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4 Opinión JUEVES 6 10 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EL TC SENTENCIA, CASTRO SE LO PIENSA E PARCHE A UN PROBLEMA DE FONDO L O que hasta hace sólo un par de días era una excelente colaboración de Marruecos en la prevención de la inmigración ilegal por Ceuta y Melilla, ahora resulta que no lo era tanto. La prueba está en la reacción del Gobierno- -anunciada ayer por varios ministros durante la sesión de control parlamentario- -si como tal se puede calificar la reactivación de un convenio de readmisión suscrito con Marruecos en 1992. Ocurre, sin embargo, que este convenio de colaboración meramente administrativo puede quedar neutralizado por la propia Ley y el Reglamento de Extranjería. En cualquier caso, no está mal que el Gobierno se acuerde ahora de este procedimiento, porque sus muestras de satisfacción con la actitud de Marruecos no hacían presumir que faltara ningún mecanismo legal por utilizar en la política migratoria. De todas formas, siendo positivo que se utilicen los recursos ya establecidos para frenar los flujos de inmigración ilegal, el Gobierno habrá de aclarar por qué no reactivó antes este convenio y por qué vendió las excelencias de la colaboración con Marruecos cuando no había motivo para ello. Por otro lado, tan importante como la eficacia es la legalidad y el Gobierno debe asegurar la compatibilidad de este convenio de repatriación inmediata con la Ley en vigor, que prevé el traslado a comisaría de todo inmigrante detenido en territorio español, y no su devolución al país de procedencia. La reforma de esta legislación acabará siendo inevitable. El Gobierno tiene la obligación de que estas medidas no sean papel mojado, como lo han sido el recrecimiento de las vallas fronterizas o el despliegue del Ejército. Hay saturación de propaganda. Hace apenas una semana se celebró una Cumbre bilateral entre los gobiernos de ambos países y, hasta ahora, la inseguridad de las fronteras españolas con Marruecos ha aumentado de forma escandalosa. En su comparecencia conjunta con Dris Jettu, primer ministro marroquí, Rodríguez Zapatero se esforzó en aparentar una situación de perfecta armonía con Marruecos. Sólo anunció medidas conjuntas de investigación e información sobre las causas de que varios inmigrantes murieran tiroteados durante el asalto perpetrado el 29 de septiembre. Desde entonces, el presidente no se ha manifestado respecto a la crítica situación de Ceuta y Melilla, dejando para la interpretación preocupante su silencio ante una posible cosoberanía de ambas ciudades autónomas. Obligado por los acontecimientos, el Gobierno envió ayer a Ceuta y Melilla a la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. La impostura de aquella Cumbre sintetiza el fracaso de las vías amistosas para obtener el apoyo real de Marruecos. La fantasía que adorna los elogios de algunos ministros hacia el vecino magrebí sólo aumenta la imagen de impotencia del Ejecutivo español ante un problema que lo está desbordando. Sería un error pensar que sólo es una cuestión de inmigración. Hay más, porque ha habido muertos en territorio español, por disparos procedentes de un país extranjero y que conllevaron un riesgo evidente para los agentes de la Guardia Civil. Existe más que un problema deinmigración, porque Europa contempla cómo España no es capaz de controlar una docena de kilómetros de sus fronteras exteriores, permanentemente acosadas, agravando así las consecuencias de su políticamigratoria, ya inquietante para la UE después de la regularizaciónde cerca de 700.000 inmigrantes. Ahora, sin embargo, el Gobierno sí se acuerda de Bruselas y le pide fondos e intervención política para remediar la situación. Si nada de lo sucedido hasta el momento ha contribuido a implicar a Marruecos en la contención de las avalanchas de inmigrantes, el Gobierno socialista tiene que renunciar a su actitud sumisa y plantear seriamente, por los cauces diplomáticos que correspondan, una respuesta proporcionada y a la altura del país que representa. El capítulo de glosar las bondadesde Marruecos como aliado de España ya está agotado y descalificado. Ahora le corresponde al Gobierno ejercer como tal, protegiendo los intereses nacionales, y a Zapatero salir de su silencio ante esta difícil situación y pronunciarse, sin más ambigüedades, sobre la actitud de Marruecos y el futuro de Ceuta y Melilla. El saldo actual pone en evidencia el fracaso del despliegue de seguridad, de la participación del Ejército y del reforzamiento de las vallasmetálicas. Y, en buena medida, seguirá siendo un fracaso insistir en estas recetas si, al mismo tiempo, no hay presión diplomática sobre Marruecos para evitar las concentraciones de inmigrantes en su suelo, listos para saltar sobre Ceuta y Melilla. Es necesario tomar distancia y así contemplar que la situación de estas ciudades españolas se inscribe en el deterioro general de nuestra política exterior. N contra del criterio expresado anteriormente por la Audiencia Nacional y el Supremo, el Tribunal Constitucional ha dictado una sentencia en la que considera que la Justicia española es competente para juzgar los delitos de genocidio o crímenes contra la Humanidad aun cuando hayan sido cometidos en el extranjero, por extranjeros y contra extranjeros. Es decir, aunque lo único español que haya en el asunto sea el tribunal. Técnicamente, el Constitucional no ha hecho sino atenerse escrupulosamente al contenido del artículo 23.4 de la ley orgánica del Poder Judicial, que para atribuir la competencia procesal no especifica la conexión de interés del caso con el Estado español, lo que convierte a la norma en una especie de brindis al sol, pues no es probable, por ejemplo, que la Audiencia abra un proceso contra los responsables del genocidio africano de Darfur, en Sudán. Pero puestas así las cosas, resulta interesante ver cómo se comportarán a partir de ahora los tiranos del planeta, cuya movilidad, por lo que pueda pasar, queda restringida en España, no sea que un juez se tome al pie de la letra el espíritu de esta sentencia. Es probable, por ejemplo, que Fidel Castro se ate los machos y se lo piense dos veces antes de acudir a la próxima Cumbre Iberoamericana de Salamanca. Por algo será. Fidel Castro REUTERS CALADITAS DEMAGÓGICAS UZ verde a la cruzada antitabaco promovida por todas las fuerzas políticas del arco parlamentario: lo que el humo une, que no lo separe la política. Loable acuerdo de máximos que, sin embargo, presenta aspectos discutibles, porque en su afán de erradicar el tabaquismo perjudica seriamente la salud del sector de hostelería- -prohibido ir a bares y restaurantes con los niños- -y llega al extremo de impedir fumar en las bodas, caladita demagógica que dibuja volutas para adornar un proyecto que no necesitaba ir tan lejos. Con lo bien que iban, al final, por puristas, se la juran al puro nupcial y su vitola. Bien está estrechar el círculo, pero regular sin mesura distorsiona una norma que se pierde en la letra pequeña para matar moscas a cañonazos. Porque nadie discute las bondades de una ley que, en líneas generales, resulta tan necesaria como desmedida. LA DEBILIDAD DEL EJE FRANCO- ALEMÁN L L renacido eje franco- alemán atraviesa por un mal momento. Ha durado poco la apuesta que pretendía impulsar la identidad europea durante la crisis provocada en el seno de la relación trasatlántica por la guerra de Irak. Sus protagonistas, el presidente Chirac y el canciller Schröder, están gravemente dañados en sus respectivos liderazgos. El primero acaba de sufrir un paro sindical que ha vuelto a evidenciar la ruptura de la sociedad francesa con su presidente. El segundo ha sufrido una derrota electoral que ha colocado a Alemania ante la difícil coyuntura de retomar la gran coalición que unió a la CDU y al SPD en los años 60. Así, la gravedad de la situación por la que atraviesa el eje es evidente. Francia parece empeñada en oponerse a cualquier liberalización de sus rígidas estructuras sociales y económicas. La sociedad gala vive instalada en el cultivo de un conservadurismo vital cada vez más recalcitrante: se vio en el referéndum de la Constitución europea y se reprodujo el pasado lunes, cuando los sindicatos paralizaron el país oponiéndose a las tímidas reformas insinuadas por De Villepin E en su intento de cumplir los compromisos de liberalización que obligan a Francia ante sus socios de la UE. Sinliderazgo, sin pulso reformista ni capacidad de iniciativa, Francia languidece y corre el riesgo de convertirse en el enfermo de Europa. Tan sólo Alemania podría disputarle este papel si se empeña en no salir del atolladero político generado por las elecciones de hace unas semanas. Es cierto que la situación económica germana no es comparable a la de su vecino. Sin embargo, si no afronta con energía profundas reformas estructurales, la principal economía europea corre un grave riesgo de estancamiento debido a los efectos de la política social impulsada por la coalición rojiverde y, sobre todo, al lastre que para el conjunto de la sociedad ha supuesto el proceso de reunificación. En este contexto el eje franco- alemán exhibe la compleja fisonomía de un cuadro clínico preocupante. De ahí que dijera Tony Blair recientemente que su proyecto para el Reino Unido sea tan sencillo como querer que su país se vea libre del malestar de Francia y de las angustias de Alemania. ¿Qué más se puede pedir?