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6 Opinión LUNES 3 10 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL PROFESOR DEL INSTITUTO DE EMPRESA LA HORA DE ESPAÑA AY momentos en la vida de los pueblos en los que todo aquel que tiene alguna responsabilidad debe hacer un ejercicio de mesura y contención, sin abdicar de sus convicciones, para que la paz no salte, hecha añicos, por los aires. Este es uno de ellos. Las diferencias que a lo largo de casi treinta años de vida constitucional han separado a socialistas y populares, que son muchas y variadas, justificadas unas y artificiales otras, deberán quedar aparcadas una vez más pues habrá que ponerse de acuerdo para encauzar el desafío planteado por el nuevo Estatuto de Cataluña y que la próxima semana entrará en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados presidida por Alfonso GueJORGE TRIAS rra. Habrá nuevo EstatuSAGNIER to, seguro, pero Guerra, los socialistas y los populares tienen en sus manos la oportunidad de que la Constitución de 1978 no naufrague en un mar de confusiones. Coincido con la afirmación de ese editorial de un periódico barcelonés que decía que no estamos ante un drama balcánico. Coincido, sí, añadiéndole un todavía De momento estamos ante la hora de España y de los españoles representados por sus diputados que son los únicos depositarios de la soberanía nacional. La pantalla de televisión permite observar intensamente los rostros de las personas escribía el sábado en La Vanguardia Francesc de Carreras analizando cada una de las caras del drama catalán: la seriedad preocupada de Maragall (noes para menos, después de la que ha montado a propios y extraños) la satisfacción desbordada del convergente Más (mordiéndose el labio inferior como cuando Conde- -Mario- -se mordía la lengua) Y el rostro triste de Piqué preguntándose ¿qué estoy haciendo yoaquí, con toda esta gente? (pues efectivamente, no se sabe qué hacía ahí) Carreras es catedrático de Derecho Político y uno de los politólogos de la izquierda más emblemático de Cataluña. De la izquierda y no de la esquerra que es como decir del socialismo y no del nacional- socialismo Ahora es la hora de España y, también, del Partido Popular. Si Rajoy fuese capaz de integrar en una sola estrategia a todos los líderes del PP catalán, lo que está por hacer, obtendría grandes réditos electorales en próximas consultas. ¿O acaso los Lara (propietario de La Razón por cierto) Brufau, Rodés, Godó (propietario de La Vanguardia Rosell Vilarasau o Fainé, que apoyaron sin reservaseste disparatadotexto independentista, probablemente por miedo y cobardía, seguirán apostando por ello? En 1640 Cataluña, para no contribuir a la defensa del reino, se alió con Luis XIII de Francia, separándose de España durante 14 años. La experiencia fue desastrosa para los catalanes. La Cataluña de 2005 ya es rica i plena como se anhela en el himno. ¿Podría seguir siéndolo enfrentada a España? Desde Cataluña, pues, hay que gritar ¡no! con la fuerza de la razón y las herramientas de la política, a este pulso que, si prospera, supondráun cambio de Régimen como vaticinó Aznar. EL CASO TURCO Cuando hoy comienzan en Bruselas las negociaciones para la futura adhesión de Turquía a la UE, el autor alerta del riesgo de convertir a un candidato complicado en chivo expiatorio de los males presentes de la Unión y de no reconocer que es ésta la que parece incapaz de reformarse H L AS dificultades que ha sufrido Turquía para iniciar negociaciones de adhesión a la Unión Europea demuestran una vez másque estamos ante una candidatura excepcional y que es muy difícil prever el desenlace final del proceso. Sin embargo, en medio del actual desconcierto europeo, el cómo se aborda este asunto es más importante que la decisión de fondo. Puede sonar paradójico, pero para acertar en el caso Turquía, esta candidatura tan especial debe abordarse a través de los procedimientos ordinarios de admisión de un nuevo país, con la mayor objetividad posible. Un debilitamiento aún mayor de las reglas deljuego dañaría la credibilidad del proceso de integración, que atraviesa una crisis de confianza ciudadana y apenas cuenta con líderes e ideas atractivas. Latentación de los cada vez más numerosos turco- escépticos es añadir criterios más exigentes a los que ya existen o proponer vías alternativas a la plena integración, como la asociación privilegiada propuesta por Austria. El gobierno turco, por su parte, ha dado alas a estas resistencias con su intransigencia hacia Chipre, por mucho que se vea obligado a velar por la minoría turca del norte de la isla. En el otro extremo, el Reino Unido es el gran defensor del país otomano, una vez que España se ha replegado a una segunda fila detrás de Francia, y este patrocinio incondicional despierta recelos franceses y alemanes, que ven detrás del apoyo británico el deseo de diluir la unión política europea y la bien conocida influencia de EE. UU. Esto último es inevitable porque al fin y al cabo los norteamericanos son una potencia europea desde el 6 de abril de 1917. En cual- quier caso, los angloamericanos pueden estar haciendo una opción a largo plazo europeísta, sin pretenderlo: la entrada de Turquía dentro de al menos quince años aceleraría la transformación del país candidato hacia un modelo de sociedad occidental y, con todos sus riesgos, supondría un revulsivo para la Unión, que tendría que volverse más eficaz, profundizar en sus valores democráticos y fijar límites sobre la legítima influencia de la religión en la vida pública europea. La importancia estratégica de Turquía y su aportación decisiva a la defensa europea son argumentos añadidos para el ingreso del régimen de Ankara como medida de fortalecimiento del proceso de integración. La discusión en blanco y negro sobre el caso turco forma parte del cada vez más intenso debate europeo. Las preguntas sobre la identidad política y cultural de la Unión surgen de modo inevitable cuando se formula la pregunta de si Turquía es europea, por mucho que sea un extremo resuelto hace tiempo en el plano jurídico. La solución menos mala y más civilizada es la que ha tomado Bruselas al abrir negociaciones de adhesión y reafirmar que, desde un punto de vista técnico, Turquía es a un país europeo. Este reconocimiento ha sido hecho por las instituciones europeas, según las cuales el candidato cumple los criterios políticos mínimos para entablar estas conversaciones. En diciembre de 2004 el Consejo Europeo dio un sí con peros a la apertura, introduciendo en el proceso novedosas cláusulas de salvaguardia, mecanismos especiales de vigilancia y una advertencia inusitada de que el inicio no prejuzga el resultado. -Oye... ¿Tú no fuiste uno de los soldados que nos quitaron la bandera de Marruecos en el Peñón de Perejil?