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ABC LUNES 3 10 2005 Deportes 87 Los árbitros, bajo el volcán DE LOS ERRORES A LAS CHULERÍAS ENRIQUE ORTEGO Quique Sánchez Flores Técnico del Valencia Se te hiela la sangre, se te hiela todo. Hemos hecho un esfuerzo grande y todo se nos ha ido por las decisiones del árbitro. Estamos hartos de que los colegiados vayan por un lado y el partido por otro. Estos hombres duermen a pierna suelta esta noche y nosotros llegamos requetejodidos a casa. Le he preguntado qué ha pitado en el gol de Villa y no ha sabido contestar Toledo Lateral izquierdo del Zaragoza No sé lo que pasó. El árbitro me dijo que toqué la pierna de Van Bommel, pero yo le gané la posición y él se tiró sobre mí. Esa jugada definió el partido Víctor Muñoz Técnico del Zaragoza El árbitro ha cambiado el partido. Hasta la jugada del penalti teníamos controlado el partido. Mis jugadores me dicen que no hubo penalti y yo les creo. Están rotos y no se creen lo que han visto Miguel Ángel Lotina Técnico del Español El línea estaba parado y ha visto fuera de juego. Ahora el cabreo me lo como yo. Sólo les pido que analicen los partidos después de arbitrarlos. Nosotros lo hacemos, pero no sé si ellos los guardan para cuando se retiren hulo. Se dice del que toma una acción insolente o de desafío Esta es una de las muchas acepciones que los diccionarios contemplan para definir la figura y se ajusta exactamente a la situación en cuestión. La actitud que adoptó el sábado en Getafe el colegiado Pérez Lima, cuando Quique Sánchez Flores se dirigió a él después del partido para preguntarle qué había señalado en la acción del gol anulado a Villa, fue de auténtica chulería. Se estiró como una cigüeña para parecer más alto y le miró desafiante, de forma altanera y pinturera para que el técnico ni se atreviera a tocarle, con una pose de perdonavidas impropia de una persona que tiene que impartir justicia. El partido había terminado, el resultado era ya irrevocable y el técnico le preguntaba las razones por las que había anulado el gol. Quique Pero no. Él no le podía contestar. No se iba a rebajar a hablar con un ser humano. No podía explicarse y aclarar, incluso, la acción. Se lo prohíbe su religión. El fundamentalismo que les inyectan en los ejercicios espirituales que tienen cada cierto tiempo, en los que les dicen que no hablen con nadie, que se escondan, que los periodistas tienen rabo y cuernos... y que un club que lleva dos años sin ganar nada es el cabecilla de todas las rebeliones... Por no pensar que les dan más consignas, que, a veces, lo parece cuando los errores siempre favorecen al mismo equipo, el que preside Laporta, que curiosamente apoyó en las elecciones al mismo candidato que los árbitros. El tal Villar. Casualidades de la vida. ¿Tanto costaría que los colegiados explicaran didácticamente sus decisiones en determinados casos? No sería mejor dejarles que se acerquen a la sociedad en lugar de meterles en esa burbuja que cada día les tiene más desorientados. Y a las pruebas nos remitimos partido a partido. Más allá de que se equivoquen o acierten, lo que no se pueden permitir son arrogancias de este tipo. Me identifico totalmente con las palabras de Quique Sánchez Flores después del partido. Fueron las voces de la impotencia, de la incomprensión ante la postura y el comportamiento del que pisa un terreno de juego con los galones de juez deportivo. Que los árbitros se equivoquen entra dentro del programa, del juego. Ha pasado, pasa y seguirá pasando mientras el fútbol sea fútbol. Pero es inadmisible su arrogancia. Se sienten intocables. Forman parte del único colectivo que, haga lo que haga en el cometido de su trabajo, va a quedar impune, que nadie le va a llamar la atención. Ya no digo sancionar. Ahí está el caso de Rodríguez Santiago, que cometió un grave error técnico en Montjuic y mintió descaradamente después en público para exculparse de su fallo y ayer, dos semanas después, volvió a dirigir un partido sin recibir la más mínima amo- C intenta hablar con Pérez Lima Rodríguez Santiago no gustó a nadie No estuvo acertado Rodríguez Santiago en el Cádiz- Celta, su primer partido tras el penoso incidente que protagonizó en Montjuic en el Español- Real Madrid. Esta vez no influyó en el resultado, pero su actuación no gustó a los dos entrenadores, quienes le criticaron. Es curioso que Víctor Espárrago, técnico del Cádiz, habló mal del colegiado esta vez cuando él tiene por costumbre no hablar nunca de los árbitros. Tuvo muchas dudas y una total descoordinación con sus ayudantes. Se mostró permisivo con la violencia y corto en las tarjetas, pues debió haber expulsado a Contreras. Hasta Fernando Vázquez se dio cuenta de la acción y retiró rápidamente del terreno de juego a su central a los 33 minutos. nestación de su Comité Nacional. En los tiempos de José Plaza, que fuera lo que hoy es Sánchez Arminio y al que muchos acusaban de dictador a los árbitros que cometían errores técnicos, no de apreciación, se les mandaba a la nevera No se hacían públicos sus castigos, pero se pasaban unas semanas a la sombra para purgar sus penas. Hoy, jugadores, entrenadores, incluso dirigentes que se pierden por la boca, son sancionados o se les abre expediente y se les multa económicamente si es menester. A los árbitros, nada de nada. Silencio administrativo y hasta la siguiente que monten. Sonará a demagogia. Siempre suenan así estas peticiones públicas llenas de indignación, pero el fútbol español, la Liga ProAFP fesional, es decir, los clubes, tienen que hacer algo para impedir que la competición termine siendo una adulteración absoluta. En una sociedad futbolística tan profesionalizada como la nuestra no se puede permitir que este colectivo siga campando a sus anchas con esta alevosía tan contumaz. Si quieren ser profesionales- -ya lo son emboscados- adelante pero con todas las consecuencias, y que sean responsables de sus actos. Cuando se suceden los errores, alguno incomprensible como el penalti señalado a favor del Barcelona el sábado, -por no meter más el dedo en la profunda herida azulgrana- se revuelven hasta las tripas del balón. Los mismos que manipulan resultados con sus erróneas decisiones son los que querían parar la Liga en agosto con falsas reivindicaciones que no iban más allá de intentar una nueva subida salarial. Les debe parecer poco ganar 42.000 euros fijos por temporada, 1.382 por partido- -dos o tres al mes- -más dietas. kilometraje o billetes de transporte... Y si al menos cada día mejoraran en sus aptitudes, todavía. Pero, al revés, cada día son más deprimentes y, algunos, chulos.