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56 Los domingos DOMINGO 2 10 2005 ABC PUNTO DE VISTA Dr. Wolfowitz, supongo El retorno de Paul Wolfowitz, halcón de Irak, al Banco Mundial, para presidirlo, levantó suspicacias. Sin embargo su actividad parece muy bien encaminada en el apoyo a los países más desfavorecidos POR PAUL A. GIGOT uando Paul Wolfowitz regresó al Banco Mundial de un viaje a África en junio, realizó una presentación para su plantilla. Cometí el error de dar paso al primer interrogador, alguien que obviamente era incluso mayor que yo recuerda el presidente del Banco Mundial, de 61 años pero bien conservado, en una entrevista. Y me dijo: Llevo en esto desde 1972 y ya hemos escuchado todo esto antes Bienvenido al vertiginoso idealismo del mayor organismo de desarrollo del mundo. Cuando el presidente Bush nombró a Wolfowitz para que dirigiera el Banco Mundial la pasada primavera, los críticos liberales pronto lo atribuyeron a una política cínica que recompensaba a un arquitecto de la guerra de Irak y convertía al Banco en una herramienta de la política exterior de EE. UU. Wolfowitz nunca lo admitiría (y ni siquiera estaría de acuerdo con ello) pero creo que la verdad es más bien lo contrario. Él es el idealista. El Banco Mundial es una tierra para los condenados a cadena perpetua y expertos que lo han visto y oído todo. Su misión- -ya que ha sido lo bastante loco como para aceptarla- -es devolver al mayor banco de desarrollo del mundo la fe en que realmente puede ayudar a los pobres. Sin duda, sería una de las mayores ironías de la historia que un hombre tan vilipendiado por la izquierda política acabara ayudando a más gente que quienes se pasan la vida asistiendo a conferencias de la ONU. C Con Ngozi Okonjo- Iweala, ministra nigeriana de REUTERS Finanzas, en la sede del Banco Mundial Habla en voz baja- -un rasgo que puede desarmar a los detractores que nunca han hablado con él- pero también con intensidad. Creo que al menos en algunas zonas importantes de África hay algo nuevo. Espero sinceramente que así sea, porque no me parece saludable para el mundo que seiscientos millones de personas se estén hundiendo más en la miseria, cosa que hay que reconocer que está ocurriendo No, no es saludable en absoluto. Pero ¿por qué iba Paul Wolfowitz a pensar que puede hacer algo al respecto? ¿Y por qué dejar un empleo como el de subsecretario de Defensa- -posiblemente el subsecretario más famoso de la historia de Estados Unidos- -para dirigir una burocracia conocida por resistirse al cambio y por destrozar a sus anteriores presidentes? La respuesta incluye un deseo de finalizar su carrera como algo más que un leal número dos. Especialmente después de que Bush de- ¿Reacciona África? En cuanto al escéptico de su plantilla, Wolfowitz dice que le respondió: No creo. Dudo que haya oído a líderes africanos hablar sobre la necesidad esencial de combatir la corrupción. Dudo que haya visto a líderes africanos, como hizo recientemente el presidente de Nigeria, encarcelar al inspector general de Policía por corrupción. No creo que haya visto cosas como que el presidente de Suráfrica destituya al vicepresidente porque su asesor financiero ha aceptado un soborno que, por cierto, proviene de una empresa de un país desarrollado Todavía candidato a la presidencia del Banco, el pasado marzo, prometió luchar contra la pobreza. El escepticismo tal vez no fue justo clinara nombrarle consejero de Seguridad Nacional- -un error- el empleo del Banco era como mínimo una oportunidad para que Wolfowitz dirigiera su propio espectáculo. Un buen número de sus amigos también creían que era momento de que se apartara del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que no siempre estaba de acuerdo con su segundo respecto a la estrategia en Irak. (Wolfowitz no hace comentarios al respecto) Pero también cabe la posibilidad de que realmente se crea esas historias sobre ayudar a África, que está convirtiendo en su máxima prioridad en el Banco. Yo mismo sería más escéptico si no le hubiese visto en acción durante los últimos veinte años. Nos conocimos en Asia, cuando él era secretario adjunto de Estado y yo corresponsal de prensa en Hong Kong. Fue entonces cuando descubrí su fe en los usos estratégicos de la democracia, cuando ayudó a diseñar la política estadounidense que expulsó a los Marcos del poder en Filipinas sin apenas dispa-