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ABC SÁBADO 1 10 2005 Cultura 63 ÓPERA Don Giovanni Mozart: Don Giovanni Int. C. Álvarez, A. Reiter, M. Bayo, J. Bros, S. Ganassi, L. Regazzo, J. A. López, M. J. Moreno, Coro y Orq. Titular del Teatro Real. Esc. E. Frigerio. Fig. F. Squarciapino. Ilum. W. von Zoubek. Dir. esc. L. Pasqual. Dir. musical: V. Pablo Pérez. Lugar: Teatro Real. Fecha: 30- IX. Nueva producción del Teatro Real. LAS COSAS Y SUS LÁGRIMAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE omenzó oficialmente la temporada lírica del Real. La de ayer fue noche de estreno con mayúscula. Entre el equipo artístico algunos nombres que eran novedad en el teatro (Víctor Pablo Pérez, Lluis Pasqual) junto a ellos un plantel de cantantes españoles dispuestos a demostrar lo mucho que de bueno circula por el mundo (Carlos Álvarez, María Bayo, José Bros, José Antonio López, María José Moreno) sobre el escenario una producción nueva y de la casa... Y en cartel Don Giovanni de Mozart. El mismo título que ya en su funesto estreno madrileño, hará un siglo y medio, se reconoció como perseguido por un hado adverso ¿Miedo? No. Ni al hado ni al Comendador, que para eso está al frente del reparto Carlos Álvarez, poniéndole espíritu de vividor a Don Giovanni, voz bien timbrada y una singular ductilidad en la expresión que va más allá de su habitual forma de decir. Canta con buen legato y virtuosismo su Fin ch han dal vino pone demasiados colores a la serenata y se muestra prudente y en exceso atento a la cuadratura ante la encantadora Là ci darem la mano La suya es una actuación teatralmente de porte y presencia, que convence por su redondez general y que, al final, acaba por dejar alicorto a su oponente, Alfred Reiter, un Comendador de escaso empaque, limitada corpulencia vocal y demasiada tensión en el agudo. Hay que fijarse en María Bayo porque tiene a su cargo el complejo papel de Donna Anna. Pasa el tiempo y Bayo ensancha la voz para perder puntería en el agudo. Se mostró más talentosa ante la dulzura de Non mi dir que frente a la violencia de Or sai chi l onore pues su interpretación general es reflexiva, con cuerpo y un buen lirismo de fondo. Sonia Ganassi canta con inteligencia frenando la dramática personalidad de Donna Elvira para adaptarla a su personalidad. Se le escucharon algunas interesantes medias voces en Mi tradi y la emisión muy cubierta ante las dificultades de Ah fuggi il traditor Muy desenvuelto el Leporello de Lorenzo Regazzo aunque hueco en el grave. Y aún José Bros quien no encontró la calma suficiente para redondear Dalla sua pace de acuerdo con la categoría de su hermosa materia vocal. Estuvo heroico en Il mio tesoro pese a sufrir la coyuntura de algún agudo estrangulado. Graciosa e inocente la Zerlina de María José Moreno; correcto, C María Bayo y Carlos Álvarez, en un momento del montaje de Don Giovanni realizado por Lluís Pasqual serio y noble el Masetto de José Antonio López. En definitiva un reparto de notables pero que dejó la sensación de quedarse a medio gas. Seguramente por las mismas razones por las que el maestro Víctor Pablo Pérez no acabó de crecerse ante una obra que tiene en dedos y que se le ha oído con más vitalidad. Es verdad que no consigue de la orquesta del Real un sonido distinguido pero, por el contrario, su trabajo va a más, encontrando poco a poco interesantes detalles de color hasta desembocar en un final con empaque. Tiene algún problema de ajuste con el escenario, especialmente al final del primer acto, y deja también sentir que hay una intención no realizada. De seguro porque ve ante sí una escena que apoca cualquier propósito. Y es que Lluís Pasqual se ha dejado tentar por el ya veterano pensamiento del oscurantismo, al que además dota de una movilidad escénica algo entumecida pese al acierto en escenas como la del entierro del Comendador. EFE Tristeza de espíritu En general hay una tristeza de espíritu, que aun siendo pretendida por tratar de evocar el lado más gris de la España de aquellos años 40 del siglo pasado, acumula monotonía y feísmo, y olvida los muchos y sugerentes matices bufos que proporciona tan proteica obra. Se ve grisura en la cutrez y estrechura de un callejón que apenas deja sitio para la paradójica entrada de relucientes automóviles de época; plomiza alegría en la feria de coches de choque El protagonista realiza una actuación teatralmente de porte y presencia que convence por su redondez general que aún servirá de largo cursi y tenebroso para una góndola desde donde Don Giovanni tratará de desplegar sus encantos mientras una lúgubre luz (tan poco fina ahí como en el resto de la obra) le llena la cara de sospechosas sombras; marmórea y fascistoide arquitectura para el cementerio y mansión de Don Giovanni, quien, además, es capaz de regalar dinero para luego explicarse algo rácano al ofrecer tan paupérima cena al Comendador. Luego, en un pícaro gesto de funambulismo, Pasqual explicará en el sexteto final el por qué de todo su planteamiento. No es cosa de revelar la treta. Sí de poner de manifiesto que, al margen de su gracia, a ella se llega agotado de tanta lobreguez. ¿Será porque entre la bruma del cementerio palpita todavía el eco de aquellos que escribieron sobre el hado adverso de Don Giovanni en el Real? Algún día habrá que acallarlo definitivamente. MÚSICA POPULAR Misafir Lugar: Teatro Español. Fecha: 28- 09- 2005 ESPECTÁCULO CONFUSO LUIS MARTÍN a música de la India suena con proximidad para los oídos occidentales desde que, en 1967, Ravi Shankar compartió escenario en Monterrey con glorias del rock como Eric Burdon, Jefferson Airplane o Canned Heat. Desde entonces, las estrategias discográficas de la world music han conseguido que estas formas populares ganen más aficionados cada día. Conviene aclarar, en L cambio, que Musafir sólo es una más de las muchas formaciones nómadas que, con el genérico Gitanos de Rajastán, pueden encontrarse en el desierto del Thar, ubicado en el noroeste de la India. La composición del grupo, es, en realidad, una variante de la que ya ha podido disfrutarse en nuestro país en otras ocasiones con nombres como el de Maharaja Gente divertida que gusta de explicar entre tema y tema el asunto que se trae entre manos. O sea, la versión enésima del exotismo oriental en escenas occidentales, y una buena porción de circo con bailarina y fakir incluidos. Y como el último dobla en malabares, por el mismo precio de la entrada el público ve aumentado el espectáculo. No es buena cosa para la música. De ésta decir que, además de en el canto, sus integrantes alternan, instrumentalmente, en harmonium, tablas, flautas y castañuelas. Y es curioso, que, en forma de dúo y trío, estos intérpretes sigan los modelos de la armonización convencional del karnatak (la música del sur de la India) mientras que, en orden de quinteto o sexteto, los diálogos enfrentados de los cantantes se asemejen al canto tradicional qwali de Pakistán. Bajo estas premisas que justifican el carácter nómada de los intérpretes, el resultado tiene el mismo atractivo para nuestra lega comunidad occidental que el de cualquiera de esos espectáculos de animación cultural que ofertan los hoteles de nuestras costas. Un recital de estas gentes es un acontecimiento pintoresco, máxime si se produce en uno de los templos madrileños de la burguesía. Sin embargo, cabía esperar algo más. El concierto no dio ninguna idea fuerza que libere de la rutina de las programaciones musicales.