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ABC DOMINGO 2 10 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR IGNACIO CAMACHO EL DESAGÜE La cuestión esencial no reside en discernir si Cataluña es o no una nación, sino en saber si España va a poder seguir siéndolo. En el momento en que se admita la premisa de que España es una nación de naciones, queda abolida la consideración liminal de todo Estado democrático, que es el de establecerse en una nación de ciudadanos E una manera cíclica, casi recurrente al cabo de determinados ciclos de tiempo, el río de la Historia de España se empantana en los meandros de la cuestión nacional. Siempre hay entre nosotros alguien- -un gobernante iluminado u oportunista, unos ciudadanos ansiosos de privilegios colectivos, una generación disconforme- -dispuesto a plantearse con carácter mesiánico y redentor el debate sobre quiénes somos y adónde vamos, por lo general con el desalentador resultado de una quiebra del ritmo de progreso o, en los peores casos, de un enfrentamiento civil. En el último siglo y medio, ese honor ha correspondido casi siempre a los nacionalistas, expertos buscadores de diferencias sobre las que oponer eficaces problemas desestabilizadores de cada intento de solución para nuestra precaria convivencia. Ahora, después de veinticinco años de estabilidad constitucional, caracterizados por un dinamismo social y una prosperidad económica inéditos en nuestro recorrido histórico, el nacionalismo catalán- -encabezado esta vez por un teórico socialista desquiciado- -ha decidido desenterrar los demonios del desencuentro y plantear de nuevo su exigencia de privilegiado particularismo. Lo más sorprendente de su pliego de condiciones EFE estatutarias para perdonarnos la vida al resto de Maragall y Mas entonan Els Segadors, junto a otros diputados, en el Parlamento catalán los españoles- -culpables, al parecer, de no entenHasta ahora han podido mantenerse en la comodidad conviviendocon mayor o menor fortuna desde los tiemder su profunda diferencialidad- -no es la catarata de de su libertad expresiva, pero llegará el momento en pos de los Reyes Católicos, tratando de establecer marfranquicias, regalías y concesiones que los reclamanque tendrán que retratarse respaldando con su voto cos de justicia e igualdad en el seno de un Estado zarantes exigen como derechos invocando extrañas naturauna cosa u otra. Lo previsible es que se conformen con deado por los desequilibrios históricos y políticos. Pelezas colectivas, sino el desparpajo con que se sienten algún retoque cosmético para salvaguardar su responro nunca, salvo en los peores momentos de delirio y respaldados por su unilateral consideración de ser dissabilidad política, pero la responsabilidad moral va a sinrazón, ha dudado nadie de que un español de Badatintos. Y el insolente descaro con que se muestran disser juzgada por millones de ciudadanos que se pronunjoz o de Almería tenga derechos diferentes a los de uno puestos a arreglarnos a los demás el problema de un cian inequívocamente en las encuestas: sólo España es de Hospitalet o de Amorebieta. modelo de Estado que viene funcionando a nuestra enuna nación. Aunque sea una nación afligida. Este principio de igualdad es el que quiebra de un tera satisfacción y sin mayores desajustes que los que plumazo el concepto de nación de naciones recogido ellos y otros colegas se empeñan en plantear con molespor el Estatuto catalán, y que de ser aceptado se traslaY esa nación se encuentra en un momento extremadata insistencia. dará inexorablemente al País Vasco y quizá a Galicia, mente débil. El gravísimo episodio de Ceuta y Melilla levantando la viga constituyente de un Estado confedePara ello han encontrado el amparo de una oportunidad lo ha puesto de manifiesto esta semana con toda cruderal- -no federal, como sostiene la trampa semántica za. Al mismo tiempo que el Parlamento catalán ponía coyuntural favorable. La incompetencia del Gobierno del Estatuto- -y asimétrico. Es decir, una España de en entredicho la cohesión del Estado, la marcha neactual y su manifiesto empeño en provocar artificialdos velocidades en la que los ciudadanos de la nación gra consentida por Mohamed VI sobre las vallas de mente una ruptura del statu quo establecido en la Consespañola viajarán en un vagón de menor rango- -y melas ciudades africanas ha mostrado la imagen palmatitución han abierto una grieta considerable en la fanos derechos- -que los de las nuevas naciones conferia de una nación incapaz de defender adecuadamente chada hasta ahora razonablemente sólida de la cohederadas. Justo el modelo que consiguió quebrar, grasus fronteras. Sólo desde la ingenuidad podría aceptarsión del Estado, dejando al descubierto algunas de las cias a la rebelión andaluza del 28 de febrero de 1980, el se la coincidencia casual de ambas crisis, que en cualestructuras maestras del edificio nacional. El horizonllamado estado de las autonomías. Las razones por las quier casoarrojan una visión francamente desesperante del conflicto vasco, los incidentes de fragilidad fronque un socialista llamado Maragall quiere volcar ese zada: la de un Estado sometido a la presión chantajista teriza en Ceuta y Melilla- -surgidos de la lenidad aperorden responden a la lógica del nacionalismo. Pero las de fuerzas externas e internas que ejercen la presión turista de la ley de Extranjería- -y el órdago catalán que pueda tener para respaldarlo otro socialista llamasobre su integridad territorialde una manera combinahan cambiado la óptica del debate. Desde ahora, la cuesdo Rodríguez Zapatero sólo cabe entenderlas desde la da. Con la complicidad pasiva de una ciudadanía desartión esencial no reside en discernir si Cataluña es o no lógica descarnada de una agenda rupturista planeada mada por una moral elástica de relativismo conforuna nación, sino en saber si España va a poder seguir para cifrar una alianza de poder: una coalición de hetable. Mientras las hipotecas bajan y el consumo siéndolo. cho capaz de marginar al Partido Popular como solitasube, mientras la gente sigue el desenlace de OperaEn el momento en que se admita la premisa, solemrio proyecto de la España unitaria. ción Triunfo y acude en masa a ver las casposas andannemente declarada en el preámbulo del Estatuto, de zas de Torrente, la vieja nación se nos escapa por el que España es una nación de naciones, no solamente se Ocurre, sin embargo, que muchos socialistas compardesagüe del lavabo. Nada nuevo bajo el sol: ya Unamureforma de hecho la Constitución a través de una norten aún el concepto de la España de los ciudadanos, bano advirtió que, cuando el desastre de Cuba, las masas made inferior rango, sino que quedaabolida la considese igualitaria del progreso y la solidaridad. El debate celebraban por la calle de Alcalá una estocada del Paración liminal de todo Estado democrático, que es el de del Estatuto catalán les va a colocar en una tesitura vito Pero este nuevo desafío no tiene siquiera un gruestablecerse en una nación de ciudadanos. En una deesencial: la de responder al mandato soberano de sus po de intelectuales dispuestos a denunciarlo desde el mocracia moderna sólocuentan los derechos de los ciuelectores y al imperio moral de su conciencia o la de dolor de la conciencia. dadanos, que son los que fundan la soberanía nacional. director abc. es obedecer a la consigna sectaria y partidista del poder. España es una nación de ciudadanos que han venido D