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ABC LUNES 3 10 2005 Deportes 97 Los Juegos Islámicos de Teherán han congregado a mil deportistas musulmanas de todo el mundo y muchas de ellas han participado sin el pañuelo cubriendo su cabeza, obviando una de las exigencias de la religión que profesan. El evento ha sido prohibido a los ojos masculinos y no se ha emitido por la televisión Las chicas se sueltan el velo TEXTO JOSÉ CARLOS CARABIAS MADRID. Franz Beckenbauer inició ayer una vuelta al mundo en la promoción del Mundial de Alemania (9 junio al 9 de julio) entre los países clasificados. Y casualidad, arrancó en Teherán, la capital de Irán, que la pasada semana y gracias al deporte se convirtió en el eje neurálgico entre el mundo islámico y su relación con la mujer. Más de mil atletas han concursado en esta cita que ha trasgredido una de las principales leyes del islam, aquella que obliga a las señoras a utilizar el velo. Las agencias no han podido propagar al mundo una imagen de ese momento revolucionario. El espectáculo femenino fue prohibido por el gobierno iraní para los ojos masculinos, las cámaras de televisión y los objetivos digitales de los fotógrafos, excepto para aquellos deportes- -golf, tiro olímpico y tiro con arco- -cuya vestimenta oficial congenia con los preceptos del islam. El cuerpo entero cubierto: cabeza, brazos y piernas. En un torneo clandestino, censurado desde el gobierno, poco o nada se sabe de los resultados, del desarrollo de la competición o del margen de progresión de las deportistas musulmanas. Se sabe que durante siete días muchas de ellas se zafaron del apéndice que condiciona su existencia. Una excepción fue la competición de kárate. Las atletas solicitaron a la federación internacional su derecho a concursar vistiendo el tradicional hijab de los países árabes. Mujeres musulmanas protestan contra el vestuario de la tenista Sania Mirza EPA Laleh Seddingh, piloto iraní REUTERS doras de voley playa o la procedencia o no de emplear a modelos como recogepelotas en torneos de tenis, la mujer del mundo musulmán alberga otro tipo de desafíos. Es el caso de Sania Mirza, tenista profesional, nacionalidad india, 37 en el ránking mundial. La minifalda de Sania Mirza Mirza lleva un aro en la nariz, viste a la moda y es un reclamo publicitario para las empresas de su país, que se rifan su imagen. Sin embargo, su religión musulmana se ha vuelto contra ella. Un grupo de clérigos de su país- -donde conviven 130 millones de musulmanes en una población de mil millones- -emitió una orden por la que exigen a la tenista que cubra su cuerpo en los partidos. Demasiado ajustada e indecente dijeron los antagonistas de la minifalda. La chica es una estrella en su país y se defiende: Soy una buena musulmana y no creo que por llevar minifalda insulte a mi religión Una atleta estadounidense En la previa del evento se concentró toda la información. Por primera vez desde su instauración en 1993, la organización de los Juegos Islámicos aceptó la integración de deportistas musulmanes de países no islámicos. Así llegaron a Teherán atletas de Estados Unidos, Japón, Suiza, India, Gran Bretaña y Francia para jugar contra árabes en baloncesto, atletismo, tenis y tenis de mesa. Y así fue como la mediofondista Saira Kureshi se convirtió en la primera ciudadana con pasaporte estadounidense que concurrió a un torneo plenamente islámico desde que la revolución jomeinista derrocó en 1979 al sha Reza Pahlevi, un amigo de los Estados Unidos. Fue un torneo que ha acabado con noticias de signo positivo para la mujer. La asistencia de deportistas musulmanas se ha duplicado desde su inauguración hace doce años. Entonces acudieron quinientas de 11 países. Y con el velo. En la clausura del pasado sábado hubo 31 naciones y más de mil deportistas. Mientras el mundo occidental debate la longitud del pantalón de las juga- Las selecciones de Irán y Siria en un partido de la Copa de Asia REUTERS Laleh Seddigh, la Schumacher del chador azul El mejor piloto de Irán compite con un velo azul que cubre su cabellera morena, mide 150 centímetros y describe una mirada fulgurante detrás de sus ojos negros. Se llama Laleh Seddigh y ha roto moldes. La federación de automovilismo de su país la ha designado como la número uno al volante. Los números avalan la elección: ha ganado doce rallys en un mundo masculino como el automovilismo y vive en un país, Irán, donde la mujer puede desempeñar cargos administrativos aunque siempre con el chador a cuestas. Por eso, Seddigh lleva uno azul debajo del casco. La chica de 28 años consiguió una victoria histórica en Irán, al entrar destacada en el estadio nacional de Azadi, en Teherán. La televisión iraní, como siempre, no emitió las imágenes. Su carácter rebelde se plasmó a los trece años cuando le robó las llaves del coche a su padre y se lanzó, sin carnet, libre a la conquista de las caóticas carreteras iraníes, donde conviven señalizaciones confusas, semáforos orientativos y vehículos del siglo pasado. Se acostumbró a la diferencia cuando sacó el título de ingeniería y era la única chica en la clase. Desde que se dedica a las carreras lleva tatuada la imagen de Michael Schumacher en el monoplaza. Los chicos están celosos, pero quiero seguir ganándoles