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6 Opinión MARTES 4 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JOSEP MIRÓ I ARDÈVOL UNIVERSIDAD ABAT OLIBA CEU DOSCIENTOS MIL SOLDADOS C UANDO todavía era primer cónsul de Francia, en trance de negociar con el Vaticano un nuevo concordato, el general Bonaparte ordenó a su embajador ante la Santa Sede: Tratad al Papa como si tuviera doscientos mil soldados Aquí y ahora, el problema reside en que nadie acumula la autoridad y el respeto equivalentes a esos doscientos mil soldados. Es más, ni el Estado los tiene en filas y hasta el Ejército, con más ruido en el Ministerio que lo rige que en la potencialidad de sus adelgazadas fuerzas, es una realidad poco más que protocolaria: una ONG corta de armamento y tan escasa de hombres como de medios. Tomando como patrón M. MARTÍN de medida de poder y autoFERRAND ridad los soldados que Napoleón le atribuía a Pío VII, ¿cuántos soldados le corresponden a José Luis Rodríguez Zapatero? Pocos. Menos todavía de los que integran las escuálidas y no cubiertas nóminas de Defensa porque, para no incurrir en un exceso de optimismo, los existentes habría que distribuirlos, proporcionalmente a sus poblaciones respectivas, entre todas las Autonomías; que, en resumen, el principal de los problemas vigentes- -el que afecta a la ruptura del esqueleto que sostiene España- -es el de la falta de unidad y coherencia, de armonía y concordia, entre las diecisiete partes en que se divide el todo a partir de la Constitución del 78. Cómo será de evidente que, desde que el Parlament aprobó el disparatado Estatut que ahora deberán aprobar- ¡por mayoría simple! -las Cortes españolas, los líderes catalanes hablan, sin excepción, de las relaciones entre Cataluña y España Tal que se tratara de dos entidades diferenciadas e iguales en rango y representación. En ese ambiente, Zapatero, que es un optimista patológico o un irresponsable sin medida, habla de leves retoques al texto del Estatut con el que, de hecho, atentan contra él sus socios del tripartito y, a pesar de sus últimos y discretos acercamientos, la fuerza que representan Artur Mas y su inseparable comedor de sapos, Josep Antoni Duran i Lleida. Zapatero no tiene autoridad y no se la reconoce ningún Bonaparte. Difícil situación para tratar de enmendar el despropósito en el que ha decaído la vida nacional. Por otra parte, y esto es más fácil de entender que de explicar, al monopolista de la oposición, a Mariano Rajoy, no le basta con ponerse de perfil y, en actitud de quien está de vuelta de todo, afirmar con una media sonrisa muy astuta eso tan español del ya te lo decía yo El problema está ahí y nadie- -desde la Transición a nuestros días- -puede negar una cuota en su autoría. De lo que debe tratarse es de enmendarlo y no de contemplarlo- -es lo mismo- -con una sonrisa hueca o con el ceño fruncido e inquieto. Cuando la autoridad de uno no es suficiente, habrá que juntar la de varios. Los necesarios para alcanzar el valor teórico de los doscientos mil soldados. LOS TRES GRANDES RETOS DEL PP Ganar terreno entre el electorado de Cataluña y Andalucía, recuperar la capacidad de pacto que tuvo en 1996 y meditar con cautela sobre la orientación de su programa son, según el autor, las tareas pendientes del Partido Popular para recuperar el poder H AY evidencias que, por serlo, parece que se olvidan. Una de ellas es que desde la vigencia de la Constitución, hace casi veintiséis años, el Partido Socialista ha gobernado casi dieciséis y el Partido Popular sólo la mitad. La cifra podría crecer a base de incorporar la UCD, pero creo que en razón de la heterogeneidad y originalidad de este partido, desfiguraríamos el trazo grueso que quiero dibujar, y que no es otro que el de la dificultad estructural de los populares para imponerse en número de escaños al Partido Socialista. Este inconveniente debe correlacionarse con un segundo hecho: el PSOE gobierna a pesar de haber perdido en la mayor parte de España, porque el éxito que logró en Andalucía y Cataluña, que son las comunidades que aportan el mayor número de diputados, absorbe y supera la victoria del PP. Mientras los populares no consigan reducir esta diferencia lo tienen muy difícil para volver al gobierno. Además, los últimos restos en algunas circunscripciones pueden hacerle perder diputados sólo con una ligera fluctuación a la baja. El primer reto del PP, por tanto, es mejorar y mucho, entre el electorado andaluz o catalán o, lo que es parecido, conseguir que los socialistas disminuyan su peso electoral. mayoría absoluta y sigue empeñado en no conseguir. Rajoy ya ha hecho pública la necesidad de caminar por esta vía, pero, hoy por hoy, es difícil interpretar cómo se traduce en hechos. En España los partidos de ámbito autonómico tienen una importancia extraordinaria, única en Europa. No sólo porque son determinantes para forjar gobiernos en sus territorios, como lo constatan los casos de Aragón, Cantabria, Canarias, Cataluña, Galicia, el País Vasco, sino porque así mismo pueden influir decisivamente en la formación del gobierno de España. Así fue en 1993, en el 96 y en este último. Es de sentido común pensar que si las mayorías absolutas son muy difíciles, esta evidencia conduce a una única conclusión: sin alianzas, el Partido Popular es más oposición que alternativa de gobierno. El segundo reto también puede resumirse en términos muy concretos. Se trata de recuperar la capacidad de pacto con otros partidos que alcanzó en 1996, malgastó con la El tercer reto es sin duda el más complejo. Se trata de su orientación programática y, si se quiere ir más allá, del fundamento y sentido de su política. Todo un sector del Partido Popular piensa- -creo que erróneamente- -en términos muy mecanicistas, que centrar al partido es situarse en el proyecto de la permisividad y la trasgresión social, del relativismo con relación a la cultura moral y las instituciones socialmente valiosas, propio de la sociedad desvinculada. Aquélla cuya característica esencial es la pretensión de que la realización humana sólo es posible por la satisfacción del deseo y sus pulsiones, que se impone a toda norma, tradición, reli- -Me faltaron bastantes votos para gobernar, pero afortunadamente hay mucha España para ir vendiendo trozos de ella a cambio del apoyo que necesito.