Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 6 10 2005 Opinión 7 racterístico del nacionalismo catalán; quien necesita el nuevo Estatuto para pasar a la Historia como el president que consiguió una mayor cuota de soberanía para Cataluña; quien, probablemente, acepta el nuevo Estatuto a cambio de que no se adelanten las elecciones autonómicas y no se modifiquen ni la ley electoral catalana ni la ley de financiación de partidos. En medio de este embrollo de intereses- -en medio de este pasteleo- emerge la figura de un Rodríguez Zapatero que, en su ingenuidad- -aceptemos que se trata de ingenuidad- piensa que la vía catalana puede ser el modelo que inspire la solución del llamado conflicto vasco. Y por eso le interesa el nuevo Estatuto. Por eso, y porque tiene alguna hipoteca que pagar. Aunque también es posible que a Rodríguez Zapatero le interese recortar el texto para así exhibir su constitucionalismo. En cualquier caso, el proyecto de nuevo Estatuto de Cataluña se parece a un pacto y o sociedad de socorros mutuos. Pero en ello hay un claro perdedor: la estabilidad y la cohesión nacionales. Queda por determinar el último motivo, el psicológico. Hipótesis: en el origen del nuevo Estatuto de Cataluña se encontraría la figura de la personalidad narcisista. Según la psicología, quien posee dicha personalidad tiende a exagerar su talento y espera ser valorado como una cosa especial al pensar que, como consecuencia de sus características especiales, sus problemas son únicos y solamente pueden ser entendidos por otra gente también especial En el caso del nacionalismo catalán, la personalidad narcisista pesa lo suyo. LA ESPUMA DE LOS DÍAS DOS HOMBRES Y UN DESTINO S ÁNGEL CÓRDOBA consiga en el futuro la independencia, mediante la dilución en Europa de sus relaciones con España Y unos y otros desean diferenciarse de lo español para afirmar una supuesta identidad propia que debe traducirse en concesiones y beneficios políticos y económicos. De los motivos políticos, a los partidistas y personales: hay quien, brindando emociones nacionalistas a la parroquia, quiere mantener el electorado o recuperar el voto perdido; quien apuesta adrede por un texto inconstitucional con el objetivo de que en el Congreso sea rechazado para así dar rienda suelta a ese victimismo tan ca- En el Parlamento de Cataluña se ha representado una tragicomedia. Tragedia, por las consecuencias que puede conllevar. Comedia, por lo que tiene de farsa. De hecho, el Parlamento de Cataluña no ha aprobado un Estatuto, sino la Constitución y o programa político de un nacionalismo catalán de derecha e izquierda que convierte al resto de España en una comunidad autónoma dotada de soberanía y competencias limitadas. El mundo al revés. Y uno, parafraseando a Ortega, tiene la sensación de que el nacionalismo catalán está acampado en España con la vista puesta en otro lugar. Ante esta tragicomedia, ante tamaña suma de despropósitos que generará despropósitos similares en otras comunidades, el Congreso no puede dimitir de su soberanía. Pero para ello se necesita una mayoría responsable y sin hipotecas políticas que pagar. PALABRAS CRUZADAS ¿Va Cataluña hacia la independencia? SÍ ESO, NI MENCIONARLO IENSO, pidiendo por ello perdón, entre otros, a mi querida vecina de columna, que los alarmismos hacen que la realidad empiece a parecerse a la peor hipótesis que barajan los alarmistas. Y que toda exageración en el diagnóstico redunda en una mala solución del problema. Por eso mismo, de ninguna manera estoy dispuesto a admitir siquiera que un partido menor, como el de Carod- Rovira, pueda conducirnos a todos (no solamente a los catalanes) a la independencia de Cataluña. Es legítimo que el señor Carod proclame sus ideas, pero tiene la fuerza que tiene: el 16 por ciento. Malos políticos serían los demás que, no proclamándose independentistas ¿o es que todos mienten? FERNANDO acabasen abrazando los fines de la miJÁUREGUI noritaria ERC. En las Cortes, que representan a todos los españoles, un 90 por ciento de escaños en la teoría (y espero que todos también en la práctica) dirían no a la secesión de una parte del territorio. Y tampoco el Parlament catalán, que envía este mal Estatut, habla para nada de independencia. Así que no pongamos vendas donde no hay heridas, aunque admitamos que sí hay rasguños. Reconozco no ser un entusiasta de nuestra clase política, pero confío lo suficiente en ella como para creer que no va a suicidarse... y suicidarnos. Y A me gustaría escribir un NO como una casa en el titular, pero, independientemente del mal feeling que provoca lo que está pasando, los datos que salen a la luz indican que para ciertos dirigentes nacionalistas la independencia no sólo no se descarta, sino que se ha convertido en el objetivo. Y más a corto plazo de lo que pensamos. Carod- Rovira incluso se permite hacer bromas respecto a la forma en que el Ejército podría invadir Cataluña el día que se proclame la independencia desde el balcón de la Generalitat. Y algunos de CiU- -Durán ya no se lleva las manos a la cabeza desde que hay Estatut, otro que se apunta a lo políticamente de moda- -te dicen que es evidente que con el EstaPILAR tut Cataluña asume competencias de un CERNUDA Estado independiente. En cuanto al PSC, rechaza el término pero acepta las exigencias de los independentistas. Zapatero es el único que no se inmuta; cuenta a los leales que tiene todo bien atado, que antes de fin de año ETA anuncia una tregua y que entonces ya nadie pedirá cuentas a los socialistas por la forma en que se ha dado la vuelta a la Constitución y se ha puesto del revés la solidaridad entre regiones y la unidad de España. Sigue convencido de que pasará a la historia por bueno, pero lo más probable es que pase por malo. P ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate IEMPRE me ha sobrecogido el fatalismo conformista en virtud del cual, en la novela Extraños en un tren de Patricia Highsmith, un tenista despreocupado y buena persona se convierte en un asesino a su pesar. Un pacto de sangre aceptado irreflexivamente constituye el trampolín desde el que Guy Haines se precipita a los infiernos del crimen cuando el proponente del acuerdo, Bruno Anthony, rico y frívolo hijo de papá, cumple con su parte del trato, sellado en el compartimento de un tren. La frágil voluntad de Haines es escasa defensa frente a la determinación de Anthony, quien recurre a la extorsión sin tapujos en el momento en el que la sola persuasión deja de teEDUARDO ner efectos. Tanto HighsSAN MARTÍN mith como después Alfred Hitchcock, en una versión cinematográfica firmada entre otros por Raymond Chandler, ofrecen a los ojos de lectores y espectadores algunos portillos por los que el atolondrado y confuso Haines podría haber escapado de la trampa que le tendió el azar de un viaje en tren. Sin embargo, ambos van cerrando esas posibles escapatorias con implacable determinación para no subvertir el trágico hado con el que la novelista y el cineasta han decidido castigar a un personaje tan estúpido. Algunas peripecias de la historia reciente de España, una de ellas muy inmediata, evocan un triunfo parecido del fatalismo sobre la voluntad; de la aceptación de la inevitabilidad de ciertos acontecimientos frente a la virtud reparadora de la rectificación. Ningún camino emprendido es irreversible si los beneficios de lo que se esperaba obtener palidecen ante los riesgos que es necesario incorporar a un desenlace incierto. Nada define mejor la capacidad de supervivencia de una especie que la de su adaptación a un entorno generalmente hostil y plagado de amenazas. Nada caracteriza mejor al político inteligente que su flexibilidad para adaptar los compromisos asumidos, consigo mismo y con aliados estables o interesados, a los obstáculos que se presenten en el camino. Ningún elector va a reprochar nunca a su representante político que haya incumplido un compromiso cuya aceptación fatal podría conducirnos a todos al abismo. En su última e inquietante novela, La conjura contra América, el escritor judío norteamericano Philip Roth, que sabe usar de la ironía con la sutil clarividencia con la que muchos de su estirpe se defienden de un destino tantas veces trágico, describe a uno de sus personajes con la siguiente frase: No hay nada para lo que W. W. tenga más talento que para ser él mismo En ocasiones, parecerse demasiado a uno mismo puede llegar a ser fatal; al personaje de Roth le costó la vida. José Luis Rodríguez Zapatero y Pasqual Maragall son, por lo que llevamos visto, de esos personajes que agotan su talento en ser demasiado ellos mismos. Yo nunca les reprocharía que dejaran de serlo en algún momento. Y supongo que muchos otros, tampoco.