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6 Opinión MIÉRCOLES 5 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS MARTÍNEZ GORRIARÁN LA CRESTA DEL GALLO E RA previsible y, salvo José Luis Rodríguez Zapatero, José Antonio Alonso y José Bono, todos lo teníamos previsto: el despliegue del Ejército español en las fronteras de Ceuta y Melilla no ha servido para frenar el tránsito de inmigrantes y ofrece, como indeseable efecto secundario, una imagen viciada de nuestras Fuerzas Armadas. Destinar unidades militares, entrenadas para el combate, a funciones de policía es como cortarle la cresta a un gallo. Unos y otros pierden fuerza y dignidad y, en consecuencia, salen perjudicados, según se trate, el corral o la Nación. La enviada especial de ABC a Melilla, Laura L. Caro, describía ayer con M. MARTÍN singular brillantez el caFERRAND so de una soldado que, sin poder utilizar su armamento en razón de las órdenes recibidas, se veía obligada a contener el tropel de inmigrantes invasores con las únicas herramientas de una porra y un silbato. Un soldado puede, y hasta debe, llevar en la mochila el bastón de mariscal, que así lo diseñó Napoleón Bonaparte para conquistar Europa; pero quitarle el bastón de la gloria castrense y sustituirlo por un bolígrafo y un cuaderno de multas, ni tan siquiera por un equipo antidisturbios, es condenarle al fracaso y, peor todavía, a la decepción. Los ejércitos se miden y valoran por su potencia de fuego, no por su capacidad de aguante. Cualquier persona medianamente equilibrada, sin manías de grandeza o complejos de pacifismo, sabe distinguir una función policial de otra castrense. Aquí es todavía más sencillo porque tenemos la fortuna y la costumbre de disponer de una Guardia Civil que, con estructura militar, se especializa en misiones civiles y de orden público. Sus efectivos represivos, bien dotados y mejor entrenados, son muy capaces de contener una avalancha humana como las que, en sospechosa coincidencia con las circunstancias, soportan nuestras dos ciudades autónomas. Sólo cabe una explicación lógica- -las lejanas de la razón son incontables- -para tratar de cubrir con cuatro compañías del Ejército- ¡un soldado cada cincuenta metros! -los kilómetros de vallas ceutíes y melillenses que, con mal diseño y peor conservación- -según demuestran los hechos- protegen dos porciones tan significativas del territorio nacional: el deseo previo de un fracaso en tan delirante misión. Entra dentro de lo posible que el acreditado talante de Zapatero, tan dado a serrar con una lima y a limar con una sierra, asesorado por la no demostrada sagacidad de Miguel Ángel Moratinos, haya descubierto la frontera permeable como nueva y más progresista medida de seguridad. Además, y según demuestra la Historia del último siglo, los problemas africanos de España engordan o adelgazan, con matemática precisión y proporcionalidad, según sea el nivel de firmeza del Gobierno de la Nación. A la debilidad le corresponde el conflicto, y a la firmeza, el sosiego. ETA Y EL PROCESO DE CONFUSIÓN El autor analiza, con balance pesimista, el panorama político y social que rodea la lucha contra ETA y la desconcertante situación creada donde los que ayer eran héroes hoy son traidores, y los últimos de la clase aspiran con naturalidad a la matrícula de honor H ACE poco más de dos años, pocos dudaban de que ETA estaba al borde del fin, gracias sobre todo a la eficacia del Pacto por las Libertades; francamente, no acabo de comprender por qué tantas de esas opiniones han girado 180 grados, hasta sostener que ahora estamos peor que nunca, con la banda a punto de triunfar gracias a la traición. No hemos sufrido ningún asesinato etarra desde mayo de 2003. ¿Es el cambio de gobierno el que ha precipitado ese vuelco? ¿la sustitución del PP por el PSOE es una prueba irrefutable de la victoria de ETA? ¿es Gregorio Peces Barba peor que Josu Ternera? Cierto es que ese giro de la opinión complementa al de quienes sostienen que negociar con los terroristas no sólo es el colmo de la virtud política, sino un mero asunto de talante e ingenio desinhibido: Otegi es un pacifista; Batasuna, un posible aliado; LAB, un socio a cortejar. detrimento de Mariano Rajoy; lo que importa es que, de paso, volaron por los aires el quebradizo consenso entre el PSOE y el PP. La voladura ha dejado paso franco a una impresión inquietante: para algunos, demasiados, la derrota o la victoria de ETA no son otra cosa que un dato coyuntural, útil para atizar al contrario. El terrorismo y sus consecuencias dan más o menos lo mismo. Importa otra cosa: ¿puede aprovecharse para atacar al Gobierno o acosar a la oposición? Igual parece exagerado, pero ¿cómo entender que algunos consideren peor que no haya asesinatos, o que reclamen ese avance durísimo, elemental y colectivo, como un éxito partidista? Lo que sí muestra este cambio de opinión es que el Pacto entre el Partido Popular y el Partido Socialista fue más bien la consecuencia extraordinaria y provisional de la presión ciudadana. El sistema democrático empuja a los partidos- -y a la prensa que les apoya, las empresas beneficiarias y las distintas clientelas- -a la colisión y al enfrentamiento. Hay poquísimos pactos, si los hay, resistentes a la tentación de explotar las desgracias del rival. Dejemos ahora las circunstancias que dieron la victoria a José Luis Rodríguez Zapatero en España es un país tendente a los bandazos cainitas y admirador de la picaresca. Los que ayer eran héroes hoy son traidores, y los últimos de la clase aspiran con naturalidad a la matrícula de honor. La ecuanimidad, el rigor y la coherencia crítica tienen aquí poca prensa, pero se aplaude el sectarismo más paranoide. Los mismos que el domingo afirman que el terrorismo nacionalista es un fantasma despreciable proclaman el martes su victoria. Ha pasado con los últimos bombazos etarras, que han dejado en evidencia tanto a quienes proclamaban- -y siguen igual- -que ETA no atenta porque el gobierno traidor se ha rendido como a los diseñadores de inútiles e indecentes mesas para una negociación imposible. La bomba y el último anónimo etarra dejan todo -Bendito sea Mohamed VI, que nos obliga a tener nuestro ejército en la frontera con Marruecos, distraído así de lo que proclama el Estatuto de Cataluña.