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ABC SÁBADO 1 10 2005 Cultura 59 El Chelsea Art Museum revisa cuatro décadas de trabajo de Cristóbal Gabarrón Una retrospectiva reúne 186 obras que giran en torno a la imagen del cuerpo b Si hay un tema recurrente en el CRÍTICA DE CINE Torrente 3: El protector Dirección: Santiago Segura. Intérpretes: Santiago Segura, Yvonne Scio, Carlos Latre, Fabio Testi, Enrique Villén trabajo de este pintor humanista es el cuerpo humano, en todos sus estados emocionales, que se erige en poderoso y enigmático símbolo NATIVIDAD PULIDO ENVIADA ESPECIAL NUEVA YORK. Como maestro del color, imaginador de figuras y hacedor de arte humano y poderoso califica a Cristóbal Gabarrón el crítico de arte norteamericano Donald Kuspit, comisario de la completa retrospectiva que le dedica el Chelsea Art Museum de Nueva York hasta el 14 de enero del próximo año. Después viajará al IVAM (27 de marzo- 28 de mayo) Ambas instituciones han producido la muestra, con la coordinación de las dos fundaciones que tiene el artista en España (la Casa Pintada de Mula, en Murcia, y la Fundación Cristóbal Gabarrón de Valladolid) Son 186 obras (entre pinturas, esculturas y algunas piezas sobre papel) procedentes de museos, colecciones privadas y fondos familiares y del propio artista, las que se han reunido en The Body Image in Cristobal Gabarron s Art (la imagen del cuerpo en la obra de Cristóbal Gabarrón) que se inauguró el jueves, con la presencia de artistas como Christo y Jean- Claude, José Manuel Ciria o Xavier Mascaró; críticos y directores de las prestigiosas revistas especializadas neoyorquinas y una nutrida representación de Murcia, encabezada por el presidente de la Comunidad, Ramón Luis Valcárcel, quien definió a Gabarrón como un hombre de paz, orgullo de todos los murcianos y excelente embajador desde nuestra tierra Puede admirarse una completa selección de obras, entre las que se hallan Crucifixión XII Tres cabezas y un corazón roto en azul Magicus obwer 10 Erotic 25 Piranix 13 o varias piezas de la serie Versus en el Museo de Chelsea, uno de los más activos centros de arte contemporáneo de la Gran Manzana- -la inauguración de la muestra estuvo repleta de gente joven- -donde ya han expuesto otros artistas españoles, como Manolo Millares y Gerardo Rueda. Situado en el Midtown de Manhattan, en pleno corazón de esta ciudad que nunca duerme, el barrio de Chelsea es famoso por su arquitectura, y lugar escogido para vivir y trabajar por músicos y artistas. DE TORRENTE A CHORRILLO E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Tempestad y empuje El comisario de la retrospectiva no ha querido instalar las piezas siguiendo un criterio meramente cronológico, sino técnico, subrayando en todo momento la imaginación, capacidad de integrar estilos y versatilidad de la producción de este artista, cuya figura, apunta el comisario, es puro Sturm und Drang (tempestad y empuje) una obra maestra de expresión apasionada Cristóbal Gabarrón, murciano de origen y de corazón (nació en Mula en 1945) vive y trabaja desde los años ochenta a caballo entre España y Estados Unidos, un país al que llegó en busca de libertad. Aunque confiesa que no se siente maltratado en España, ni víctima de nada, reconoce que su mercado está en EE. UU. Ver reunida obra de 40 años le hace pensar que he trabajado mucho y he sido muy honesto, siempre fuera de las modas. A mi juicio las piezas han resistido el paso del tiempo Versus 6 de Cristóbal Gabarrón Para mí el único sentido trascendental que tiene la vida es el Hombre, las preguntas y las respuestas están en él mismo y probablemente en el lenguaje del cuerpo como vía psicológica de lo más profundo de su mente confiesa Gabarrón a Barbara Rose en una entrevista que se incluye en el catálogo de la muestra. Su obsesión por el cuerpo humano, que metamorfosea a su antojo, le ha perseguido a lo largo de las cuatro décadas que comprende esta exposición: arranca en 1936 y se cierra con piezas realizadas este mismo año. Cristóbal Gabarrón, junto a una de sus obras en el Chelsea Art Museum ABC antiago Segura ha sabido imprimirle a cada una de las películas de Torrente un ritmo y una dirección: siempre al mismo paso y hacia abajo. La segunda parte se mantuvo a una distancia prudencial de los logros de la primera, y esta tercera parte hace buena a la segunda. Torrente es el mismo siempre, pero, como casi todo el mundo, va a menos: menos sorprendente, menos gracioso, menos incorrecto y hasta menos gordo... Y la culpa de que en vez de subir peldaños, los baje, es exclusivamente suya: Torrente es un tipo conformista, sabe que hay una cantidad enorme de público que se reirá con los mismos chistes y ocurrencias otra vez, el de las pajillas el de los moros y los negros los yonquis los del atleti el Fari... y la sarta completa de las habituales groserías y procacidades alrededor del sexo y la escatología más soez que se le ocurren... Supongo que para renovar la frescura y la gracia en cada película hace falta un talento especial o un esfuerzo mucho mayor, y tal vez ni Torrente ni el que le mueve los hilos, Santiago Segura, estén en esa disposición y en ese rollo. Saben que no van a pasar a la historia del séptimo arte, pero que van a romper la taquilla y, además, que la gente se reirá con lo que les dan... ¿se puede pedir más? Tal vez sí se le podría pedir otra vuelta al guión, o que acabe alguna secuencia (está tan deshilachada la narración que parece un revoltillo de sketch que dirija a los actores, o al menos que les dé a todos un tono al que agarrarse, que no sucumba a la tentación de soltar siempre la primera ocurrencia, porque de ese modo se cambia la autopista del humor por un senderillo empedrado de chistes más o menos conocidos. Lo mejor de este Torrente 3 es, sin duda, el arranque, los títulos de crédito, donde parodia esos comienzos truculentos a los James Bond. Luego, consigue cierta gracia en algún que otro guiño a otras películas como El guardaespaldas o Rocky (bueno, eso es bastante malo, la verdad) y en alguno de esos prontos guarros que prenden una risa algo vergonzante y que hay que disimular. En fin, la película batirá marcas en taquilla y pasara como uno de esos huracanes tropicales. Y habrá una cuarta, y probablemente (ojalá no fuera así) será peor que esta tercera. S