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ABC MARTES 4 10 2005 45 Benedicto XVI invita al Sínodo de Obispos a ayudarse a ver los propios defectos 10.59 h. 11.03 h. 11.06 h. 11.16 h. 11.37 h. 12.11 h. 12.20 h. 12.26 h. MIGUEL MUÑIZ Un peregrino admira el eclipse desde la plaza del Obradoiro MIKEL PONCE Grupo de jóvenes en la Ciudad de las Ciencias de Valencia Silencio, se rueda eclipse para una película M. AMADO MADRID. La jornada de ayer resultó histórica para muchos madrileños. Mientras unos miraban al sol a través de gafas de eclipse o telescopios con filtros, otros, como Liberto Rabal, inmortalizaban el momento en 35 milímetros. Era la primera secuencia de la película La inercia de los cuerpos una comprometida reflexión sobre el sistema sanitario y la relación médico- paciente que el joven actor y director comenzará a rodar en Madrid dentro de mes y medio. El lugar elegido para grabar el eclipse- -algo que, además, nunca se ha realizado en el cine español- -fue el campo de rugby de la Complutense. El resultado fue perfecto, aunque no estuvo exento de anécdotas. Como recordó el director, sólo cuando tienes una cámara en la mano te das cuenta de que el sol se mueve. Los astrónomos usan plataformas computerizadas, pero nosotros nos hemos tenido que fiar de nuestro propio ojo Y todo con un potente objetivo y un filtro especial para evitar daños en la retina. Aun así, Rabal no quiso exponer a nadie de su equipo y él mismo manejó la cámara durante los cinco minutos que duró la anularidad. gidos como observatorio por unas 200 personas. Hasta allí se desplazó la ministra de Educación, María Jesús San Segundo, y también el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Carlos Martínez. Pero sin duda los mejor preparados fueron los ciudadanos de Alcalá de Henares, en cuya plaza de Cervantes se colocaron más de una veintena de telescopios. Fin del periplo Y el eclipse llegó a su última parte del viaje en Alicante, la última provincia española desde la que se pudo observar y donde fue visible hasta las doce y media de la mañana, pese a que, precisamente en la capital, las densas nubes impidieron que se contemplara el fenómeno en toda su magnitud. Sin embargo, en otras localidades alicantinas los cielos despejados permitieron a científicos y curiosos presenciar cómo la luna mordía el sol hasta dejar visible sólo un anillo, momento en que sobrevino la máxima oscuridad del cielo, similar a la de una mañana de invierno, y un leve descenso de las temperaturas, de entre uno y dos grados. Es el caso de Denia, en cuyo observatorio se reunieron astrónomos de diversos países europeos. Los que no pudieron salir a la calle, tal como hicieron miles de trabajadores que en algunos casos se tomaron la mañana libre, fueron los escolares de Elda y Petrer. La razón: evitar daños en la retina. AP Un joven vallisoletano proyecta la imagen del sol sobre un papel F. HERAS Información elaborada por: E. Montañés, P. García, D. Martínez y G. Alonso.