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100 Los sábados de ABC SÁBADO 1 10 2005 ABC VIAJEROS URBANOS POR ROSA BELMONTE LAS FRAMBUESAS NO SON UNA SUSTANCIA CONTROLADA Nuestra espía en el hotel del diseño, el Puerta América, en Madrid, descubre que hacen falta dosis de Superagente 86 para pasar la noche T rece plantas tiene el edificio. Aunque a la última se le llame ático lo cierto es que en los ascensores hay un número 13 muy clarito. Lagarto, lagarto. El Hotel Puerta América, a pocos metros de las Torres Blancas de Sáenz de Oiza es, como se dijo cuando se presentó, un crisol de la arquitectura más nueva. También un empacho de diseño. Cada planta, hasta el garaje, está concebida por un creador diferente pero Jean Nouvel (sí, él otra vez) es el arquitecto con más presencia. Suyas son la colorista fachada, el piso 12 de las suites (con las preciosas paredes correderas con fotos de geishas de Araki) y el ático. Éste es un lugar de inmensas posibilidades veraniegas con un gimnasio de la Señorita Pepis y una piscina que más que piscina es pileta o estanque. Con decir que hay monedas en el fondo... A nadie se le ocurriría echar monedas en una piscina que pareciera una piscina. En realidad, a nadie normal se le ocurre echar monedas en ningún sitio con agua, pero esa es otra historia. Como tantos establecimientos de diseño (el Mercer neoyorquino, por ejemplo, donde Russell Crowe dio su telefonazo) el Hotel Puerta América tiene una entrada de incógnito. Eso sí, el edificio salta a la vista. Cuanto más moderno es un hotel más discreta es su entrada. A veces es como adentrarse en el cuartel general de la T. I. A. Aparezco en lo que intuyo la entrada, aunque el taxista no está muy convencido. No se preocupe, seguro que en cuanto me ponga delante de esa puerta se va a abrir so- la le digo acordándome del Superagente 86. Y efectivamente es así. Me he pedido una habitación en la planta 8 la de la escocesa Kathryn Findlay. Hoteles de diseño hay muchos, incluso en España. Ya no hay que ir fuera para asombrarse con los de Ian Schrager (con Philippe Stark) o Anouska Hempel, así que decidida a dormir en un sitio diferente elijo el más diferente de todos, el que más se asemeja a las estancias de la Base Lunar Alfa o a las de la estación espacial Babylon 5. Me siento como la Mayor Ivanova. Ron Arad, arquitecto israelí autor de la planta 7 no quiere que los clientes se sientan como en su casa porque para eso que se queden en su casa. Bien dicho. Con ese espíritu me pido mi Findlay. Me avisan de que hay problemas en el suelo del espectacular vestíbulo que tienen que reparar en unos días. El problema es que todo es tan blanco que está lleno de refregones que no saltan. Acepto los suelos poco presentables, el único defecto del que me habían advertido. Trece plantas (lagarto, lagarto) abarrotadas de diseño y de tecnología no siempre cómoda JAIME GARCÍA La Primera en el 4, y el mando sin aparecer... Palurda pone en marcha el plan B. O sea, el manual, el digital. Paso los dedos por la cara interior del aparato, como si fuera Tony Soprano buscando micrófonos del FBI, y encuentro unos botoncillos. Pero tengo que pedir el mando para cambiar desde la cama. Busco el teléfono. Tampoco encuentro el teléfono. Por la misma razón: no hay. Voy a asegurarme de que hay wáter por lo menos. Lo que no veo es el bidé, aunque sí está el hueco, el toallero, las tuberías y el desagüe (con una bola de papel higiénico taponando el agujero) No sé, a lo mejor se lo ha llevado algún cliente anterior junto con las zapatillas La planta de Nouvel aún no estaba disponible jor poner así los canales también es de diseño o una especie de sudoku catódico. ¿Dónde está el mando? El enorme televisor plano de mi camarote interestelar con vistas a los tejados de Madrid y a las Torres Kio sale del techo al pulsar un botón. No veo el mando a distancia por ningún lado y no me interesa esa cadena alemana. Antes de hacer el ridículo en público, pidiendo algo que a lo mejor no es necesario, decido hacer el ridículo en privado. Una, que ha visto muchas series de ciencia- ficción. Digo Telecinco subiendo un poco la voz pero el canal no se cambia. Miss (yo el bidé no me lo he llevado, sólo la bolsa para la ropa sucia) Lo que sí tengo son dos pelos rizados (ajenos) en la bañera que hay en medio de la habitación. Preferiría un mando. Tras dos intentos consigo que me lo traigan. Apunto a la tele pero es como si apuntara con un zapato y pulsara la hebilla. Nada. Me traen otro y entonces compruebo que quien ha sintonizado los canales, o estaba fumado o tiene un código secreto para dominar el mundo. La Primera, en el 4; La 2, en el 5; Antena 3, en el 12; Telemadrid, en el 13, y Telecinco, en el 15. Me lo tuve que anotar, claro, cualquiera se acuerda. No sé, a lo me- Cuando esté terminado... Durante mi estancia, la planta de Jean Nouvel no estaba todavía disponible. Las otras tampoco es que estén dispuestas del todo, pero eso no impide el alojamiento. Cuando esté terminado, el Puerta América podría ser un gran hotel. A su favor hay que decir que en el desayuno no escatiman con las frutas rojas. Las frambuesas, como diría Fran Lebowitz, no son una sustancia controlada pese a lo que crean en todos los hoteles de España.