las grandes figuras del toreo y el caballo en España. Ha sido reformador de muchas cosas. En el caballo trajo la doma sabia y refinada y en el toro creó un encaste propio. Ha marcado una época. Con él desaparece una generación, y ahora quedamos en primera fila sus hijos y sus sobrinos Borja Domecq, visiblemente emocionado, resaltó el lado más humano de un hombre que quiso tanto a Dios como a su familia. Ha sido ejemplo imperecedero de amor al toro y al prójimo- -prosiguió- Se va alguien irrepetible que deja un hueco imposible de cubrir También hizo referencia a su magistral obra El toro bravo que queda para la posteridad, que hará que no se olviden sus enseñanzas ¿Su aportación fundamental? Su ilusión constante y el estar abierto a los nuevos adelantos de la ciencia y la técnica para aplicarlos a la selección y al manejo de la ganadería de bravo Victorino Martín le definió como un hombre histórico y un gran profesional que ha marcado un hito César Rincón, matador de toros y propietario de la divisa El Torreón, destacó su in- quietud por avanzar. Fue pionero en España en la inseminación artificial, algo importantísimo José Luis Lozano lo definía como un gran señor y un gran artista. Todo lo que hizo, lo hizo bien, con el arte de los elegidos: a caballo, en el toro, escribiendo... hablando Eduardo Miura, presidente de la UCTL, se declaró ferviente admirador del caballero jerezano: No me resulta fácil hablar de Don Álvaro. Recuerdo que ya iba a casa cuando yo era chico. Estaba muy unido a mi abuelo Antonio. Era una maravilla conversar con él. Siempre quiso descubrir nuevos caminos, como el tema de la inseminación artificial y el transplante de embriones. Deja una huella imborrable. Me gustaría poder acompañar en estos momentos a su familia, pero la celebración de este congreso me lo impide La intención de Miura es rendir homenaje mañana a Álvaro Domecq y Díez en la clausura del congreso. Álvaro Domecq, Rafael El Gallo y Juan Belmonte (de izquierda a derecha) una foto que rebosa torería ABC DON ÁLVARO A LA INA EN PUNTO eñores, vamos a tomarnos una copa, que es La Ina en punto. Y tras el cristal, reloj de arena de plaza de toros, en río de oro viejo de la nobleza que obliga, amanecía el braceo de la yegua Espléndida o la agonía de Manuel Rodríguez en el hospital de Linares. Su corbata de seda era un monumento al signo de interrogación que preguntaba si al ANTONIO Sur de la muralla de BURGOS Adriano podía haber más caballerosidad británica que aquel señor de Jerez. Y su gorra a cuadros del tentadero de Los Alburejos decía que no. Como los caballos andaluces de Alvarito certificaban con su baile que no había en toda Austria una Real Escuela Española más nuestra que la suya. Ni pluma mejor cortada que la que en el escritorio de El Paque- -S te recordaba 80 años a caballo o compilaba su tratado sobre el toro bravo. A Sir Winston Churchill le dieron el Nobel por escritor, el de Literatura, no el de la Paz por la V de la victoria en la II Guerra Mundial. A don Álvaro le dieron la medalla de Bellas Artes por sus bien plumeados libros sobre el toro bravo, el caballo, el campo, la bodega. Contemplaba el mundo desde una silla vaquera, la misma altura literaria única de Fernando Villalón o de Manuel Halcón. Su hermano Juan Pedro por octavas reales; él, en una prosa con zahones y sombrero de ala ancha de su barrera de Jerez o de Sevilla. Sabor a cerrado y a estribo. -Señores, vamos a tomarnos una copa, que es La Ina en punto. Y en la clepsidra de vino de Jerez se alzan las notas de tienta de una vaca cárdena. O el bandolerismo a lo divino que inventó, de coger el caballo y sacar toreando el dinero con que hacer escuelas para los niños pobres de Je- rez. El Potra le da las espadas y Carnicerito de Málaga lo ampara con su capote de gracia. A la vuelta de la lejana plaza, el coche de cuadrillas, jaca con gasógeno caminito de Jerez, enfila la recta de La Mancha. Vienen rezando los misterios gozosos de un hombre de fe, de familia, de patria, que a España le puso el nombre de Jerez. Y acaban las avemarías. Y la gracia de ese Bernardo de Málaga fuerza adrede la caricatura del agradaor: Don Álvaro, vamos a echarnos otro rosario... -Señores, vamos a tomarnos una copa, que es La Ina en punto. Y en esa copa alzada reluce su bastón de alcalde de Jerez, cuando hizo que Franco sacara de la cama al director del Banco de Crédito Local porque en las arcas del ayuntamiento no había un duro, ni para pagar a los municipales. En esa copa alzada, Don Álvaro embrida ahora la Diputación de Cádiz desde la presidencia de una provincia grande, hermosa, extensa y diver- sa como un continente entero. Sonríe desde la profundidad de sus ojos claros, con la alegría de unos nietos rejoneadores que repiten los triunfos de Alvarito, con el dolor de aquellas niñas que se le mataron en la carretera, repitiendo la tragedia de su hija estribada. Villalón buscaba toros con los ojos verdes y no los encontró nunca, pero Don Álvaro, señor de los cerrados, sí que halló el modo de que los suyos metieran la cara y repitieran la embestida, como la vida repitió las suyas de desgracia que superó con el capote de la fe. Digo Don Álvaro y no hace falta que ponga Domecq. Lo que sí hace falta que ponga es que ha muerto un tiempo, un espacio, un señorío, la grandeza de un fin de raza. Señores, vamos a tomarnos una copa, que don Álvaro murió ayer en Los Alburejos. El sol alto del castillo, torre y estrella, marcaba la hora exacta de una vida ejemplar de señor, de padre de familia, de ganadero, de caballista, de empresario, de torero, de creyente. Era La Ina en punto por el meridiano de Jerez.