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26 Internacional SÁBADO 1 10 2005 ABC La periodista Miller rompe su silencio en el caso de la espía delatada en EE. UU. La fuente confidencial era el jefe de gabinete del vicepresidente Cheney b La redactora de The New York El Dick Cheney de Dick Cheney P. R. WASHINGTON. Lewis Libby, el jefe de gabinete del vicepresidente de Estados Unidos, está considerado en Washington como el Dick Cheney de Dick Cheney. Es decir, una persona de máxima influencia en una de las personas más influyentes de la Administración Bush. Además de tener fama de ajustador de cuentas. Su implicación junto a Karl Rove en el caso de la espía delatada forma parte de las incertidumbres políticas que empiezan a acumularse sobre la Casa Blanca, incluido el desprestigio de Katrina y los múltiples casos de corrupción desvelados en las últimas semanas. A la vista del rumbo que han tomado los acontecimientos, la oficina del vicepresidente Cheney tuvo que reiterar ayer que está cooperando totalmente con las pesquisas del fiscal especial que deberían concluir para finales de octubre. Times habló tras pasar 85 días en la cárcel y después de que su fuente de información la excusara del secreto por escrito y por teléfono PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. La saga de Valerie Plame, la espía de la CIA delatada como parte de una esunta vendetta política de la Casa Blanca, cuenta desde ayer con el testimonio de Judith Miller. La periodista del New York Times se había negado en julio a declarar sobre sus fuentes confidenciales, pagando por su desacato con 85 días entre rejas. Pero este sonoro silencio se terminó cuando la fuente en cuestión- -Lewis Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Cheney- -ha insistido a la redactora, tanto por escrito como por teléfono, que no tenía obligación alguna de proteger su identidad. Tras recibir garantías adicionales de que no sería interrogada sobre otras fuentes, Judith Miller se sentó ayer ante el jurado de acusación que utiliza el fiscal especial Patrick J. Fitzgerald para determinar si ha existido un delito en el caso de la delatada agente Valerie Plame, cuya identidad fue divulgada en círculos periodísticos inmediatamente después de que su esposo, el embajador Joseph Wilson, cuestionará desde las páginas del New York Times los argumentos de armas de destrucción masiva utilizados por la Administración Bush para invadir Irak, especialmente lo referente a los poco claros intentos del régimen de Sadam Husein para adquirir uranio en Níger. Judith Miller sonríe tras declarar ayer ante el gran jurado en Washington Miller, cuyo nombre dejó de aparecer temporalmente en el diario. AP Cadena de ironías De acuerdo a la versión avanzada ayer por el New York Times, Judith Miller mantuvo una entrevista con Libby el 8 de julio de 2003 y habló después con él por teléfono durante la misma semana en que la agente de la CIA fue delatada en una columna publicada el 14 de julio de 2003 por el tertuliano conservador Robert Novak. Irónicamente, se supone que este periodista habría evitado toda clase de problemas legales al haber cooperado satisfactoriamente con el fiscal Fitzgerald. En contraste, aunque Miller investigó el asunto de Valerie Plame nunca llegó a publicar nada al respecto. Arthur Sulzberger Jr. editor del New York Times, ha indicado que conforme avanzamos por esta dura prueba, continuamos apoyando a Judy Miller en la decisión que ha tomado Bill Keller, director del diario, ha insistido en que la persistencia de Miller le ha ganado admiración en todo el mundo, allí donde la gente valora una Prensa libre y agresiva Un martirio voluntario En un dilema similar, Matthew Cooper, el otro periodista presionado para rendir testimonio en estas pesquisas, prestó declaración en julio tras ser excusado por su propia fuente confidencial, Karl Rove, el legendario gurú electoral del presidente Bush y subjefe de gabinete de la Casa Blanca. En el caso de Judith Miller, la periodista contaba con una eximente similar pero en cambio optó por ir a la cárcel. Un martirio voluntario que se relaciona con los graves problemas de credibilidad de la periodista, autora de una serie de informaciones en el New York Times sobre la existencia de armas no convencionales en Irak. Por todas las sospechosas exclusivas de Judith Miller, entre otros, el New York Times se vio obligado a publicar en mayo de 2004 un excepcional mea culpa Esa nota editorial sin precedentes rechazó establecer responsabilidades individuales en la redacción, pero admitió graves problemas en al menos una docena de historias sobre armas de destrucción masiva, diez de las cuales fueron firmadas por AFP La fiesta regresa tímidamente a Nueva Orleáns Los empresarios de algunos barrios de Nueva Orleáns, principalmente los del centro, comenzaron a abrir sus negocios ayer, justo un mes después de la trágica llegada del huracán Katrina a la ciudad. La Policía local informó de que el tráfico de entrada en la ciudad fue denso desde primera hora de la mañana, lo que muestra la impaciencia de los habitantes que han decidido volver y que ayer podrían hacerlo. Los que tienen vía libre son los empresarios de los distritos Garden y Central, y del histórico Barrio Francés. En la imagen, un sargento de la Guardia Nacional baila con una camarera en un karaoke de la Bourbon Street.