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ABC MIÉRCOLES 5 10 2005 Opinión 7 cuerdas a una ETA incapaz de emular a Bin Laden sin afrontar una destrucción definitiva, como parece haber entendido el IRA. Así las cosas, no es ningún disparate tratar de convencer a los etarras de que la única alternativa al desestimiento voluntario es el acoso y exterminio. El mayor peligro es un unilateralismo que los ataques incondicionales al Gobierno, al que algunos le niegan el deber y el derecho a gobernar, amortizan por adelantado. Imaginar el fin de ETA como una reedición del duelo en O. K. Corral no es sólo una puerilidad que regala a los terroristas un estatus rival que no les corresponde, sino que en la práctica demora hasta el infinito su derrota. A falta de un Gary Cooper que liquide en perfecta soledad a todos los pistoleros, nos quedamos esperando eternamente una noticia que quizá nunca se produzca. Lo más probable es que el terrorismo etarra acabe deshaciéndose en su propia salsa. Un pacto realmente duradero no sólo entre los partidos, sino entre todos los agentes sociales implicados, aceleraría ese desenlace: ¿y si la desaparición de ETA no es otra cosa que la falta de noticias sobre ETA, sin rendición, sin acta notarial, sin mesa de paz, una extinción entre el desprecio general? LA ESPUMA DE LOS DÍAS ÍNSULAS Y ENCRUCIJADAS ABLÓ el Rey en tiempo y forma. Habla el pueblo en las encuestas cada vez que le preguntan. Palabras sensatas, plenamente acordes con la Constitución, proceden de altas instancias judiciales y militares. Sin embargo, se echan en falta ciertas voces desde los cuerpos intermedios que vertebran la sociedad civil. Callan algunos por prudencia convencional, aunque murmuran en círculos restringidos. También en Cataluña: las gentes del PP catalán cuentan que, en privado, casi todo el mundo les da la razón. ¿Acaso sirve eso de algo? Se impone cierta actitud de refugio en los intereses particulares, a veces disfrazada de escepticismo y desencanto. Pero es hora de pronunciarBENIGNO se en público y de forma PENDÁS inequívoca. Deben ser conscientes de ello los intelectuales y académicos, el mundo empresarial, los líderes sociales en el sentido más amplio. No hace falta gritar ni perder las buenas formas. Basta con leer y releer la norma fundamental: La nación española, en uso de su soberanía... Ni el bienestar ni el egoísmo justifican el silencio ante un texto con alma de Constitución en cuerpo de Estatuto, aunque se envuelva en la falsa retórica de la nación de naciones o el desarrollo del pluralismo territorial. La única respuesta posible es no Pero todo apunta hacia un maquillaje formal, que mantenga lo sustancial y, para colmo de males, alimente el victimismo. Nos dirigimos sin remedio hacia la peor de las opciones: habrá nueva rapiña de competencias estatales, pero Madrid seráculpable, como siempre. Supongo que algunosestrategas socialistas estaránsatisfechos después de tan brillante operación. Entre perpleja e indignada, la mayoría social no sabe reaccionar. Todos los males derivados de la falta de vertebración moral pasan factura al mismo tiempo. El secreto, sin embargo, es muy sencillo. Se llama firmeza. Estamos ante algo más que un problema de poder. No es cuestión de ínsulas, sino de encrucijadas, amonesta Don Quijote a Sancho, cuando- -ante una aventura de singular trascendencia- -el buen escudero se limita al cálculo de las ventajas que le reporta la situación. El argumento de que no hay problema, porque la Bolsa sube expresa todas las paradojas. La vieja izquierda revolucionaria y cosmopolita ha llegado al país de las maravillas: adora al capitalismo y suplanta al nacionalismo burgués. Queda alguna opinión sensata, como la de Francesc de Carreras, voz discrepante autorizada (en el doble sentido de la palabra) Mientras el mundo gira a gran velocidad, nosotros seguimos mirándonos nuestro histórico ombligo Pero la posición común se identifica con X. Rubert de Ventós. Mi memoria se niega a conservar antiguallas absurdas y no consigo recordar la fuente concreta. Pero puedo asegurar que aprendí a sentir vergüenza ajena en un texto del padre literario del preámbulo. Narraba allí con alegría juvenil su primer viaje al extranjero Destino: Salamanca. ¿Es posible caer en un ridículo mayor? H ÁNGEL CÓRDOBA donde estaba: no hay mucha base para creer que la banda haya optado por la eutanasia. Es cierto que el gobierno Zapatero ha levantado el pie del acelerador que el gobierno Aznar pisaba hasta el fondo. ¿Hay alguna explicación aceptable de esta actitud, o sólo cabía exigir la continuidad con la política de Aznar? Lo cierto es que la propia debilidad de la banda, fruto de esa política, anima la conjetura de un final pactado a cambio de la renuncia definitiva al terrorismo. Además, el terrorismo islamista pone contra las Si la confianza socialista en cerrar acuerdos con los nacionalistas es irracional y temeraria, sabotear toda posibilidad de reencuentro de la derecha y la izquierda democráticas no ayuda a derrotar a ETA. Al contrario: la salud terrorista mejora cuando empeora la del Estado democrático. Y tampoco ayudan nada, me temo, movilizaciones tan apocalípticas, partidistas y llenas de prejuicios como las anunciadas por la AVT, más orientadas a desgastar al Gobierno e irritar a sus votantes que a combatir a los terroristas, a instituir la tutela delegada de sus muertos sobre la voluntad de los vivos. ETA no quiere aceptar todavía que carece de futuro. Ahora le frenan su debilidad, el temor a reactivar el Pacto Antiterrorista y la respuesta general. Por eso estimula con gestos ambiguos la confusión que enfrenta a sus enemigos, única esperanza de perduración que le resta. Siento no ser original y aburrirles con obviedades que no interesan a nadie. Estamos mucho mejor ahora que en 1998 y 1980. Pero me pregunto si el triunfo del cainismo y el instinto sectario sobre la sensatez no volverá a retrotraernos a los peores años. PALABRAS CRUZADAS ¿Va a servir para algo la tercera valla de Melilla? LOS RICOS SOMOS NOSOTROS ERVIRÁ para contener la entrada de ilegales. Pero no acabará totalmente con ella. Ni ésta ni ninguna otra medida. Porque la riqueza de nuestro país, mientras dure, será un polo de atracción constante para todos los países pobres. Por eso éste es un problema al que sólo cabe ponerle parches, más o menos eficaces, pero parches, y ni este Gobierno ni ningún otro tendrán una solución definitiva. Y los parches de una decisión política y moralmente tan difícil como es la de impedir la entrada de todos esos subsaharianos desesperados son las vallas, la Guardia Civil y el Ejército con la función redefinida, como ha sugerido el general EDURNE Sanz, y las expulsiones inmediatas. URIARTE Perdemos demasiado tiempo lamentando la falta de colaboración de Marruecos, o la de la Unión Europea, igual que lo perdimos con Francia en aquellos largos años de soledad en la lucha antiterrorista. A pesar de todos los organismos internacionales habidos y por haber y de toda la parafernalia sobre la cooperación, hay una máxima que sigue vigente en política internacional: que cada uno se saque las castañas del fuego. Y estas castañas y este fuego son nuestros. Quienes esperan en la valla de Melilla no quieren quedarse en Marruecos, desean entrar en nuestro país. Porque los ricos somos nosotros. LA VALLA DE LA VERGÜENZA NA valla como la de Melilla es siempre un error o la exhibición de un fracaso. El muro de Berlín fue el signo tangible del fracaso comunista. La de Melilla, salvando distancias y diferencias, es la prueba del fracaso de la política del Gobierno. A pesar de que se había doblado su altura, 350 inmigrantes, con una violencia inusitada, lograron superarla. Al margen del dramático problema humano, quienes atacan a las Fuerzas de Seguridad españolas se aseguran una residencia precaria y eluden la devolución inmediata. La situación es gravísima y reveI. SÁNCHEZ la los errores y la desidia del EjecuCÁMARA tivo. Ni es adecuada la política de inmigración, que, como se había advertido, ha producido un incontenible efecto llamada ni es correcta la política hacia Marruecos, que, como mínimo y en el mejor de los casos, es culpable por omisión. Alienta el caos y, a la vez, reivindica Ceuta y Melilla. Habría que oír a la progresía clamar contra el PP si un gobierno popular aumentara la altura de la valla y enviara al Ejército. La valla no es la solución, sino la confirmación de un problema derivado de un doble error político. S U ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate