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92 Deportes MARTES 4 10 2005 ABC El festejo de los goles por parte de los brasileños del Madrid ha engordado un debate que divide y molesta a aficionados e incluso a compañeros del vestuario. El club ni prohíbe ni recomienda, sólo pide respeto para los equipos y las aficiones rivales Celebraciones peligrosas TEXTO: JULIÁN ÁVILA tres brasileños se reúnen para encadenar unos saltitos. Nadie más se sumó al guateque. En el segundo, Roberto se escapa de Pablo García para hacer el salto del potro. Luego abrazó a Beckham. Tampoco hubo piña. En el tercero, también de Roberto, repitió el salto después de zafarse de Zidane. El cuarto, de Baptista, logró la única piña. Los brasileños no cambiarán Las ausencias fueron justificadas por Roberto, porque hay quien piensa que las celebraciones son excluyentes: En el vestuario lo habíamos ensayado y hemos invitado a todos para que participen. Si no quieren, es problema suyo, pero vamos a seguir celebrando los goles así Varios jugadores del Madrid se sienten avergonzados con este tipo de actitudes y optan por taparse. A otros les da lo mismo. Como a Pablo García: Lo hacen en broma porque los brasileños son así, alegres y diferentes. Intente pararlos, pero que lo celebren como quieran siempre que no hagan daño O Beckham: Les dejamos que hagan su show y luego vamos nosotros. No estoy seguro de que otros compañeros quieran unirse Un responsable del Madrid aseguró a ABC que es excesiva toda la polémica. Forma parte de la cultura brasileña. Al club le preocupa que no metan goles. Se trata de una moda pasajera y no vamos a prohibir o recomendar nada, salvo que se falte al respeto a los equipos o a las aficiones contrarios MADRID. La celebración de los goles modificó sus hábitos en el fútbol español en la década de los 80. Fue Hugo Sánchez uno de los pioneros en aparcar el abrazo clásico por una voltereta de gimnasta antes de recibir la felicitación de un compañero. Causó furor su puesta en escena y también indignación- -recibió un botellazo en Las Gaunas, el campo del Logroñés- Se puso de moda festejar los tantos de otra manera. Los brasileños Romario, Dunga y Bebeto, en el Mundial de Estados Unidos, simularon acunar a un bebé mirando a la grada para celebrar el nacimiento del hijo de Bebeto. Después, se vio como Finidi se ponía sobre su cabeza rapada un sombrero cordobés que le tiraban desde la grada; o la simulada y desagradable meada al estilo perrito del valencianista Leandro, también brasileño, al Frente cuando marcó un gol en el Vicente Calderón; el beso del anillo de Raúl, como mensaje de amor a su mujer, o el dedo sobre el labio para silenciar el Nou Camp o el Vicente Calderón; las volteretas interminables, con salto mortal incluido, del jugador del Recreativo Uche; la llamada desde un teléfono móvil de Delly Valdés, cuando jugaba en el Málaga, para contar su gol a un amigo en pleno partido; o los mensajes en las camisetas hasta que los prohibió la Federación Española de Fútbol. Por si fuera poco, Roberto Carlos, Ronaldo y Baptista echaron más leña a la pira al prometer otra obra de arte si marcaban. Y lo cumplieron. Hicieron los cuatro al Mallorca y las consiguientes celebraciones no cayeron bien en un sector del vestuario. Hay motivos. En el primer tanto, los Recelo, polémica y debate Esta práctica con trazos artísticos artesanales había caído en desuso... hasta que Ronaldo hizo la cucaracha en Mendizorroza con Roberto Carlos y Robinho. El gesto fue motivo de diversión y curiosidad en algunos aficionados y jugadores, y de acción frívola para otros. Lo cierto es que se desempolvó un baúl que levanta recelo, polémica y debate dentro y fuera del vestuario. Roberto: Hemos invitado a todo el vestuario para que participe. Si no quiere, es problema suyo Beckham: Les dejamos hacer su show y luego vamos nosotros, pero no estoy seguro de que todos quieran unirse GOLES DE AUTOR Y DE EQUIPO ENRIQUE ORTEGO spero que sea una moda. Y como tal, algo pasajero. Contra gustos nunca habrá disputas, pero no me gusta el cariz que está adquiriendo la celebración de los goles de la familia brasileña del Real Madrid ni tampoco creo que sea bendecida por el madridismo, Florentino Pérez incluido. Hacer un día la cucaracha puede hasta ser gracioso, pero querer monopolizar el éxito de los goles con shows constantes puede llegar a cansar a todos y más a sus compañeros. No debería olvidar Roberto Carlos- -parece el inductor de las operaciones- -que el fútbol es un juego colectivo y que los goles son de todo el equipo, no patente de quienes los marcan. Sus gestos quitándose de encima en un tanto a Pablo García y en otro a Zidane, que acudían a felicitarle, son feos y pocos respetuosos. No me extraña que Helguera, al verse relegado a un segundo plano, le diera una cariñosa patada en el culo al brasileño en otra de las celebraciones. Raúl, Guti, Salgado... ni se acercan. Y menos mal que, al menos, tienen el detalle de darle las gracias a Beckham, que es quien les pone casi todas. E Arriba, los brasileños celebran la cucaracha en Mendizorroza; abajo, una secuencia de los saltitos ante el Mallorca AFP