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ABC DOMINGO 2 10 2005 Los domingos 63 Jaime Campmany, durante una entrevista en su casa, en mayo de 2004 política, ni engaña a los espectadores. Sólo engaña a los que prefieren dejarse engañar y meten la cabeza en la arena como los avestruces. Zapatero no puede mantener la mano para estrechar la mano del otro con un acuerdo necesario en las cuestiones de Estado por la sencilla razón de que no tiene las manos libres. Se encuentra con las dos manos hipotecadas por sus socios de gobierno, que son enemigos del Estado, enemigos declarados, como los comunistas, y convictos y confesos, como los republicanos de la Esquerra. Esta es la verdadera situación de la política española actual por mucho que se quiera disimular y esconder bajo perdones de frases fuertes, manos falsamente tendidas, buenas palabras y maneras de buena crianza que diría el Viejo Profesor. Zapatero está haciendo lo que puede hacer para mantener su mayoría y sólo gobierna hasta donde le dejan gobernar. Ni la rendición ante los nacionalismos ni la deserción de la lucha con ETA estaban incluidos en su programa electoral, elaborado por otra parte sin esperanzas de tener que cumplirlo. Malo, María, porque la pequeña camada de liliputienses que le apoya, sin acompañarle ni ayudarle, ya se permite el chantaje con la amenaza de dejarle caer desde la presidencia del Gobierno. Zapatero se encuentra en esta tesitura: o gobierna olvidándose de su socialismo de origen, o deja de gobernar. Vive políticamente en un tira y afloja, salvando lo que puede salvar y cediendo lo que no tiene más remedio que ceder. Lo que pide Rajoy es lo menos que se le puede exigir al Gobierno en estas circunstancias, a saber: mantener el Pacto Antiterrorista e instar la ilegalización del disfraz político de ETA. Son dos peticiones, no ya razonables y lógicas, sino insoslayables. Pero Zapatero no puede concederlas. Lo más probable, por no decir lo más seguro, es que se trate de dos condiciones sine qua non impuestas por los enanitos políticos que completan su mayoría para gobernar. De otra forma no se entiende nada de lo que sucede aquí en este momento, y uno es ya muy viejecito para no ver lo que lo que hay debajo de la ambición de poder, de unas ganas invencibles de gobernar. (14- 05- 2005) IGNACIO GIL Mi duda sobre Zapatero S confesaré, en secreto, porque tampoco se trata de molestar, una duda que me asalta sobre la personalidad de Zapatero. Observo sus actitudes y escucho sus palabras y no sé decir si me encuentro ante un tonto de remate o ante un malvado envuelto en cinismo. Luego, al cabo de un rato de rumiar la duda, caigo en la vieja doctrina del Buey Mudo, como le llamaban a Santo Tomás de Aquino sus compañeros, quien enseña que la tontería es O la maldad, y por lo tanto, dicho por lo directo y sin ringorrangos, los malos son los tontos, y ya me quedo tranquilo, resuelta aquella duda que me desasosegaba. Y comprendo que Zapatero, para destacar en lo de su tontería cuenta con la ayuda inestimable de Moratinos y para progresar en la maldad cínica tiene la colaboración preciosa de Rubalcaba. Alguna vez, antes de que sea definitivamente tarde, tendrán los socialistas que tomarse en serio lo de Zapatero. Parecía inofensivo, y los de su partido lo pusieron mirando a La Moncloa, sólo para que la mirara, igual que los musulmanes rezan mirando a La Meca, y a sabiendas de que no iba a entrar en ella. Creyeron que con Zapatero abrían un paréntesis, en espera de que llegaran tiempos mejores. De pronto, estallaron las mochilas del 11- M, Rubalcaba puso en funcionamiento las pancartas y los teléfonos móviles, surgieron de las urnas sapos y culebras, y porrompompero, en La Moncloa entra Zapatero. Y encima, aparece en escena un delirante furioso, llamado más o menos Carod- Rovira, que con una ley electoral disparatada y con un uno por ciento de los votos nacionales es capaz de darle la Generalitat a Pasqual Maragall y el Gobierno de España a Zapatero, que se inviste así presidente por accidente. Y empieza la triste historia, que se puede convertir en triste Historia, con mayúscula. En un ataque de delirio, Carod- Rovira, presidente en funciones de la Generalitat, se va a ver a los etarras para negociar con ellos que no maten en San Feliú de Guixols ni en la Barceloneta, pero que maten si quieren en Sos del Rey Católico, en Valencia del Cid o en la Sevilla de San Fernando. Eso sólo fue el principio. Los separatistas vascos y catalanes comienzan a repartirse la Nación española. Cataluña quiere ser una nación, y para eso plantean cambiar el Estatuto y la Constitución. Los socialistas catalanes aventuran la posibilidad de tener grupo parlamentario propio, que actúe y decida aparte del partido. Quieren selecciones deportivas catalanas que se enfrente a las españolas. Por Vasconia, Ibarreche avanza con su Plan, Parlamento totalmente soberano, autodeterminación, pacto con la Corona. Y esta es la hora en que Zapatero oye, soporta, aguanta, y admite los votos antiespañoles para seguir por paradoja presidiendo el Gobierno de España, o sea, el objeto gobernable destinado a desaparición. La situación, por más que queramos meter la cabeza bajo el ala, es más dramática de lo que parece. Y encima del desastre general de nuestra política internacional, ayudado esta vez por el asesor del tonto, regala la reserva de soberanía que nos quedaba sobre Gibraltar. S. O. S. Socialistas, rápido, atadle las manos al tonto. (19- 12- 2004) Título: Zapatiesta, Zapatero Autor: Jaime Campmany Editorial: LibrosLibres. Madrid Páginas: 316 Precio: 20 euros