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62 Los domingos DOMINGO 2 10 2005 ABC LIBROS PREPUBLICACION. Campmany preparaba, antes de morir, un libro, Zapatiesta, Zapatero (Ed. LibrosLibres) con los artículos que precedieron y siguieron al cambio de gobierno. Sale ahora, entre el prólogo emocionado de Alfonso Ussía y el epílogo afectuoso y zumbón de Emilio Campmany, que agradece a ZP haber alegrado los últimos días de su padre con infinitos motivos para la ironía El Zapaterito prodigioso Emilio Campmany El vocabulario ENGO para mí que José Luis Rodríguez Zapatero se ha visto en la necesidad, grata necesidad por otra parte, de improvisar un Gobierno a toda prisa, a toda leche, que diría el exquisito orador señor Labordeta. Y no le ha salido la improvisación demasiado bien. O sea, le ha salido mal. Vamos, que le ha salido fatal. Tiene el Gobierno poblado de ministros ignorantes y de ministras nescientes. Nada o casi nada de lo que se les ocurre se puede hacer y nada o casi nada de lo que se puede y debe hacer se les ocurre. Total, un desastre. También hay que contar para completar el panorama político con las bromas de los micrófonos abiertos en el Parlamento o en la radio. Desde el manda huevos de Federico Trillo, que se ha quedado ya como un clásico de los bromazos del micrófono, hasta el juicio final para periodistas de María Teresa Fernández de la Vega, contamos ya con un notable catálogo de anécdotas que es como un florilegio de escogido vocabulario. A veces, este vocabulario parlamentario florece sin necesidad de micrófono indiscreto, sino a viva voz y de escaño a escaño. Por ejemplo, el ya citado señor Labordeta dio hace pocos días una nueva muestra de exquisitez en el uso del lenguaje parlamentario y a cierto diputado de los bancos de la derecha le obsequió con el calificativo de gilipollas El señor Labordeta podría haber elegido alguna otra palabra menos elegante de las varias que han sido compuestas con el vocablo gil tan usado por los argentinos para sustituir el vocablo tonto El gil es un tonto especial, es un tonto intenso es un tonto con fachada de chaflán y balcones a la calle. De gil se derivan varias voces, como gilipuertas, giliflautas, gilito, gilimursi y gilipollas. Labordeta, naturalmente, eligió esta última voz quizá porque le pareció más finamente expresiva. No sé si correspondió el gilipollas, pero si lo hizo asistiría el Congreso a una Batalla de Flores. Pero el más sublime ejercicio de vocabulario lo ha dado doña Magdalena Álvarez, ministra de Fomento, quien en Onda Cero, y creyendo que el micrófono de la emisora estaba cerrado, manifestó que estaba harta del Plan Galicia de mierda La señora ministra es muy dueña de estar harta del Plan Galicia de mierda y quizá tengamos que reconocer a los gallegos y gallegas su derecho a estar hartos de la hartura del Plan Galicia de mierda de la señora ministra de mierda. Al fin y al cabo, doña Magdalena Álvarez utiliza un vocabulario que se halla al alcance de todas las fortunas. Momentos antes de hacer esas manifestaciones, la señora ministra de mierda había asegurado a una periodista de mierda que el Gobierno cumpliría el Plan Galicia de mierda al cien por cien. Y pregunto yo con toda ingenuidad: Si el Plan Galicia de mierda es verdaderamente de mierda, ¿por qué la ministra de mierda se dispone a cumplirlo al cien por cien? Y si es que el Plan Galicia de mierda resulta que no es realmente de mierda, ¿por qué dice la ministra de mierda que el Plan de Galicia es de mierda? Y sigo preguntando con toda ingenuidad: ¿No será que Rodríguez Zapatero ha hecho ministra de Fomento a Magdalena Álvarez para que fomente incansablemente un Plan de mierda? Todo es posible en este Gobierno. (2- 07- 2004) ción de la unidad, el destrozo del mapa. Los terroristas quieren una paz herida, constantemente herida, para demostrar que pueden matarla tan pronto como se lo propongan. Las ofertas de diálogo y negociación siempre les han proporcionado un resuello para rehacerse en situaciones de cercana derrota. Y si ahora tiran sin matar es porque creen que, al día de hoy, el terrorismo de matanza no es negocio resulta perjudicial para la causa Pues que Zapatero se calle, queno ofrezca los terroristas unas conversaciones que no desean y a las cuales responden con bombas y granadas, y que les mande a los guardias, tan armados como ellos, que descubra y persiga las extorsiones que los financian y que no siga pidiendo la voluntad de abandonar las armas Ya se las quitarán en la cárcel o las entregarán ellos cuando se convenzan de que sólo les sirven para matar sin provecho. Ahí tienen ustedes al presidente del Gobierno de una nación combatida por el terrorismo, abrumada por una gigante pirámide de mil muertos, con un empresariado esquilmado por el impuesto revolucionario y soportando un constante chantaje sobre las fuerzas políticas. Pues se dirige a la banda de los asesinos y les habla como un predicador dispuesto a perdonar sus graves pecados si prometen no pecar más. Cuando un oscuro y terrorífico atentado terrorista hizo posible la irresistible ascensión de Zapatero a la presidencia del Gobierno de España, la banda etarra atravesaba por el momento más difícil de toda su historia. No era un optimismo exagerado imaginar el final cercano de la banda y la derrota total y definitiva de sus dirigentes y de sus integrantes. Algo más de un año después, vemos al jefe del Gobierno desconcertar a las víctimas del terrorismo, dividir a sus asociaciones, estimular la politización de su dolor, ponerlas bajo la falsa protección de un Comisionado que tiene la misión de pastorearlas para que aplaudan la negociación mendicante del Gobierno en vez de escuchar su clamor y encauzar la justicia que exigen. Las matemáticas del terror son elocuentes, aunque afortunadamente y por ahora no tengamos que enterrar nuevos muertos: dieciséis atentados en lo que va de año, o sea, en menos de seis meses. Dieciséis veces que la banda etarra ha respondido a Zapatero que no deja las armas, sino que las usa, para que compruebe que puede emplearlas en cualquier momento. Que se calle ya Zapatero con esa monserga de una negociación que nadie quiere, ni víctimas ni verdugos. Cuando otros gobiernos, socialistas o no, han intentado las conversaciones de paz, los negociadores del Estado no han acudido a esa mesa habiendo enseñado sus cartas y habiendo rendido sus armas. Cállese, hombre, cállese. (12- 06- 2005) T antes de que sea definitivamente tarde, tendrán los socialistas que tomarse en serio lo de Zapatero. Parecía inofensivo, y los de su partido lo pusieron mirando a La Moncloa, sólo para que la mirara. Creyeron que abrían un paréntesis, en espera de tiempos mejores La mano tendida APATERO afirma que le tiende la mano a Rajoy, pero en realidad lo hace representando una escena de humor de vieja película muda. Se ofrece la mano al otro y cuando el otro se dispone a estrecharla, se quita de su alcance la mano propia y se lleva hasta la cabeza o hasta el hombro. O se dirige uno hacia alguien con la mano extendida, y cuando se llega a su altura, en vez de detenerse para estrechar la mano del que viene a tu encuentro, se pasa junto a él, se le deja atrás con su mano dispuesta al apretón y se aleja uno con la mano extendida hacia el vacío. Trucos para charlies chaplines de la política. El desencuentro total entre Zapatero y Rajoy es una circunstancia negativa en la política española, y la vieja broma de ofrecer la mano sin estrechar la del otro no mejora el escenario intrincado en que se desarrolla la Z Bombas contra las palabras L O mejor que puede hacer Zapatero es dejar de ofrecer la negociación a la banda etarra. Ya se ve muy claro que los terroristas responden con bombas a las ofertas de paz. No quieren paz en España mientras el Estado les niegue lo que no puede entregarles: la descuartiza-