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ABC MIÉRCOLES 5 10 2005 23 La Comisión Europea anima a Turquía a que empiece a ganarse a la opinión pública de la UE Cheney advierte que una retirada militar de Irak fomentará peores atentados que el del 11- S El proyecto de privatizar una empresa naviera en bancarrota en Córcega ha dado alas a los nacionalistas, que han sumado sus exiguas fuerzas a las de los sindicalistas El oportunismo del nacionalismo corso J. P. QUIÑONERO. CORRESPONSAL AFP unos 400 de los de corto recorrido fueron anulados y los que despegaron lo hicieron con retrasos de hasta una hora y 40 minutos de media en el aeropuerto parisiense de Orly y de media hora en el de Roissy- Charles de Gaulle. En los viajes domésticos por ferrocarril circularon dos de cada tres trenes regionales y aproximadamente la mitad de los cercanías. En el metro parisiense, ocho de las catorce líneas sufrieron perturbaciones y en los autobuses también hubo problemas en la mayor parte de las ciudades. Aproximadamente la mitad de los profesores no acudió a las escuelas y Correos registró un seguimiento de entre el 30 por ciento, según los sindicatos, al 15 por ciento calculado por la dirección. En términos generales, los aeropuertos, trenes, los transportes urbanos de provincia y el metro fueron los más afectados por una huelga que, sin embargo, no alcanzó el grado de parálisis total que se registró en la anterior movilización del pasado 10 de marzo contra la política económica del Gobierno conservador, y que creó en gran medida el caldo de cultivo para el no del referéndum a la Constitución europea. Los transportes públicos se vieron muy perturbados y complicaron el tráfico europeo por aire, carretera y ferrocarril El primer ministro, Dominique de Villepin, aseguró haber escuchado el mensaje de la calle, pero no adelantó ningún cambio El respaldo de los sondeos Según una encuesta dada a conocer ayer, el 74 por ciento de los franceses, sin distinción de nivel social o de pertenencia política, vieron la jornada de huelga de ayer con simpatía y según otro estudio de opinión, un 72 por ciento la consideró justificada Además, la huelga se produce en un contexto de fuerte tensión social en la costa sureste de Francia y en un momento difícil para Dominique de Villepin, que al mismo tiempo lidia con la crisis provocada por el proyecto de privatización de la compañía marítima estatal SNCM, que une la costa mediterránea francesa con la isla de Córcega y el norte de África. PARÍS. La privatización anunciada y empantanada de la Sociedad Nacional Córcega- Mediterráneo (SNCM) ha echado aceite al fuego siempre imprevisible de la crisis corsa, ofreciendo a los nacionalistas una nueva bandera y una alianza de circunstancias con unos sindicatos ultra minoritarios, pero con una incendiaria capacidad de provocar trastornos de todo tipo. La SNCM está en crisis y bancarrota financiera desde hace mucho tiempo. Se trata de una compañía con un déficit estructural crónico, cuyas pérdidas se justifican oficialmente en nombre de la solidaridad nacional: se pagan con subvenciones las idas y venidas de corsos y turistas, entre la isla, París y Marsella, para ofrecer una ayuda a fondo perdido. Sin embargo, cuando el Estado francés se encuentra en un estado de crisis cancerosa, con una deuda nacional sin precedentes y todas las cuentas públicas en números rojos, el gobierno tomó la decisión heroica de privatizar parcialmente la SNCM, con el fin inconfesable de recortar gastos. La CGT (mayoritariamente comunista) y el Sindicato de Trabajadores Corsos (STC, nacionalista) decidieron responder secuestrando el Pascal Paoli un ferry que se llama como el patriarca fundador de la patria corsa El gobierno decidió liberar el barco recurriendo a las fuerzas antiterroristas, con una espectacular intervención de helicópteros y comandos... A partir de ahí, todos los indicadores del conflicto corso han vuelto a ponerse al rojo. Los nacionalistas han encontrado un pretexto casi ideal para continuar protestando contra los proyectos de privatización parcial de la SNCM, aliados a la CGT, un sindicato influyente a nivel nacional. Alain Mosconi, líder sindical corso, AP en la manifestación de ayer en Bastia potética independencia altamente imaginaria, ya que toda la economía corsa reposa, por el momento, en las subvenciones estatales y europeas... Nicolas Sarkozy, ministro del Interior, es partidario del diálogo constructivo con el objetivo inconfesable de asfixiar a los nacionalistas en sus propias contradicciones. Dominique de Villepin, primer ministro, es partidario de la primacía del orden público y el recurso sistemático a las fuerzas del orden. Ante tales divisiones del Ejecutivo, la minúscula crisis de la SNCM ha dado a los nacionalistas un balón de oxígeno perverso. Los nacionalistas desentierran el hacha de guerra sindical contra el Estado, protestando contra la privatización de una empresa que sólo vive de las subvenciones públicas. Por su parte, el Estado ha decidido renunciar a su primer proyecto de privatización casi total, para volver a enfrentarse contra la Comisión europea, que sospecha, con razón, que el Gobierno francés se dispone a salvar a una empresa semipública con subvenciones que violan unas normas europeas teóricamente incompatibles con las economías administradas y las empresas que hacen precios políticos para contener las llamas de un incendio secular. Suma de contradicciones Los nacionalistas corsos han perdido todas las elecciones desde hace años. Y el referéndum local que proyectaba incrementar la autonomía corsa se saldó en su día con una victoria espectacular de los partidarios del no Frustrados, minoritarios, divididos, los nacionalistas corsos se agarran ahora al clavo ardiendo de la privatización de la SNCM con objetivos políticos esquizofrénicos: se protesta contra la compañía estatal, deficitaria, en nombre de un nacionalismo que dice aspirar a una hi-